“La poesía es un oasis en el desierto y el poema es la sed”

POPURRI

Nos asomamos a la vida de Aldo Novelli para conocer a la persona detrás del poeta, para recorrer su infancia, sus primeros pasos literarios, su juventud en los 70, su trabajo. Novelli cuenta a 8300  su opinión sobre las redes sociales y qué es la poesía.

Por Hernán Riveiro

Matria: infancia en el desierto

 -¿Dónde creciste, cómo fue tu infancia?

Mi familia se mudó a Challacó siendo yo muy chico. Como dicen los escritores, mi patria es mi infancia. A mi me gusta decir mi “matria” porque la matria tiene el valor de la mujer, de engendrar.  Y la patria tiene algunos derivados un tanto chauvinistas como la idea de patriotero, patriotismo, de patrón.

En Challacó pasé mi infancia, en un campamento petrolero. Ahí estaba lo que en ese momento era la facultad del petróleo, de la Universidad del Comahue, que era provincial todavía. Cuando llegué tenía 10 años, fue en el ´67, y me acuerdo que la escuela tenía todavía la campana de bronce, que se usaba antes. La escuelita tenía dos aulas, una a la que iban de 1ro a 4to grado, y la otra de 5to a 7 mo. Y había dos maestros que eran estudiantes de ingeniería de la universidad.

El campamento estaba yendo para Cutral-Có, a 40 km de Neuquén, y hoy es un caserío semi destruido, que ha quedado abandonado. Recuerdo mi amigo Andrés vivía en un lugar que tenía cuatro o cinco casas, no más; y la estación de ferrocarril. Allí vivían trabajadores de YPF. Con  Andrés estábamos siempre juntos.

-¿Y la secundaria?

La secundaria fue diferente. El colegio más cercano estaba en Plaza Huincul. Para viajar desde mi casa hasta la escuela en Plaza Huincul no había transporte, por eso mi amigo y yo viajábamos en el colectivo que llevaba a los obreros del petróleo. Y había un solo colectivo para ir y uno solo para volver, así que aunque entrábamos a la 1 de la tarde, teníamos que tomar el que llegaba dos horas antes. Nosotros éramos los únicos que íbamos desde Challacó a la escuela de Plaza. Y cuando salíamos lo mismo, salíamos a las 5,30 ó 6 de la tarde y teníamos que esperar hasta las 9 de la noche, que volvía el colectivo hasta Challacó. Así que ir al colegio me ocupaba el día entero.

Libros y juegos

-¿Cuándo te empezaste a acercar a los libros?

Yo leía desde chico porque mi viejo tenía una gran biblioteca, aunque era de los clásicos españoles, por lo que era una lectura realmente compleja para mí cuando quería leer.

Cuando me asomaba, de chico, a la biblioteca de mi papá, lo único que veía era lomos con letras chiquitas, que muchas veces no alcanzaba a leer. Y una vez me puse a ver la biblioteca, estiré los dedos y toqué uno de esos lomos, lo saqué para adelante con dos dedos y entonces, ya en mis manos, ese lomo se convirtió en un libro. Me di cuenta que esos lomos que yo veía con palabras escritas eran libros. Y tuve la mala suerte de que el primer libro que saqué se llamaba “Crítica de la razón pura” de Kant, y yo me puse a leerlo emocionado, medio en secreto, porque pensé realmente que estaba leyendo un libro prohibido. Y después de muchos años me di cuenta que sí, que era un libro prohibido, sobre todo a esa edad, tendría 8 años. Me fue imposible leerlo. A partir de ahí me hice fanático de las historietas y me convertí  en un superhéroe, que es la mejor forma de pasar la infancia, junto con jugar a la pelota en el potrero.

