En las calles, en las camas y ¡por fin! en el Congreso Nacional

Géneros, SECCIONES

por Julia Burton*

Los primeros meses de 2018 desbordaron de feminismo en diferentes espacios de la arena pública demostrando, una vez más, la capacidad que tiene este movimiento político para ponerse en agenda. Este “ponerse en agenda” está configurado por un entramado que se compone, entre otros, de los siguientes sucesos: la multiplicidad de asambleas que organizaron el Paro Internacional de Mujeres en varias localidades del país, la irrupción de diferentes feministas en el programa televisivo Intrusos, la realización de pañuelazos en reclamo por la despenalización y legalización del aborto y las movilizaciones multitudinarias del 8 de marzo. En todos estos espacios el pañuelo verde, emblema de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, fue protagonista y logró así viralizar un reclamo histórico del movimiento feminista, de mujeres y disidencias sexuales.

Foto: Violeta Gosetti

Asimismo, ni con lentitud ni pereza, desde el gobierno nacional supieron leer las peculiaridades de este momento y en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el presidente Mauricio Macri señaló que el aborto es un debate postergado que “como sociedad nos debemos”. De esta manera habilitó la discusión en ese lugar, hasta ahora, vedado. Con la firma de 72 diputadas y diputados, el seis de marzo se presentó por séptima vez en el Congreso Nacional el proyecto de ley de aborto elaborado por la Campaña, donde se promueve la despenalización y legalización de esta práctica considerada, por el marco legal vigente, como un delito. Apenas cumplido un mes de esa presentación, el 10 de abril comenzaron las reuniones informativas en comisiones donde diferentes personas (desde investigadoras e investigadores, profesionales de la salud, activistas, personalidades de la cultura, hasta coordinadores/as de las ONGs autodenominadas “provida”) presentan argumentos a favor y en contra de la despenalización y legalización del aborto. Se estima que estas reuniones, que se celebran los martes y jueves, durarán hasta finales de mayo y que entonces la discusión del aborto podría pasar al recinto.

El reclamo por el aborto legal se configuró como una demanda histórica del movimiento feminista que por primera vez, y debido a la insistencia en las calles, en las redes sociales y en algunos medios de comunicación, cruzó los márgenes a los cuales se lo confinaba en, al menos, dos sentidos. Por un lado, y como mencioné anteriormente, los aspectos relacionados con el debate parlamentario negado. Por otro lado, ese límite fue sobrepasado en el sentido de la decibilidad: aquel secreto a voces estalla a viva voz en las calles, en las paradas de colectivo, en las escuelas, en las reuniones familiares, en las plazas y, ahora también, en el Congreso de la Nación.

Quiero resaltar la importancia de la insistencia. Me parece fundamental decirlo una y otra vez: sin la movilización feminista no puede pensarse este momento histórico. Lo que sucede hoy es resultado de una genealogía de luchas en clave feminista que, por lo menos, ya lleva una treintena de años. Entre otras, ese entramado genealógico se configuró por las acciones colectivas de la Comisión por el Derecho al Aborto, el Foro por los Derechos Sexuales y Reproductivos, Católicas por el Derecho a Decidir, la trayectoria de los Encuentros Nacionales de Mujeres, la conformación de Mujeres Autoconvocadas para Decidir en Libertad (Madel) cuando en la Reforma Constitucional de 1994 se pretendió incluir una cláusula que defendía la vida desde la concepción, y, en un nivel regional, las actividades realizadas por las organizaciones Mujeres por el Derecho a Elegir en la década de 1990 y, a partir del 2001, por la Colectiva Feminista La Revuelta.

Esta urdimbre de acciones colectivas se federalizó en 2005 cuando surgió la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. A lo largo de estos años, y mediante una diversidad de estrategias, las feministas nucleadas en la Campaña instalaron el debate en diferentes ámbitos, apostando no sólo a avanzar respecto del debate legal del aborto, sino también a lo que han denominado “despenalización social”: correr al aborto del lugar de estigma y silencio, conceptualizarlo como una cuestión de salud pública y de derechos, de autonomía, de soberanía sobre el cuerpo. Desde dentro de este espacio, en 2012 un grupo de colectivas que realizaban acompañamientos a mujeres que abortan con medicación conforman Socorristas en Red (feministas que abortamos). El socorrismo va un paso más allá del debate legislativo, es acción directa que pone el cuerpo en la urgencia del aborto. A mi entender, se trata de una acción colectiva de armas tomar: consiste en dar información sobre usos seguros de medicación para abortar y generar una diversidad de estrategias de acompañamiento de las decisiones de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Esa acción está determinada por los cuerpos, las emociones y las pasiones que se ponen en juego. Las mujeres que acuden a las socorristas ponen en acto la potencia de sus deseos, de sus decisiones, de sus cuerpos. Pero no son las únicas. Las socorristas también lo hacen cuando acompañan a esas mujeres rebeldes que toman por asalto los derechos negados.

Las reuniones informativas que tienen lugar en la cámara de diputados y diputadas desde el 10 de abril muestran cómo el feminismo, además de empujar el debate hacia adentro del Congreso, ha elaborado una serie de argumentos con gran solidez y respaldo científico para configurar el aborto como un problema público al cual el Estado debe dar respuesta. Las intervenciones de quienes se pronunciaron a favor desde diferentes disciplinas científicas, áreas temáticas y profesiones, dan cuenta de que el aborto tiene que ser despenalizado y legalizado. Queda claro -al escucharles- que se trata de un problema de salud, de una cuestión de autonomía y soberanía sobre el propio cuerpo y de una cuestión de derechos de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Pero esos límites también se expanden y gestan otra serie de argumentos y sentidos sobre el aborto, asentados en el deseo, en la rebeldía a los mandatos, en la resistencia a las maternidades forzadas e impuestas por un orden simbólico que consagra y sacraliza la maternidad.

En suma, el feminismo presenta nuevos relatos sobre las prácticas y las experiencias de abortar y la aprobación de la despenalización y legalización del aborto condensa dos cuestiones sustantivas. En primer lugar, mediante la sanción de la ley el Estado define como un derecho una práctica que ha sido considerada como un crimen. En segundo lugar, la ley construye una narrativa estatal que legitima la práctica de las personas que abortan, y que no estigmatice los deseos y decisiones reproductivas y no reproductivas de las mujeres y otras corporalidades con capacidad de gestar. La revolución ya empezó, es feminista y es irreversible.

 

*Socióloga feminista, becaria Ipehcs – UNCO / Conicet. Será una de las expositoras en el Congreso a favor de la legalización del aborto.

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