Es necesario un cambio cultural desde una pedagogía feminista para derrumbar el heteropatriarcado

Géneros
#Niunamenos en Neuquén. Foto Emiliano Ortiz (archivo).

por Jorgelina Freire*

“Y a vos, ¿dónde te duele el patriarcado?”, me preguntaron hace poco y, definitivamente, me duele el “Ni una menos”. A pocos días de conmemorarse el tercer aniversario de esta marcha, la violencia hacia las mujeres crece, se multiplica y se expande de nefastas y diversas formas, resulta ser que hoy la consigna “ni una menos vivas nos queremos” se transforma en un eco que se repite, cada día más intenso y ensordecedor.

Lejos de disminuir, las estadísticas muestran que los índices de violencia de género son cada vez más alarmantes: cada 18 horas muere una mujer en Argentina. Estos datos reflejan una realidad que nos espanta y moviliza internamente, entonces, nos preguntamos una y otra vez: ¿por qué? ¿a qué se debe?

Esta oscura realidad no hace más que reflejar el contexto histórico de la sociedad en la que vivimos donde pareciera que la solución mágica radica en castigar con penas más duras, sin considerar primordial pensar en su prevención.

Esta mirada casi exclusivamente punitiva parece difícil de revertir considerando que estamos en un contexto en el que la pérdida de derechos de las personas se pone a la orden del día y las políticas se tiñen de un color represivo. Este tipo de políticas tienen una responsabilidad directa en la desestructuración del trabajo, impulsado por el capitalismo y el rol que ocupan las mujeres. Capitalismo y patriarcado son dos caras de la misma moneda que perpetúan las desigualdades y ejercen un poder absoluto sobre la vida de las mujeres.

En este sentido, Silvia Federici, historiadora feminista, establece una conexión entre la crisis sistémica del capital y el incremento de las diferentes formas de violencias hacia las mujeres. “Existe un nuevo ataque, como el que se produjo en la acumulación originaria, directamente contra el cuerpo de la mujer, contra su capacidad de controlar la procreación, un ataque que es diferente según los lugares”, dice Federici. “En el periodo de la acumulación originaria el capitalismo dio las mujeres a los hombres como compensación por la tierra que habían perdido, el inicio de la sociedad moderna, el inicio del capitalismo comienza con el exterminio de mujeres con la acusación de que las mujeres pobres eran enemigas de la sociedad, para ello la caza de brujas ha servido sobre todo al control del Estado sobre el cuerpo de las mujeres. Hoy, el cuerpo de las mujeres es sustituto del salario y el empleo que han perdido los varones”, continúa la autora. El sistema capitalista no hace más que profundizar las violencias hacia las mujeres en el siglo XVI y XVII fue la caza de brujas, hoy 2017 son los femicidios.

En estos tiempos creo importante seguir reflexionando acerca de la necesidad de profundizar la deconstrucción de los discursos que fortalecen las desigualdades e inequidades en torno a los géneros socio-sexuales. Poner en acción la teoría feminista sería uno de los desafíos.

En los últimos años se han visto florecer diversos espacios de capacitación y formación en torno a visibilizar la perspectiva de género, pienso que aún falta el hecho empírico, hacerlo carne, llevarlo a la práctica en la vida cotidiana. Hasta que no tengamos el compromiso individual y colectivo de trascender las inequidades de género a partir de la reflexión que cada persona pueda hacer de sí misma y de cómo nos atraviesa el patriarcado creo que es muy difícil que podamos imaginarnos un mundo sin violencias. No es algo que le pasa a la otra persona: es algo que nos está pasando a todas.

Cuando hablamos de derechos de las mujeres estamos hablando de algo que no es nuevo, lo nuevo es la conciencia colectiva en torno a la necesidad de equiparar derechos, la difusión mediática y la manera que tenemos hoy de abordarlo. Hoy no es lo mismo que hace 60 años, cuando las mujeres, por ejemplo, no votábamos porque éramos consideradas ciudadanas de segunda. Hoy votamos y tenemos algunos derechos más que hace 60 años pero ¿por qué no alcanza? ¿por qué no alcanza para ganarnos el respeto?

El análisis de la antropóloga Rita Segato es más que interesante, a la hora de definir al acto violento contra las mujeres dice: “Las relaciones de género son un campo de poder. Es un error hablar de crímenes sexuales, son crímenes del poder, de la dominación. El violador es el sujeto más moral de todos ya que en el acto de la violación está moralizando a la víctima. Cree que la mujer se merece eso”. Este acto “moralizante” es un mensaje que se da a toda la sociedad en su conjunto.

Ambas autoras, tanto Segato como Federici, creo que tienen una claridad y lucidez en sus pensamientos y análisis que debemos tener en cuenta a la hora de observar este contexto. Debemos pensar estrategias para romper con la lógica heteropatriarcal y con el estereotipo de mujer construido, pienso que es fundamental trabajar desde una pedagogía feminista, ya que es el sistema educativo uno de los espacios donde se perpetúan los roles diferenciados, las escuelas, las universidades, son espacios donde se disputan saberes y poderes que luego van a generar conciencias más o menos despiertas en torno a estas problemáticas. Creo que todavía queda un largo camino por recorrer y por deconstruir. La mirada feminista es indispensable para lograr este objetivo.

Desde mi experiencia personal como docente hace diez años era muy difícil en ámbitos académicos universitarios plantear la incorporación de la perspectiva de género, muchas veces ninguneado y bastardeado, el concepto feminista era el chivo expiatorio al que todas y todos culpaban de reforzar los desencuentros ideológicos. “No suma”, “resta” eran algunas de las reflexiones lo que evidencia el desconocimiento y las resistencias que aún hoy siguen vigentes en dichos ámbitos.

Considero importante destacar que el gobierno nacional tiene la responsabilidad de poner en marcha políticas concretas (no sólo para la foto) como: reglamentar las leyes sancionadas en materia de género y asignar presupuesto para aplicarlas, esto es de vital importancia para desandar las inequidades y las violencias, sin embargo esto no será suficiente, es necesario un cambio cultural, un derrumbe del paradigma heteropatriarcal y normativo.
*Profesora en Historia de la Unco, especialista en Estudios de la Mujer y de Género por la Unco. Maestranda en el posgrado de Género y Políticas Públicas por Flacso.

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