Challacó en mapudungun significa “olla de agua”, pero hacía un calor ahí y tampoco había agua ni para tomar, ni para bañarse, o siquiera, para lavarse las patas. El potrero carecía absolutamente del menor pastito, era piedras sobre arcilla, culos de botellas rotas y lagartijas, que levantaban alternativamente dos patitas para no entrar en combustión espontánea. Y ahí jugábamos desde las 10 de la mañana hasta que nos llamaba la vieja a almorzar, volvíamos y jugábamos hasta que se caía el sol. Por eso yo no sé qué es jugar al fútbol, pero sí he jugado mucho a la pelota. Y caerse ahí, te puedo asegurar, eran dos días en cama, por lo menos, con todo el cuerpo rallado, y tu vieja retándote mientras te curaba las heridas. Esto debería escribirlo como lo hacían Soriano o el Negro Fontanarrosa, pero bueno, quedará en la historia no contada.

Hace poco me comuniqué con alguien de la escuela, porque esa escuela ya no existe más, ahora es el museo Carmen Funes. Te quiero contar una anécdota: fui, después de muchos años, a Plaza Huincul, y fui con mis hijos al museo. Y mientras ellos miraban los huevos de dinosaurios y esas cosas, yo me puse a ver unos pupitres que hay, así como a modo de homenaje, por la ex escuela supongo, unos pupitres de madera, y ahí encontré el pupitre donde me había sentado en la secundaria. En ese pupitre vi todavía dibujado un corazón que hice a mi primer amor, que era un amor cortés, un amor que nunca se realizó, un amor de pibe. Y todavía estaba ahí ese corazón dibujado. A mí me impactó mucho pero cuando se lo fui a contar a mis hijos, a ellos les calentó tres carajos, por supuesto, esa historia; y siguieron mirando los huevos de dinosaurios.

Poesía y realidad: vivir la dictadura

-¿Cómo y dónde te encontraron los años ´70?

Después de terminar la secundaria, fui a estudiar ingeniería a la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca. Fue en el año ´75, cuando imperaba la triple A en la Argentina, en los meses previos al golpe de Estado. Me fui con un amigo que se fue a estudiar geología, y nos enteramos la noche anterior acerca del golpe, porque en una Tonomac escuchábamos una radio uruguaya por onda corta, que había en esa época, nos enteramos del golpe de Estado en Argentina y del primer comunicado que había emitido la Junta, el 24 de marzo del ´76.

La historia se me complicó mucho, porque un domingo a las 10 de la mañana me secuestran, me tuvieron entre 12 y 14 horas esposado contra una pared, y pasaban y me insultaban, me golpeaban, hasta que me pusieron una capucha y me trasladaron no sabía a dónde. Y tampoco sabía si era que me estaban trasladando o me llevaban para alguna otra cosa. Y después, bueno, la historia fue bastante común a tanta gente durante esos años, en el sentido de que hubo torturas, hubo amenazas, y hasta hubo simulacro de fusilamiento, una noche que nos sacaron. Es cierto que también descubrí personas increíblemente humanas dentro de la celda, y esa experiencia me hizo cambiar absolutamente mi visión del mundo.

Yo estuve dos meses desaparecido. Me tenían en una de esas tantas delegaciones y organismos de la Policía y del Estado que en esa época comenzaron a trabajar en conjunto. Y había un hombre, en la primera noche de mi detención, que estaba allí y que vivía muy cerca de la pensión donde yo vivía, que también era cerca de donde me habían detenido. Y recuerdo las palabras del oficial que me detuvo, y que dijo “métanlo a ése adentro, que no me gusta la cara que tiene”. Yo usaba barba, que parece que era algo así como el carnet del subversivo. El tipo éste que te decía, estaba detenido y yo le pregunté si iba a salir y me dijo que no sabía, que con estos milicos hijos de puta nunca se sabe. Entonces, le digo, le voy a pedir un favor: si sale vaya a tal lugar, que es la pensión donde yo vivo, soy estudiante, y pregunte por tal, que es mi compañero. Y este hombre, que yo no conocía, salió, fue y lo hizo. Y gracias a eso mi compañero se enteró que yo estaba detenido, porque si no, no hubiera sabido qué pasaba.  Entonces, mi compañero empezó a buscarme. Pasó un mes en el cual yo estuve técnicamente desaparecido, porque nadie sabía dónde estaba. Y después de un mes me llamó el oficial que estaba de turno ahí en ese centro clandestino de detención y me dice, tiene suerte usted, ha pasado a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Y los compañeros que estaban detenidos conmigo me dijeron: estás casi salvado, te blanquearon.

