Ivana Rosales: rebelde, valiente y luchadora

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“Me hubiese gustado conocerte compañera”, escribió una joven en Twitter al compartir la nota sobre la partida de Ivana Rosales. Fue una sobreviviente, como le gustaba definirse. Para el periodismo con perspectiva de género fue una punta de lanza para nombrar la violencia machista como tal. Para la lucha feminista develó cómo las complejidades de la violencia sexista son infinitas.

Ivana Rosales durante una marcha contra la no violencia (Foto 8300web Emiliano Ortiz)

Por Melina Fit

Foto del diario Río Negro. Año 2002.

La primera vez que ví a Ivana Rosales fue en un expediente judicial. Allí estaba su rostro, con las secuelas de la brutal paliza que le había dado su esposo en abril de 2002. La foto, aún hoy, estremece”, recuerda Guillermo Berto, actual editor general del diario Río Negro. “Un mes después la entrevisté por primera vez personalmente: vivía refugiada en la casa de una amiga, cerca del estadio Ruca Che”, agrega y cuenta que en esa entrevista Ivana le dijo: “Ojalá que lo que tuve que vivir yo le sirva a otras mujeres que atraviesan situaciones similares y se animen a denunciar a sus maridos”. Berto remarca que dos meses antes del intento de femicidio que sufrió Ivana habían asesinado a María Alejandra Zarza, una joven empleada judicial que estaba embarazada de ocho meses. “Ivana sabía que ese podía haber sido su destino: morir a manos de un hombre violento”, asegura el periodista.

En 2002 Mario Garoglio intentó asesinar a Ivana. Eran pareja, tenían dos hijas y un hijo, y ella se quería separar. La golpeó con una piedra y la ahorcó con un alambre. La causa llegó a juicio. En ese entonces los medios contaban estos hechos como “crímenes pasionales”. Faltaba mucho para que la Red Par publicara su “Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia hacia las mujeres” (2008), y varios años más (2012) para que se incorporara en el Código Penal el delito de femicidio.

Fue la mirada atenta y crítica de periodistas como Berto y Mónica Reynoso (que en esos años conducía el programa “Se dice de mi” en Radio Universidad Calf), la que alertó que el de Ivana no era un “caso” más. O sí. Era la violencia machista en todas sus expresiones: física, psicológica, económica, institucional.

“Juzguen como hombres”, fue el pedido de la abogada de Garoglio, Alicia Garallo al tribunal durante el juicio por intento de homicidio. Con esa frase Berto tituló su crónica. “Y los jueces (y el fiscal del caso) lo hicieron: encontraron ‘circunstancias extraordinarias de atenuación’ en la conducta de Garoglio y le dieron una pena leve”, acota Berto. La nota periodística impactó en el activismo feminista de la época.

A Ivana la conocí gracias a la nota que escribió Guillermo Berto en el diario. Como Revueltas decidimos hacer un escrache a la abogada Alicia Garallo y el mismo día en las puertas del juzgado”, cuenta Ruth Zurbriggen, integrante de la colectiva feminista La Revuelta. “Luego de ese escrache Ivana se conectó con nosotras, nos dijo que un amigo le contó que su caso estaba en la tapa del diario y que había unas mujeres que reclamaban por eso. Ella le preguntó al amigo ¿reclaman a favor o en contra?”, recuerda Zurbriggen.

Ivana con las revueltas: Graciela Alonso, Ruth Zurbriggen y Liliana Papa. (Foto La Revuelta)

Un grupo de revueltas y las periodistas Mónica Reynoso y Victoria Alfonso visitaron a Ivana en su casa de Cinco Saltos. “Aquella tarde que la visitamos contó en detalle, como si no lo hubiese vivido ella sino otra, las circunstancias del ataque. Lo hacía con su vocecita tenue, su tonada mendocina, sus ojos grandes que habían visto todo. Recuerdo que al salir de su casa nos sentamos en el auto y sólo pudimos llorar”, relata Reynoso. “El primer día que la conocí fue en su casa, con sus dos hijas chiquitas y su hijo. Me sorprendió su claridad. Ivana ya no era una víctima, quería buscar justicia para ella y para sus hijas. Ya habían sufrido mucho y quería buscar la manera de reparar el daño y el maltrato no sólo de Garoglio, también de la justicia neuquina y del estado provincial”, dice Alfonso.

