Un neuquino musicalizó “La Livertá”, una película sobre Bayer

Artes

Fernando Bertolami fue el encargado de musicalizar la película La Livertá, sobre Osvaldo Bayer, escrita y dirigida por Gustavo Gzain. Bertolami, en diálogo con 8300, manifestó estar orgulloso de que sea un neuquino quien musicalizó este largometraje. “Asumo que fue un trabajo realmente placentero el de dar vida emotiva musical a las escenas de La Livertá”, aseguró.

Debemos entender de una vez que un proyecto que nace en el interior tiene mas fuerza cuando el equipo de personas que lo conforma también son del interior”, dijo buscando interpelar a los y las realizadoras audiovisuales. “Esto tiene que ser un motor, funcionar como ejemplo de que en las provincias hay artistas de todo tipo altamente formados y capaces para afrontar cualquier propuesta de alcance nacional e internacional”, agregó. “No todo es Buenos Aires en Argentina”, aseguró con énfasis.

El trabajo de Bertolami en el film fue a partir de obras de el músico clásico Schumann ya que Bayer es aficionado a su obra. También trabajó sobre “Oblivion”, una pieza de Piazzolla y sobre una obra de Ziloti, un compositor ruso.

Desde su infancia Bertolami estuvo interesado por la música, para un cumpleaños su tía le regaló un piano de juguete. “Podría decirte, con seguridad, que la motivación que despertó en mi ese pianito jamás se detuvo, sino todo lo contrario”, recordó. A los 15 años su abuela para una navidad le regaló un CD de Chopin, para él, ese suceso fue el que marcó el rumbo de su carrera pianística hacia la música clásica. La fascinación fue tal con Chopin que aseguró que después de escucharlo regalo los 30 CD que tenía de diversos géneros y se quedó sólo con ese. “Durante cinco años no quise saber, ni escuchar, ni sentir otro tipo de género musical salvo la música clásica y en especial este CD de Chopin que conservo con mucho afecto y cariño”, relató.

Cuando desde la producción de “La Livertá” le ofrecieron musicalizar la película, inmediatamente aceptó. “Era más que interesante abordar una nueva estética de trabajo a lo que habitualmente hacemos los músicos clásicos y más aún tratándose de Osvaldo Bayer, a quienes todos respetamos y admitamos por su gran labor social”, narró el músico.

El trabajo de grabación fue concentrado en un día durante nueve horas. “Recuerdo que llovía y hacía mucho frío y más aún en el interior del teatro donde se encontraba el piano, calculo que hacían unos siete grados y, claro, mis dedos estaban totalmente congelados”, rememoró el músico. El sonidista pidió apagar todos los sistemas de calefacción y que se saque su campera de plumas porque “los micrófonos que monitoreaban el piano captaban todos los sonidos adyacentes”, según explicó el músico. “Debí calentar los dedos petrificados durante una hora aproximadamente hasta que empecé a sentir poco a poco que tenía cinco dedos en cada mano, la temperatura se mantuvo firme durante nueve horas pero a Gustavo (Gzain) se le ocurrió la genial idea de poner cerca del piano una pantalla de luz, de esas que se utilizan para fotografía, y la verdad que funcionó”, finalizó el relato.

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