Mujeres que corren con mochilas: “¿Y? ¿Cómo te fue?”

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Nita Hidalgo es dibujante y caminó distintos lugares de América Latina más de cuatro años. Ahora que está de regreso a la provincia de Buenos Aires, reflexiona sobre las luces y sombras de un territorio tan contradictorio como nuestro continente, dice que el continente “cuando creías empezar a entender algo, te pega un revolcón que te hace tragar agua y te desnuda un poco”

*por Nita Hidalgo

Bitácoras de viaje de Nita

“¡¿Y?! ¡¿Cómo te fue?! Re lindo todo, ¡¿no?!”. Una vez más, desde que volví después de viajar varios años por Latinoamérica, me enfrento a esta pregunta que algún conocido me hace con la mejor onda o simple compromiso.
De inmediato, una parte de mí me dice, me ruega: “Dejate de joder y hacela corta, decile que sí, que todo re lindo”. Pero no hay caso. Mis otras partes ya están poniéndose de pie y, mientras se arremangan, se disponen a dar la versión más larga -y muchas veces decepcionante- de la respuesta.

Dice el escritor mexicano Juan Villoro que “hay muchas maneras de amargarse la vida y una de las favoritas del viajero es pensar en la historia de los lugares que visita, en los hechos de sangre y oprobio que justifican los palacios”. Lo cito acá en este texto pero no seré tan dura con mi conocido interlocutor. Lo dejaré esperando mientras me pregunto y me respondo.

Cómo explicarle que es cierto que el caribe turquesa y las palmeras están ahí, que hay guacamayas y lagartos sueltos y mariposas azules gigantes y frutas increíbles -de sabores, nombres y apariencias que desconocemos acá abajo- pero que si ampliamos un poco el recorte de la foto podemos ver que ese barcito donde estamos sentadas muchas veces es de algún europeo o gringo que fue mucho mejor recibido que un latino en sus países. Que la migración tiene tantas versiones. Que notamos que algo sucede con los locales del pueblo que andan con sus producciones a cuestas, porque de vez en cuando los corren o porque, será curioso, aparecen en unas calles sí y en otras no, o solo tarde por la noche. Claro que podríamos hacer zoom otra vez y encontrarnos con la generosidad de un continente que siembra donde encuentra un rincón y cocina maravillas con eso. Sin embargo, siempre podemos abrir el plano y hablar de qué está pasando con nuestras semillas y territorios.

Podría seguir así, abriendo y cerrando este zoom imaginario, interesando o aburriendo a quien me escuche. Continuaría diciendo que lo maravilloso de América Latina es que cuando creías empezar a entender algo, te pega un revolcon que te hace tragar agua y te desnuda un poco. Luego te da la mano para que te levantes otra vez, pero, ojo, que el suelo puede empezar a temblar en cualquier momento, a veces dando saltitos cortos y otras pegando latigazos horizontales desde abajo. Las veces que quiera. Haciéndote gritar o callar.

Pongámosle que para no complicarme con la “sangre y el oprobio” busco una respuesta más personal, más íntima. Aun así estoy en la misma: claro que hubo paseos y carcajadas, pero también momentos mucho más duros y determinantes. Entonces, ¿voy a ignorar, entre otras cosas, esos espontáneos circulitos de mujeres en los que me encontré tantas veces -en un colectivo, en una cocina sucia, en una playa, en un parche cualquiera- en los que nos confiamos historias de amor y de terror, atravesadas en su mayoría por el silencio de lo religioso y lo intrafamiliar?

Y no porque soy dibujante es que se me complican las palabras. Mi propia hoja en blanco me interpeló en su momento con un “¿qué estás dibujando, qué estás contando de todo esto?” Desde entonces fracaso -al igual que cuando escribo- en el intento de no caer en lugares comunes (y no por eso menos ciertos).

A todo esto, expectante, mi conocido ya debe estar arrepentido por haber hecho una pregunta desafortunada o que requiere más tiempo del que pensaba dedicarme, sobre todo si preguntaba por preguntar nomás. Pero yo no lo voy a dejar ir hasta que le quede claro que para mí es casi imposible que en una experiencia semejante a un viaje –que no deja de ser un camino, como pueden ser tantos otros que no impliquen ni siquiera moverse del lugar en el que se está físicamente- pueda resultar “todo re lindo”.

Por suerte existen palabras ambiguas como “intenso” y “fuerte” que diciéndolas seriamente ya espantan a los apurados pero retienen y conquistan a sensibles y curiosos. Veremos cuál toca ésta vez.

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