Beba Mujica: puente primavera

Derechos de la humanidad, SECCIONES

Hace quince años falleció Beba, una de las Madres de Plaza de Mayo filial Alto Valle de Río y Neuquén. Al mismo tiempo, su partida floreció recuerdos, relatos y muchas anécdotas.

¿Cómo recordás a Beba Mujica? Ese fue el puntapié de 8300, pues, “todos sabemos que las Madres no mueren, nadie que vive para la vida muere” dijo el cura Magin Paez en la despedida del 26 de marzo de 2003.

Ilustración: Malen Varela

“Yo la recuerdo a Beba, lo mismo que el primer día que la conocí, a parte de ser compañeras por la búsqueda de nuestros hijos, nosotras dos, eramos muy, muy amigas”, rememora Inés Ragni y luego entre risas cuenta  sobre los desayunos en la mañana, los mates con ella y sobre cuándo Beba se quedaba a dormir en su casa.

Josefa Lepori, conocida como Beba Mujica, nació en primavera de 1916, fue Madre, de esa maternidad que se escribe con mayúscula y abuela; fue transgresora, sensible y con una presencia que quedó calada en la memoria de la resistencia de Neuquén. Formó parte desde el comienzo de la primera Filial de las Madres de Plaza de Mayo en 1982, junto a Inés Ragni y Lolin Rignoni.

“Alguien alguna vez me dijo, que era tan dura y tan firme, porque había visto cómo se llevaban a su hija, cómo la habían arrancado de sus brazos y se había quedado con sus dos nietos”, relata Sol y la describe como “muy seria, muy flaca y muy alta”.

Así se va construyendo su imagen, Beba se dibuja con palabras y una memoria viva. Fernando asegura que “en Beba había una tenacidad como encubierta abajo de su imagen cándida, de esa sonrisa espléndida que tenía”, también se pregunta “¿de qué manera estaba hecha esa tenacidad?, en el caso de Beba, “en ese último abrazo que no pudo dar a su hija Susana, el saco que le alcanza a colocar antes que se la lleven, todas esas piezas de un rompecabezas fatal, los días después del secuestro y el ir a hablar con toda esa gente, esas negaciones y esa insistencia de ella, de ir y seguir”.

El próximo trazo tiene que ver con el contexto en el que Beba se pone el pañuelo blanco. Era el 9 de junio del 76’ y a Susana Mujica, de 27 años, la secuestraron de su casa de la calle Yrigoyen, ella era militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores y docente de Servicio Social en la Universidad Nacional del Comahue. Se la llevaron mediante lo que se denominó “Operativo Cutral Có” comandado por Raúl Guglielminetti – Inteligencia del Ejército – y quien se hizo pasar por “mayor Rogelio Guastavino”.

Beba sólo alcanzó a ponerle un saco sobre los hombros. Desde ese momento, fue todos los días a las 7 de la mañana a preguntar por su hija.
“¡Asesino! Decí que le hiciste a Susana Mujica!” desgarró furiosa Inés en el Jucio Escuelita 2 del año 2012. Probablemente Beba, le hubiera gritado lo mismo. Sin embargo, Guglielminetti no hizo ni un solo gesto.

Pablo habla sobre Beba mediante un recuerdo de Inés Ragni y sus palabras para la revista Un Nuevo Sol del Centro Cultural La Estrella. “¿Cómo no los iba a odiar? Beba siente toda esa angustia, porque se llevan a su hija, con una herida que no estaba cerrada”, asiente y agrega que Beba “tenía una razón muy especial para tenerle bronca a toda esta gente, porque cuando se llevan a Susana, su hija, ella está ahí y ella quiso agarrar a su hija para que no se la lleven y le dan un culataso y la tiran al sillón y ella ve a las personas que se la llevan. Entonces, se siente impotente porque no puede hacer nada”.

“Madre coraje” la llaman las Revueltas, Osvaldo Bayer denomina a Inés, Lolin y Beba como las “heroínas”, Hebe de Bonafini la evoca con la “alegría de haber contado entre las primeras catorce madres a Beba con su tenacidad, con su bronca, con su rabia hacia los asesinos”, esa fueron sus palabras el día que la despidieron en el cementerio Central de la ciudad, junto a más de 150 personas.

“Beba Mujica era una de las que contaba la historia de cuando los policías subían a la plaza (Plaza de Mayo en Buenos Aires) y las atropellaban con los caballos y ellas salían por una esquina y volvían por la otra, no se rendían”, trae a la memoria Inés Ragni.
Bernardo la detalla como “una mujer muy formada, muy porteña, le gustaba mucho Buenos Aires, muy capaz, muy firme en sus convicciones” y “aunque era una mujer flaquita, y con fortaleza física tenía una presencia y una fortaleza como saben hacerlo las Madres de Plaza de mayo”, enfatiza.

“Enseñame otra vez abuela, enseñame siempre con tu vida nueva, que morir y vivir es un acto de amor”, le dice Matilde, su nieta, en un poema que llamó “El puente”. “Todos los días tratan desesperadamente por entenderse y son tan distintas, que al final, solo cuenta lo mucho que se quieren”. “Ahí se reconocen, son iguales, están tan cerca, que no habrá juicios, distancias, asesino o edad capaz de impedirlo”, continúa Matilde.

“La extrañamos mucho”, remarca Claudia y la delinea “como una dama, elegante, sensata, medida, cuando se empezaban a hablar los temas de algún u otro represor, vos veías cómo se iba enfureciendo, como le brotaba el deseo de justicia, el dolor, pero ella no perdía nunca la compostura”.

“Una mujer muy sólida”, expresa Raúl y suma que Beba era una mujer con “mucha fuerza, muy seria, muy coherente, con mucha fortaleza interna, con mucha claridad, muy política, muy sensible”.

Beba es un dibujo sin terminar, en el que se van a agregando detalles permanentemente, y al que se van sumando numerosas historias. El bosquejo del puente que escribe Matilde y le pide que (nos) enseñe “que la lucha no tiene edad, porque es de todos, y que por encima del terrible río de dolor y de miedo, pasa nuestro puente, donde estamos juntas, las tres y vivas para siempre”.

Como dijo Lolin, “la despedimos para decirle hasta siempre, hasta siempre Beba, cuando llegue la victoria que querían nuestros hijos”.

Deja un comentario