Volver a respirar

Tuve muchísima gente que me ayudó en esa época. Pasaron dos meses más. Y mi tío, que trabajaba en Tribunales y que se enteró porque mi compañero de pensión le había dicho, vio al juez y éste envió radiograma a todas las comisarías y lugares de detención y yo no figuraba en ningún lado. Hasta que por la influencia de este juez, que estaba en Bahía Blanca o por algo que nunca supe, me blanquearon y mis familiares pudieron ir a visitarme, y quedé en una detención formal. Lo mío son 5 minutos frente a otras historias tremendas que hay.

Al bajar de Tribunales en Bahía, me acuerdo ahora, hace muchísimos años que ni siquiera pensaba en esto, había dos policías que me miraron y me hicieron una seña de un dedo sobre el cuello, como diciendo “vos estás muerto”. Así que me tuve que ir. Me fui a Mendoza. Era 1977. En Mendoza empecé los trámites para irme a Australia. Aquel país necesitaba en esa época, gente de determinados oficios. Yo me propuse ir como ayudante de panadero. Así que me puse a estudiar para conseguir esa visa. Cuando fui a la entrevista mentí descaradamente y me la negaron, claro. Estuve un año viviendo encerrado para no poner en riesgo a mi familia, también, además del propio riesgo que corría después de aquella amenaza.

“Tardé 20 años en asumir esto y poder contarlo”

Después de todo eso, validé las materias que había metido de ingeniería y empecé a estudiar

analista de sistemas, que es de lo que he estado laburando durante 40 años. Y gracias a la poesía he logrado no morir en el análisis de sistemas, frente a una computadora, porque es tan áspero, tan árido ese trabajo que había que compensarlo con algo.

El libro “Agonistas del fin del mundo” surge de recuerdos de mi infancia y juventud. Y es que uno no sale ileso de una situación así, como la de la dictadura. Eso queda dentro de uno, esas heridas que no son físicas, más allá de las heridas reales que sí te provocan. Tampoco son heridas a la conciencia, son heridas espirituales, son heridas al alma, son heridas mucho más profundas. Y esas heridas provocan algo y en mí provocaron una inmensa amnesia. Yo no me había dado cuenta pero había olvidado a los viejos compañeros de Bahía, fue una amnesia de lo anterior al horror. Hasta que una vez alguien me preguntó y yo pensé: no me acuerdo de eso.

En un momento se me ocurrió empezar a escribir en un cuaderno retazos de la memoria anterior a la dictadura. Lo que quería hacer era una especie de auto-terapia para recuperar la memoria perdida en el proceso que sufrí durante la dictadura. Y ese libro fue el resultado de lo que escribí en ese cuaderno. Estuve mucho tiempo leyendo y releyendo esas anotaciones, me ponía mal con lo que leía, recordaba. Y entonces, se me ocurrió que todo podía convertirse en un libro. Ese libro de poemas, si cabe, es la memoria recuperada del proceso anterior a la dictadura. Antes del ´76.

El trabajo y el camino a la poesía

-¿Cómo se empieza a escribir?, si es que hay una manera o un tiempo…

Después de recibirme en la facultad estudié unos años Letras, que no es bueno, no se lo recomiendo a ningún poeta. Eso es bueno para recibirse de profesor de Letras pero no para escribir. Esto dicho irónicamente pero también un poco en serio, porque la academia a veces te encierra en un lugar con barrotes, y después cuando vas a escribir te planteás todo lo que querés decir y terminás diciendo algo que está muy lejos de aquel primer ideal. Algunos pocos lo han hecho, tal vez desde un lugar más filosófico que poético, pero son muy pocos.

Creo que el poeta debe escribir desde su lugar y su tiempo, el poeta debe escribir con el lenguaje de su tribu. Y esto dicho sin metáfora. Y no escribir desde el país o la provincia, o la ciudad, no, sino desde un lugar más íntimo, desde su casa, su barrio, sus amigos. Debe escribir desde aquellos con quienes el poeta comparte los momentos más íntimos. Las cosas que nos provocan una emoción interna, ésa es la tribu. El país, la ciudad, pueden ser algo ajeno, que también nos contienen, pero desde otro lugar.