Reynoso recuerda una campaña que realizaron sobre la violencia de género y en la que utilizaron una foto Ivana. “Ella eligió una en la que estaba totalmente rapada, con magullones todavía”, afirma. Desde que salió del hospital Ivana supo que iba a transformar su sufrimiento en lucha.

Ivana Rosales y Susana Nieri en la presentación de “Ella se lo buscó”.

La sororidad entre mujeres fue parte de los vínculos que se construyeron con Ivana. “La visité en su internación, cuando salió de terapia, para llevarle nuestra solidaridad y ayudar en lo que necesitara. Siempre recuerdo su mano tomando la mía, cuando apenas podía hablar, casi en un susurro, me dijo ‘tengo miedo’”, rememora Estela Cavazzoli, integrante de Las del Encuentro. A partir de ese momento tejieron una amistad y un camino de lucha contra las violencias machistas.

Ivana sobrevivió a la violencia machista, a la violencia de la justicia, a la indiferencia de un Estado que nunca la acompañó. A pesar de la sentencia misógina y sexista, a pesar de enfrentar un nuevo juicio por el abuso de sus hijas por parte de Garoglio, a pesar de sufrir el suicidio de su hija más chica, Ivana eligió el camino de la lucha por una sociedad más justa con las mujeres. Filmó un documental, lo llevó a cada punto de la provincia, daba charlas sobre violencia de género y quería que su casa sea un refugio para mujeres víctimas.

¿Qué te dejó Ivana?

Estela Cavazzoli: “En lo personal siempre me impactó su rebeldía, su capacidad para transformar los golpes, la tragedia en lucha incansable, considero que no hubo chaleco capaz de frenar su potencial de rebeldía, ante las injusticias que le impuso esta sociedad patriarcal. Ivana seguirá siendo una hebra más de esta inmensa trama que es el movimiento de mujeres de la Argentina”.

Victoria Alfonso: “La convicción de que tenemos que seguir organizadas y luchando contra el maldito patriarcado. La justicia real para las mujeres no llega y por momentos resulta muy injusto y agobiante, pero estamos construyendo otra manera de estar en el mundo y, Abril, la hija de Ivana, es una claro ejemplo de esa construcción”.

Mónica Reynoso: “Me gustaría que su ejemplar coraje inspirara a muchas otras mujeres violentadas a diario y apartarme de esta frustración enorme, esta bronca y este dolor por haber perdido a esta compañera dulce y resuelta. Me gustaría evitar el cinismo de gritarles en la cara ‘ahí tienen ¿están satisfechos?’ a todos los que fueron matando a Ivana poco a poco. Me hubiese gustado no tener que escribir esto y acompañarla, en cambio, a inaugurar su último proyecto militante, brindar con ella por la vida de las mujeres como ella, mirándola a sus profundos ojos negros”.

Guillermo Berto: “Una parte de la vida de Ivana estuvo, todos estos años, reflejada en expedientes que deberían darle vergüenza al Poder Judicial y ser tomados como ejemplo de lo que no debe repetirse. La otra parte de su vida, la de una luchadora, que llevó su mensaje y su ejemplo a todas partes, es la que también voy a recordar para siempre”.

Ruth Zurbriggen: “Lo que más me enseñó Ivana es a pensar de manera renovada lo que en gran medida como activista feminista venía pensando, en relación a temas de violencias sexistas. No tomamos real dimensión de los enmarañamientos de las violencias masculinistas, hasta tanto no somos parte de esos acompañamientos. La complejidad de las violencias es tan difícil de explicar. La experiencia de acompañar parte de los reclamos de Ivana me hicieron deberle en gran medida mucho de mi actual capital político vinculado a las violencias. Aprendí de ella esa capacidad de persistencia, ese anhelo ferviente y fervoroso para que haya un poco de justicia”.

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