Complicidad feminista

Columnistas

por Aluminé Cabrera

Unos días después de la movilización del 8 de marzo, mientras iba por la ciclovía que va por la calle Independencia, camino a mi casa vi que dos pibas, adolescentes, venían en sentido contrario. A medida que nos acercamos ellas miraron hacia mi bolso y yo miré hacia la mochila de una de ellas: ambas teníamos atado el pañuelo verde de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Nos sonreímos y cada quien siguió su camino. En ese momento sonreí con vehemencia ante tamaña demostración de complicidad. Para quienes reclamamos Aborto Legal, Seguro y Gratuito hace algunos años (y ni hablar de tantas que llevan décadas en la lucha, yo soy relativamente nueva), que hemos insistido en que el proyecto de la Campaña se debata y se apruebe en el Congreso, pero que, sobre todo, interpelamos en lo cotidiano a nuestro entorno con el tema, nos rebalsa el alma de alegría tanto destape. O quizás me sucede a mí en lo particular y ahí sientan la libertad de corregirme. En años de militancia, comunicación y movilización en reclamo del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, en mi caso en la ciudad de Buenos Aires, el pañuelo lo llevábamos a las acciones, nos lo poníamos ahí el tiempo que durara el acto, el festival o la movilización y luego de nuevo hacia dentro del bolso para pegar la vuelta a casa.

Esta tarde me pasó otra vez. Antes de ir hacia el Monumento di un par de vueltas para comprar unas cosas y en una esquina cercana al centro me crucé con una piba y nos sonreímos: ambas llevábamos atado al cuello el pañuelo verde. Cuando llegué al Monumento me encontré con una amiga que me mostró esta imagen y ahora que lo escribo además de sonreír, también lagrimeo un poco.

Ilustracion: Tomatoe

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