La revolución de las pibas: emociones de verde indeleble

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Al 8 de agosto, día histórico en el que proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) llegó a tratarse en el Senado por primera vez, millones de personas se acercaron desde distintos lugares a la plaza de los dos Congresos. A más de una semana del miércoles lluvioso, las emociones se describen en gerundio, estoy “sintiendo”, “procesando”, “analizando”. Distintas mujeres que estuvieron ese día, comparten sus sensaciones y afirman que el aborto en las calles ya es ley.

por Malen Varela

Foto: Malen Varela

La odisea de llegar a Buenos Aires, comprar los pasajes con antelación, distancias largas, organizar el trabajo, coordinar con las compañeras. En auto, avión, tráfic, subte, bondi o subidas a la ola verde, las pibas llegaron al Congreso. “Mi viaje a Buenos Aires emprendió desde Córdoba el martes a la noche”, contó Jeni. “Fuimos tres amigas desde Cipolletti y nos encontramos con otra allá que estudia en La Plata”, relató Karen. “Viajé con una amiga y dos amigas de ella, solo las conocía de nombre”, comentó Eva que partió desde Fiske Menuco (Roca). “Nos fuimos en avión el día anterior y llegamos bien temprano a la mañana antes de que comenzara la sesión”, expuso Nadia que también viajó acompañada. Pame es docente de nivel primario en Río Negro y fue con otra amiga y compañera, “fui a trabajar hasta las 10 de la mañana y nos fuimos y llegamos justito al avión”, recordó.

“Una sabe que hay futuro”, aseguró la China que viajó desde Córdoba capital junto a otras mujeres. Ella se refiere a esas “nuevas generaciones que están ahí agitando y que le están poniendo el cuerpo”. Las adolescentes que llegaron desde distintas partes y que no se movieron de la calle durante el debate en el Senado a pesar de la lluvia que sólo mermó pasadas las tres de la mañana del jueves. “Ya se sentía el frío húmedo y la lluvia que no paraba pero las calles seguían llenas, seguíamos cantando por aborto legal en el hospital, seguíamos escuchando en cada calle el reclamo de un derecho a elegir sobre nuestro propio cuerpo”, aseveró Juli, que llegó desde Neuquén capital.

“Seño, nosotras también tenemos que viajar con vos”, le dijeron las estudiantes a Pame, quien viajó rodeada de gestos de amorosidad. “Mis compañeras se organizaron para dividirse a les chiques los distintos días”, contó Pame, a quien esperaron en la escuela para que cuente todo los vivido en Buenos Aires. “Mis ex estudiantes, me mandaban carteles y audios que decían ‘gracias por lo que nos enseñaste’ recordó emocionada la docente y afirmó que esta “es la nueva juventud que va a arrasar con todo”.

La marea verde hermanada y en manada

“Fue hermoso poder compartir una jornada de lucha con tantas compañeras que considero hermanas y con un montón de compañeras que capaz no conozco pero nos hermana la lucha”, expresó la China. Para Jeni, su coterranea, “fue movilizante vernos, sentir tanta lucha, sentir tanta entrega, sentir y ver tanta esperanza y tanta ilusión”.

Según Eva, esos abrazos y complicidades son propios del feminismo: “Eso es lo que genera este feminismo, genera compañerismo, hermandades”, explicó.  “Esto nos permite socorrernos entre nosotras y eso se ve y se palpó en esta vigilia, yo lo viví ahí en el Congreso, en los Encuentros Nacionales de Mujeres también se vive, es un momento que no se puede describir en palabras”, evidenció.  

En cuanto a Karen, la anécdota que más tiene presente es en el aeropuerto: “Nos encontramos con una tucumana, que tenía que volver y tenía su pañuelo en la mano, así que nos abrazamos y nos dijimos ‘se va a caer’”, manifestó.

Algunas de estas mujeres cuentan que una señora las paró en el medio de la calle y les dijo:“¿Saben lo que aprendí con esto? Yo sabía del tema de la pastilla, pero mira qué ignorante, pensé que era como la del día después, no que se colocaba”. “Ahora aprendí que podés ser voluntaria, de hecho, fui a anotarme, para acompañar dentro de ese proceso, aunque sea así, agarradas de la mano”, aclaró. “Entonces, todo fue un aprendizaje, y las viejas aprendimos mucho también, así que: gracias”, finalizó esta mujer que dijo que a sus 61 años se definió como abortera y feminista, algo que no pudo hacer durante la última dictadura cívico-militar.

A pesar del resultado de la votación en Congreso, el 8 de agosto “nos dejó algo que no olvidaremos, es que fue un día histórico y todas las fechas en las que estamos todas juntas, hermanadas, nos dejan esa felicidad, ese acompañamiento mutuo que tenemos estando lejos, estando cerca”, concluyó Pame, eco de otras tantas más.

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