Las acreditaciones a contramano: las tomas de 2004 y 2006 para mirar la Universidad hoy

Educación, SECCIONES
Toma de la Universidad Nacional del Comahue en 2006

En torno a la decisión del Consejo Superior de la Universidad Nacional del Comahue (UNCO) de suspender el freno a la acreditación de carreras que se había acordado en 2004, la socióloga Ayelén Penchulef invita a recuperar críticamente la historia de las tomas del 2004 y 2006. Es su aporte para que la disputa de hoy no empiece desde cero, separada de las anteriores.

Por Ayelén Penchulef

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores
no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires.
Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde,
las lecciones se olvidan. La historia parece, así, como propiedad privada
cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.
Rodolfo Walsh

El pasado 12 de abril el Consejo Superior de la UNCO definió la suspensión por el lapso de un año del artículo 3 de la ordenanza 738/04 que frenaba los procesos de acreditación y evaluaciones institucionales ejecutados por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), enmarcada en la Ley de Educación Superior (LES).

La ordenanza de 2004 fue fruto de un arduo proceso de militancia estudiantil entre 1995 y 2003, que se caracterizó por las medidas de acción directa, la toma de decisiones por medio de la asamblea y la articulación entre trabajadores y trabajadoras desocupadas, gremios y sindicatos, movimientos de derechos humanos y estudiantiles.

Numerosas contiendas con avances y retrocesos han atravesado tanto la sanción de la Ley de Educación Superior, en el año 1995, como sus intentos de aplicarla.

En el Comahue, existieron, entre otros de menor impacto político, dos conflictos que dan cuenta de estos avances y retrocesos en la implementación de la LES. Es preciso ponderarlos como parte de una trayectoria de lucha que, parafraseando a Walsh, conforma la experiencia colectiva a rescatar para que cada lucha no deba empezar de nuevo, separada de las anteriores.

Toma de la Universidad Nacional del Comahue en 2006

2004: Comahue en llamas, contra las acreditaciones

Tras un intento de avanzar en las acreditaciones de la Coneau en la Facultad de Ingeniería y ante la negativa de las autoridades a aceptar una instancia de discusión, más el pronunciamiento de la entonces rectora Ana Pechen (del Movimiento Popular Neuquino) sobre la necesidad de acreditar, en 2004 los sectores activistas del movimiento estudiantil decidieron iniciar una toma. Solicitaban una sesión que discutiera y aprobara el rechazo y anulación de la LES, desconocer a la Coneau como órgano acreditador y la anulación de todos los procesos de acreditación en la UNCO. La toma duró 30 días y el alcance del conflicto fue nacional.

El apoyo de los pares universitarios y de amplios sectores de la sociedad obligaron al rectorado a ceder. La medida fue suspendida el 26 de noviembre. Posteriormente una sesión del Superior materializó la resolución del conflicto a través de la Ordenanza Nº 738/04.

Este escenario de resistencia se dio por la organización estudiantil, con un consecuente surgimiento de diversas agrupaciones políticas y, también, por el cambio de conducción en la Federación Universitaria del Comahue (FUC) que comenzó a identificarse en oposición al gobierno y las organizaciones alineadas con el oficialismo que la habían conducido hasta entonces.

A partir de este cambio, la FUC cobró importancia y se visibilizó en la escena política regional. Se produjeron, además, encuentros con otros sectores en conflictos: obreros de la ex Zanón, bases del movimiento de trabajadores desocupados, organizaciones piqueteras y de Derechos Humanos como Madres de Plaza de Mayo e HIJOS Alto Valle, la Asociación Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN), entre las más significativas.

La participación estudiantil se caracterizó por su masividad y amplitud; y los procedimientos para alcanzar las decisiones hicieron incuestionable la transparencia de las acciones llevadas a cabo.

La toma abrió la trama del conflicto e involucró a sectores que no forman parte de la universidad. La presión política cambió la correlación de fuerzas entre el oficialismos que negaba la discusión y los estudiantes que la reclamaban. La articulación entre el sujeto estudiantil y otros sectores movilizados fue central en la producción de este escenario.

Cabe preguntarnos si el espacio de apertura a sectores extra-universitarios perduró.

Toma de la Universidad Nacional del Comahue en 2006

La toma 2006: ¡democratización ya!

Este conflicto es enunciado como un conflicto por la democratización de la universidad. Existían desde 1995 proyectos de reforma estatutaria y para 2002, el gremio docente Adunc había presentado un proyecto para la creación de un claustro único docente (CUD) que incorporara las categorías Asistente de Docencia y Ayudante de Trabajos Prácticos. La propuesta no logró adhesión suficiente, por lo que finalizada la elección rectoral se guardó el compromiso de tratarla en 2006. Sin embargo, la Asamblea fue convocada sólo para elegir rector, lo que comenzó de inmediato a subir la temperatura del clima electoral.

Al proyecto de claustro único docente se le sumaban los proyectos acordados por todas las tendencias estudiantiles que surgieron de un Congreso Extraordinario: Democratización de todos los espacios de la universidad, paridad con los docentes y reforzar el co-gobierno.
El 16 de mayo de 2006, fecha dispuesta para la Asamblea, se consumó lo que posteriormente fue conocido como “golpe institucional”: 108 asambleístas se pronunciaron a favor de la elección de Daniel Boccanera (entonces decano de la Facultad de Ingeniería) en una elección realizada en un local sindical de Cipolletti donde no había sido convocada la representación opositora.

