Javier Galarza: “El lenguaje crea realidades y la escritura da sentido”

Artes, SECCIONES
Javier Galarza

Este sábado 19 y domingo 20 Javier Galarza estará dando un taller/conversatorio sobre las Vanguardias Poéticas en la ciudad de Neuquén. La cita será en Antu, Avenida Olascoaga y Cabildo.

Por Maximiliano Navarrete

Galarza es un poeta porteño, profesor en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino, músico entre otras actividades. Desde 1997 a 2000, dirigió la revista Vestite y Andate. Es autor de los libros “Pequeña guía para sobrevivir en las ciudades (2001), “El silencio continente (2008)”, Reversión (2010) y Refracción (2012), entre otros. Así mismo ha publicado diversos artículos y ensayos que van desde análisis de Hölderlin, Rilke y Paul Celan hasta Alejandra Pizarnik.

¿Ya estuviste en Neuquén? ¿ De qué tratarán los talleres que venís a dar?

Primera vez que voy a Neuquén, tengo muchas expectativas, hay poetas de allá, como Maky Corbalán que me gustan mucho.
El sábado será un curso inicial sobre las vanguardias poéticas y el domingo un taller. La idea es analizar desde el romanticismo hasta el siglo XX, que es cuando terminan las vanguardias. También pensar la figura del intelectual que toma mayor preponderancia hacía fines de siglo.

¿Esto se relaciona un poco con el giro lingüístico entre la década del ‘70 y ‘80?

Sí, claro que tiene que ver. Fíjate también como se dio un triunfo del neoliberalismo en todos los sentidos. Es la década de Reagan, Thatcher y del pop. Entonces ahí hay un giro también en el arte. Aquí en Argentina estábamos en una post dictadura, estos aspectos sociológicos sería necio soslayarlos. También es una época donde mueren grandes faros intelectuales. No hay un nuevo Cortázar, un nuevo Borges, un nuevo Octavio Paz. El cambio es drástico en muchos sentidos, ¿no?

¿Cómo el poeta va construyendo mundos frente a una realidad contemporánea, en donde la percepción temporal es cada vez más volátil, vertiginosa e inclusive confusa? Lo asocio a la inmediatez de esta etapa digital que de hecho, también se complementa con la idea de “muerte de faros”. Creo que gráfica muy bien la ruptura del orden lineal del tiempo, ¿no?

Las redes tienen esto de la inmediatez y ocurre que así como hablábamos de los intelectuales faros que cada vez es un concepto más caduco. El lector puro es un concepto que también ha caído. Por ejemplo, cada vez se abren más editoriales al por mayor. Esto me llama mucho la atención aquí en Buenos Aires, hay un circuito independiente importante que está en constante aumento. Con la globalización sabemos que está ocurriendo inmediatamente en otros países. Esto implica sobre información también, de eso no hay duda. Así mismo, veo que en este tiempo volátil ha sido bueno para la reaparición de la derecha a nivel global. A mí me parece que indican el inicio de la posmodernidad, lo vengo pensando reiteradamente porque cada vez que la humanidad cree haber alcanzado un bienestar, un saber sea científico o sociológico, aparece un movimiento, como ocurrió cuando apareció el impresionismo en el medio del confort del Imperio Austro-Húngaro. Intuyo que algo tiene que caer definido con tantos quiebres. Por otro lado, volviendo a la poesía, su democratización a veces es difícil de discernir qué es bueno o qué es malo. Inclusive ese dualismo parece estar teniendo sus últimas batallas para no caer. Pareciera existir un relativismo absoluto. Este es el punto en donde el intelectual debe prepararse para surfear la ola de estos tiempos.

¿Un tiempo que podemos llamar transición?

Un tiempo que sin duda coacción a la poesía. Todos los poetas que meditamos a cerca de lo que hacemos, estamos en una fuerte oposición que es: estar afuera o esa tentación de los monjes que cuidaban el latín. Encerrarse y escribir. Entre el afuera y el adentro hay una tensión. Esto lo veo en mis colegas, porque por un lado uno dice “utilizo las redes y qué se yo” pero después viene esa nostalgia de un tiempo. Sin ir más lejos con los simbolistas, como Baudelaire o Mallarmé, que tenían una actitud un poco parecida a los monjes medievales e intentaban separar la poesía del vulgo. Esta oposición es muy notoria, uno sabe que las redes aportan mucha visibilidad pero por otro lado esa nostalgia. La idea de encerrarse en una torre de marfil, para mí, ha quedado un poco caduca. Creo que la pelea está afuera, no sirve arrogarse y quedarse encerrado. Hay que salir afuera, quedarse en el medio de la tormenta.

Recuerdo que una vez en una clase de astrología, el profesor hacía mención de Rilke como aquel que siempre invitaba a adentrarse en uno mismo. Buscar el encuentro con el otro pero desde la soledad que lo habita a uno, ¿será que el poeta puede permanecer en medio de la tormenta sin salirse de su individualidad, un diálogo eterno consigo mismo?

