Tan tradicionales como modernas

Columnistas, SECCIONES

Por Nadia Ramírez*

Las mujeres de hoy, nos dice Marcela Lagarde, estamos marcadas por las contradicciones. Encarnamos experiencias que vienen del pasado, experiencias históricas y al mismo tiempo experiencias modernas . En tiempos de transiciones como los de hoy, nosotras las mujeres, somos el resultado de una construcción de género tradicional y a la vez de una construcción moderna. Lagarde llama a esta fusión que convive dentro de cada una, sincretismo de género: “Es una mezcla de factores que se articulan y crean algo nuevo”.

En la vida que vivimos son muchísimas las estructuras sociales que nos condicionan: la familia, el trabajo, la pareja. Al momento de nuestro nacimiento comienza la socialización de género. La primera pregunta que las personas hacen a los madres y/o padres no es: “¿Está el bebé saludable?”, sino: “¿Es nene o nena?” La respuesta tiene consecuencias sociales inmediatas. De esta manera vamos construyendo de manera sutil los roles sexuales tradicionales. Desde el sentido común, en la mujer se ha sobrevalorado el ser madre, quedando convertida la capacidad de dar a los demás en una exigencia del rol femenino sin contrapartida (dar mucho sin pedir ni esperar nada a cambio). De estos estereotipos patriarcales deviene la conformación de un arquetipo de mujer de ternura y perfección moral, vinculado con el cumplimiento de los roles que se consideran esenciales: el de madre y esposa. Siempre el compromiso de nosotras ha sido con los demás.

Los aspectos tradicionales que nos atraviesan coexisten con otros modernos. Lo moderno implica la posibilidad de conocernos a nosotras mismas; cuestionar los mandatos heredados, como la maternidad y el matrimonio, y construir una vida autónoma. Como dice Lagarde “el compromiso vital de cada mujer consigo misma rompe con el núcleo duro del patriarcado”. Necesitamos reconocernos como mujeres con derecho a vivir una vida sexual libre y no como meras reproductoras. Debemos permitirnos la posibilidad de crecer profesionalmente, laboralmente e ir ganando lugares en espacios políticos y públicos.

La conjugación de lo tradicional con lo moderno nos produce grandes conflictos internos y en ese sentido, vivir se convierte en el arte de ir resolviendo las contradicciones, los antagonismos que nacen de los sincretismos de género que nos marca a todas y cada una. Esta identificación nos propone enormes cambios y batallas internas y externas con el fin de eliminar la subordinación enajenante y convertirnos en sujetas autónomas, posibilitando el reencuentro con el otro género en condiciones de equidad y respeto. Sin embargo, vale aclarar, que este proceso de transformación de las relaciones entre los géneros no puede recaer solamente en nosotras. Es un proceso que también interpela al género masculino.

¿De qué nos sirve reconocernos como mujeres sincréticas? Nos sirve para entender que todo lo que nos atraviesa no pertenece a una individualidad. Cuando hablamos con otras mujeres nos damos cuenta que nuestras contradicciones son las de otras mujeres contemporáneas. Y en ese sentido, no estamos solas. Nos sirve también para historizar nuestras vidas y observar cómo fuimos resolviendo algunos de esos conflictos para descubrir, en ese proceso, nuestro enorme potencial.

*Licenciada en Sociología, egresada de la Universidad Nacional del Comahue. 

Deja un comentario