Desde el propio caminar de la vida, desde el sentido y en su propia visión del mundo, su sustrato ideológico. Desde ese lugar decide escribir.

-¿Escribís sobre el desierto?

Sí, y en algún momento sentí cierto rechazo de los amigos respecto de escribir sobre el “desierto”, porque sabemos que existe la llamada “poesía regionalista”, para decirlo de manera genérica, y que adolece de algunas fallas. Cuando se critica un arte regional desde una concepción universal de ese arte se cae en un error de concepto. Y también hay una poesía folckórica que pretende ser universal pero sólo consigue seguir siendo folckórica. Hay excepciones, claro, como el poeta pampeano Bustriazo Ortiz, que cumplió eso de que “pinta tu aldea y pintarás el mundo”. Pero muy pocos lo logran…

Entonces, cuando cierta poesía regional pretende no quedar encerrada en lo folclórico y pretende ser universal comete, y esto es subjetivo, por supuesto, es sólo una lectura mía, lo que se llama anacronismo. Por eso digo que cada uno tiene que escribir desde su lugar, desde su tribu y con su lenguaje, porque ése es el lugar más real. Y esto para sostener lo que decía Carver, no hay que hacer trampas, ninguna trampa. Carver, un poeta norteamericano considerado el creador de un estilo: el minimalismo. Yo intenté regionalizar el minimalismo, y algunos poetas locales me bastardearon por eso, con el libro “Mínimo mundo”, y me dijeron que era rastrero y qué sé yo; hasta que descubrieron que había un poeta que se llamaba Carver, y se puso de moda el minimalismo. Ese libro sostiene la estética del minimalismo pero desde mi lugar, no pensando en cómo viven en Oregon, que es desde donde escribía Carver.

-¿Qué otros poetas o escritores te influyeron?

A nivel internacional influyó mucho en mi literatura toda la “Generación beat”, de los años ´60 en EE.UU., escritores como Kerouac, Burroughs, Ferlinguetti, tipos que eran todos antisistema, que no defendían el “estilo de vida americano” y que provocaron en su momento una pequeña revolución literaria. También me interesaron los surrealistas, sobre todo los surrealistas argentinos, más allá de destacar, por supuesto a Breton y todos los franceses; y esto más allá de que me siento imposibilitado de escribir desde el surrealismo. Hay una poeta surrealista argentina, que fue la primera en ser incluida en una antología surrealista acá y que se llama María Ester Vivanco. La hija me ubicó vía internet y me envió el libro de ella. Y me decía, lo cual fue un gran halago para mí, que su mamá me leía y que le gustaba lo que yo hacía. Nunca supe eso, ni supe nunca cómo hizo para leer mis libros. Pero uno nunca sabe cómo lo leen a uno, y eso es maravilloso.

Redes y continente

-¿Cómo te llevás con lo virtual?

Ya que desde hace unos años lo virtual se ha puesto de moda y hay amigos virtuales, sexo virtual, casamiento virtual; yo, desde hace poco, tengo un amigo virtual que es profesor en El Salvador, y hemos estado enviándonos textos, y he descubierto en él a un surrealista con una palabra muy compleja. Es cierto que para algunos, entre quienes me incluyo, el surrealismo es bastante difícil de acceder. Y lo más dramático de esto es que este señor me envió su libro y me pidió que le hiciera un prólogo. Hacer ese prólogo fue realmente lo más difícil del mundo para mí. Estuve por excusarme de no hacerlo, pero finalmente lo pude hacer.

En América, ya que tuve la oportunidad de viajar a Venezuela, a Colombia, me han invitado a Ecuador, hay grandes poetas. Durante muchos años, décadas, hemos mirado primero a Europa y más recientemente a EE.UU., yo también reconozco esta falta, pero en América Latina hay enormes poetas que tendríamos que leer. Hay obras maravillosas, más allá de los ultra conocidos, como Benedetti, García Márquez, Galeano.