Mira Hölderlin quien es antecesor a Rilke, decía que “es misión de los poetas tener la cabeza desnuda bajo las tormentas de Dios”. Esto fue reformulado por los poetas rusos, quienes decían que los poetas tienen que estar en el tiempo. Entendiendo que esto no es algo dado sino es más bien, una manera de habitar. ¿Cómo habito este tiempo? Estoy a favor de esto, porque sino la poesía se vuelve clasista, confinado a la torre de marfil. De hecho, es un estar en el tiempo y leyéndolo, hay autores como Rimbaud o Kafka, que dan la hora antes de tiempo, en sus obras prefiguran el futuro. Es increíble como Rimbaud pudo ser un poeta vidente. Y esto, es todo un tema en una sociedad que no hace lugar al misterio. Esta época es interesante y confusa. Las redes proponen de manera anárquica una producción que le escapa la lógica del mercado. Esta enorme profusión de lo literario da confusión junto con esto que mencionábamos como la caída de ciertos faros intelectuales, ¿no? ¿Qué sobrevivirá a este maremoto informático?

Estuve leyendo una reseña de tu libro “Cuerpos textual izados” y más allá de que me gustó mucho como género epistolar; me quedó resonando la idea de que el lenguaje no tiene tiempo ni espacio.

Hölderlin decía que somos en tanto dialogo. Salirnos del libreto cotidiano, de la palabra banal, la charlatanería neurótica. Poder llegar a esos momentos en el que dialogo cobra un vuelo sutil. Lacan lo llamaría palabra plena. La palabra que profundiza en relación a los planetas por ejemplo, como plantea la astrología, campo que me interesa. Así rescatar la correspondencia con los medios actuales que con la posmodernidad quedó relegado, puede ser un medio viable a buscar una profundidad en el lenguaje. Tomar una actitud de dialogo es un antitotalitarismo, porque el que se adjudica la verdad cae del lado de lo totalizante. Si somos palabra en tránsito, algo se abre, claro está que tiene una implicancia política. Una escucha y no un discurso político o militante armado. Por eso los poetas tienen que escuchar su época. Mandelstaun el poeta ruso que murió en los campos stalinistas escuchó su época, Hölderlin en la revolución francesa o Miguel Ángel Bustos, poeta desaparecido en la dictadura militar, todos ellos escucharon su época. No es sencillo escuchar el contexto y encontrar la brecha en donde filtrar algo novedoso y creativo, esto siempre es posible mediante la palabra-encuentro. Recuerdo siempre que Lacan dijo “entre dos personas hay la palabra o la muerte”, hay que apostar a la palabra.

Hemos hablado de cómo el poeta puede vaticinar aspectos de los tiempos venideros a través de la escucha, ¿cómo se transforma esto en un acto creativo?

Soy de leer mucho a ciertos poetas chinos, en donde la contemplación es muy importante. Creo que la poesía tiene esa facultad de hacer convivir varios momentos hasta llegar al acto creativo. Siempre fundado movimiento, nunca cerrando. Pienso en como la mayoría de los libros sagrados de las religiones tiene formato poético. Perderse de lo metafórico y adentrarse en lo totalitario genera dogmatismo, moralismos y corporaciones. Pareciera que fuesen discurso que intentan abolir la particularidad. Se traslucen en estereotipos y modas que implementan un cierre, dejando de lado la palabra como apertura, negando el encuentro.

Comparto esta reflexión. Me hace pensar en un libro llamado “Rebeliones éticas, palabras comunes” que leí hace poco en donde el prólogo está conformado por diez cartas y el resto del cuerpo del libro son entrevistas del autor con importantes filósofos contemporáneos. El libro no busca un dialogo lineal ni certero, sino más bien lo meditativo que tiene el dialogar con otra persona…

Esta estructura me interesa porque ya de por sí hay intercambio. El tema es no olvidar lo importante de lo intercambio. Cuando doy un curso espero eso, que me saquen del casete, que sea disruptiva la propuesta de los participantes. Disfruto mucho cuando ocurre lo inesperado, cuando alguien emite una pregunta que abre a un campo nuevo o por qué no a un replanteamiento.

¿Esto se relaciona con lo que plantea Hayden White no?

Sin duda, el lenguaje crea realidades y la tipología textil de la escritura da sentido. Juntas abren posibilidades y pueden dar nuevos emplazamientos a las subjetividades, un nuevo lugar para el sujeto. Lo cual es fuertemente creativo.

Cuando lo genuino aparece sin ser buscado, desde mi óptica esto se vuelve complejo a veces entendiendo que desde el minuto cero en la escuela nos enseñan a generar respuestas y no interrogantes…

Bueno vos fíjate que Heidegger tiene un artículo que se llama “La ciencia no piensa” que es un tanto cierto porque en ultima siempre se está buscando la solución a algo. En un diario, en la parte laboral, no aparece ningún comunicado que diga “se buscan jóvenes con inquietudes existenciales” sino todo lo contrario. Esto obtura la búsqueda, el extravío o ir por un camino y perderse, lo cual es sumamente creativo porque permite encontrar otras cosas. Moverme a lo nuevo, lo distinto, lo que sorprende. Para mí en el momento que Platón echa a los sofistas de la República, es cuando nota que en la escritura hay un germen de anarquía, es un poco el análisis que realiza Dérrida.

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