Los estudiantes decidieron, entonces, ocupar el edificio del rectorado para denunciar el “golpe institucional” y evitar el funcionamiento. Adunc, por su parte, presentó una denuncia a la Cámara Federal con el fin de aclarar la elección. Mientras la elección era saludada por referentes políticos de la región, el rectorado continuó tomado y en junio la radicalidad de las acciones llegó a su punto máximo.

Como en 2004 se pusieron en funcionamiento comisiones y se realizaron numerosas actividades. Sin embargo, este nuevo enfrentamiento se daba en una coyuntura política en la que el gobierno de Néstor Kirchner había conseguido consolidarse y generar condiciones de gobernabilidad abriendo expectativas en algunos núcleos militantes. El conjunto que se movilizaba aparecía cada vez más fragmentado, producto en gran medida de la intervención estatal. Las condiciones objetivas de la movilización no eran las mismas que para 2004 y la toma empezó a ser fuertemente cuestionada.

Si bien la justicia resolvió en primera instancia que la Asamblea y la elección de Bocannera habían sido válidas, la decisión fue apelada y la Cámara Federal de Roca, el 13 de julio por medio de un fallo que criticaba duramente la Asamblea ordenó retrotraer la situación al 16 de mayo, lo que implicaba realizar una nueva elección. Teresa Vega, la decana de más edad, quedó al frente del rectorado de manera interina. Esto marcó un punto de inflexión en el desarrollo del conflicto, dado que debía definirse la continuidad o la suspensión de la toma.

Sin propuestas viables, y con un proceso de fragmentación y atomización en ciernes, el movimiento estudiantil mantuvo la toma por más de cien días sin que las autoridades cedieran espacios para resolver el conflicto. Surgieron en estos meses escisiones en las agrupaciones y las tensiones se agudizaron al interior del movimiento. Las organizaciones que habían visto sus expectativas y propuestas rechazadas dejaron de prestar apoyo y abandonaron las comisiones.

Luego de una última ronda de negociaciones y sin resultados, la toma se levantó, finalmente, el 23 de agosto. Las autoridades recuperaron los edificios, no sin denunciar y deslegitimar nuevamente a los estudiantes por “destrozos” en esas instalaciones. Los militantes fueron perseguidos políticamente en los cursos y varios de ellos tuvieron que abandonar la universidad por la intensidad de las presiones. Luego de la toma, las organizaciones revitalizadas en 2004 y 2005 se mostraron débiles mientras que la FUC dejó de ser un punto de referencia para la organización estudiantil.

Toma de la Universidad Nacional del Comahue en 2006

Algunas líneas para seguir pensando

Decíamos al principio que estos conflictos podían darnos algunas claves para pensar el momento actual de las acreditaciones en Comahue.

En principio, cabe destacar en ambos conflictos una lectura del contexto que acompaña o desfavorece las posibilidades de ejercer mayor o menor presión política. Esto no sólo tiene que ver con una lectura del contexto local, sino con un estudio de la situación nacional y, sobre todo, de las políticas educativas que han transmutado en su fachada pero sostenido y perfeccionado sus formas de penetración subrepticia en las universidades públicas.

La hegemonía neoliberal aceleró la mercantilización de las relaciones sociales y amplió los procesos de privatización a espacios que anteriormente le habían sido vedados. Si el menemismo sentó las bases para mercantilizar el derecho a la educación, el kirchnerismo lo sostuvo en el marco de la disputa por la hegemonía en las instituciones estatales con un discurso adaptado al “modelo nac&pop” y continúa de manera descarnada en el macrismo: el ajuste en Conicet y otras instituciones como el INTA y el INTI (sobre todo de los equipos de investigación en las áreas sociales y humanidades), la profundización de las políticas de venta de servicios a terceros por parte de las universidades nacionales y las alianzas con agentes privados para el desarrollo de investigaciones en sectores “estratégicos” de la economía.
Me interesa destacar, también, la importancia de tejer alianzas con otros conflictos y movimientos y con las tendencias diversas que hoy coexisten en la universidad pero que se oponen a la mercantilización de la educación.

Toma de la Universidad Nacional del Comahue en 2006

En contextos como el actual en los que los sectores de derecha se encuentran fortalecidos y que la información que circula es en algunos casos falsa y en la mayoría confusa, resulta indispensable la tarea pedagógica de focalizar y difundir qué es lo que se pone en juego con la acreditación de las carreras.

Es cierto que las acreditaciones son una realidad en muchas de las carreras (ingeniería, psicología, medicina, por nombrar las de grado) y esto ha sido posible por la vía del amparo judicial, es decir, la justicia federal se ha pronunciado en favor de la aplicación de la LES. Por otra parte, se ha naturalizado el financiamiento por programa, los convenios de cooperación y transferencia con empresas como YPF S.A. (la UNCo forma parte de la red de universidades petroleras promovida por la Fundación YPF), la tercerización de servicios (el de limpieza por ejemplo), el alquiler de instalaciones, entre otras que son auténticos avances de la privatización en la universidad. La mercantilización de la educación ha ido avanzando en nuestras narices.

Esto no implica que haga un llamado a bajar las banderas de la autonomía universitaria sino que se vuelve indispensable salir a discutir la educación que queremos y para qué la queremos en principio, pero también ponerle el cuerpo a la experiencia de esa universidad que queremos, pintarla de pueblo, no dejar que nos gane la carrera liberal con la que nos forman, hacer escuela y experiencias, recuperar las historias del movimiento estudiantil, de nuestras luchas y de otras luchas. Prender pequeños fueguitos, hacer de la esperanza un aliento que nos empuje no sólo a resistir y oponernos sino a tener proyectos alternativos en esta noche que parece nunca terminar.

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