Al principio me negué a participar de las redes sociales, porque no quería que la CIA se enterase de mis actividades. Mis amigos se cagaban de risa y decían: si hay algo que quieren saber de vos, ya lo saben, no te preocupes. Y, si no, es que no les interesa lo que vos podés decir. Si es así no corrés ningún peligro. Lo cual, creo, es absolutamente cierto. Como sea, y a pesar de ese primer rechazo, hoy las redes sociales representan un espacio interesante de conocimiento y de difusión. Y también es cierto, pienso, que el 90% de lo que circula por las redes es basura digital. Pero creo que sirve internet y las redes sociales cuando hay países cuyos medios de comunicación tradicionales están copados o constituyen un monopolio. En esos países, como el nuestro hoy, las redes sociales son importantes para el intercambio y circulación de información alternativa a esos medios monopólicos.

De poetas y poesía

-¿Cómo se escribe poesía?

Muchos creen que escribir poesía es sentarse y decir “ay, cómo me gusta esto, lo voy a escribir”. Y le escriben al hijo, al sobrino, al mate, al nietito, a la madre. Y después de escribir tres poemas, que no son poemas, porque lo único que uno puede llegar a escribir son meros artefactos verbales, se consideran poetas. A esas personas yo les digo agarrá una guitarra, ponete a tocar y sacá una zamba o sacame un rock, y no lo puede hacer porque considera que hay que tener un estudio previo. O para hacer un cuadro, considera que hay que tener un estudio previo y una técnica, una dedicación y un rigor sobre ese material. Y, señoras y señores, la poesía es lo mismo. Para ser un genio a los 17 años hay que llamarse Rimbaud, y después ya no hay más. Siempre les digo a los jóvenes que hay que leer, que no crean que porque escribieron tres poemas son poetas.

 

0 comments

  • Hernán Riveiro, amigo, releyendo esa buena entrevista que me hicieras para la 8300, descubro azorado que respecto a mi influencias literarias y mis padres poéticos no he nombrado a los principales, mucho antes que los nombrados ahí, esto se debe al hecho de estar hablando distendidamente en un bar junto al amigo alemán que siempre me acompaña y se tomaba mi birra…
    Una omisión imperdonable, los poetas sociales de los ’60 con mi querido maestro Juan Gelman, y Raúl González Tuñón, Oliverio Girondo, Juan L. Ortiz, Manuel Puig, Antonio Di Benedetto, Alejandra Pizarnik, Rodolfo Walsh, Edgar Bayley, Reynaldo Mariani, Alberto Szpunberg, José Portogalo, Juana Bignozzi y muchos más que los recuerda el alemán, y hay que agregar a los escritores del boom latinoamericano Alfonsina Storni, Roberto Arlt, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Sara Gallardo, Manuel Puig, Antonio Di Benedetto, Julio Cortázar, Leopoldo Marechal, Olga Orozco, Ernesto Sabato, el viejo Borges, García Marques, a los poeta sociales del hermano país de Chile, Nicanor Parra, Neruda, Lihn, de Rokha, Violeta Parra, Víctor Jara a los yorugas Zitarrosa, Viglietti, al cubano Silvio Rodriguez que escuchábamos durante la dictadura en casetes piratas. Debo nombrar también al realista lírico de César Pavese que cambió mi forma de ver la poesía en cierto sentido y otros tantos tanos. A los poetas malditos franceses. A los griegos contemporáneos, y a infinidad de buenos poetas que siempre leo y son mis contemporáneos.
    Espero paliar en parte mis omisiones antes que el diablo me invite al bar del infierno a tomar la última copa.

  • Que Interesante es viajar por su excitante Mundo de letras querido escritor Aldo Luis, hace tiempo que yo ansiaba hacer este viaje pero no lo habia echo por falta de tiempo, pero ahora por fin lo he logrado es fantástico conocer lo que hay detrás del hombre el poeta escritor felicidades querido amigo es usted extraordinario le deseo muchos éxitos.

Deja un comentario