“Esta bicicleteada no es mía, no es de ATEN, es de ustedes”

Educación, SECCIONES

Esas fueron las palabras de aliento de la organización en la última parada para llegar hasta Neuquén. 41 kilómetros, más de 500 bicicletas y el homenaje a diez años del asesinato de Carlos Fuentealba.

Por Malén Varela y Alba Fernández

Bicicleteada para no olvidar. Foto Aten.

La mañana comenzó temprano. A las 6 en punto, en la sede de Aten Provincial ya había una fila de ciclistas que esperaba su turno para subir su bicicleta al camión. Había bicicletas de todos los colores. Algunas de carrera, otras todo terreno, playeras, modernas y antiguas. La ida con mucha ansiedad, nervios y también nostalgia, también se fue temprano aquel 4.

Los tres micros nos llevaron hasta Arroyito en una caravana lenta. Durante el viaje algunas compartían un mate, otros comentaban experiencias de bicicleteadas anteriores. El clima era de fiesta.

La llegada a Arroyito nos dejó la certeza de estar ahí para “homenajear a Carlos” y es por eso que se emprendió en ruedas y a pedal. Cerca de las diez, la primera parada en Senillosa: desayuno, ir al baño y seguir juntando las energías para continuar viaje.

La organización fue en todo momento impecable. Un compañero iba al frente y marcaba el comienzo de la marcha, nadie podía adelantarse. Lo mismo que con el compañero que iba al último. Dos profes con una pechera con una cruz roja pedaleaban a la par nuestra. Las y los compañeros del cordón de seguridad estaban identificados con una pechera naranja circulaban de mano izquierda marcando el borde de nuestra marcha.

Durante las más de cuatro horas de pedaleada conversamos, saludamos a los automovilistas que pasaban tocando bocina, cantamos, nos reímos, paramos para descansar y tomar agua comer alguna fruta, disfrutamos del paisaje que nos ofrecía el valle otoñal y recordamos aquel 4 de abril hace 10 años.

“¡Vamos compañeros y compañeras que falta poco!”, otra vez sobre el cemento los más de tres kilómetros de bicicletas. El esfuerzo multiplicado en todas las edades. La mezcla de cansancio y ganas de llegar en la última parada de la “Bicicleteada para no olvidar”. En la escuela de Plottier esperaban los compañeros y compañeras con fruta, agua para repartir y el agradecimiento por seguir sumando, como desde hace cuatro años, a la actividad.

Foto Aten.

La llegada fue asombrosa -¿Seguirá la marcha? Nos preguntábamos. -¿Se habrán ido todos? Ya en Plottier comenzamos a ver algunos pequeños grupos de personas que se apostaban en las esquinas para saludarnos. Llegando a la calle Gatica hicimos un pequeño alto para esperar a las y los compañeros que venían rezagados. Así, juntas y juntos, recorrimos los últimos metros de nuestro recorrido. Eran casi las dos de la tarde.

Llegar desde Arroyito, además de ser una imagen repetida, es una imagen conmovedora. Una vez más la columna de la marcha esperaba a quienes volvían del lugar en el que Carlos “dio su última clase”. Y quizá, por eso es que es tan emocionante.

El cordón que se iba armando a nuestros lados tenia cada vez más gente. Compañeras y compañeros de escuela, amigas y amigos, conocidas y desconocidos a quienes íbamos saludando con cuidado para no llevarnos puesta alguna bicicleta. La emoción iba creciendo. La nuestra por haber llegado después del cansancio, la de las y los compañeros pero vernos llegar y así nos fundimos en una marea de miles de personas que estaba ahí por lo mismo: Recordar a Carlos, exigir justicia completa por su muerte y celebrar su vida.

Ahora es una postal que se resignifica, ya no es volver con un compañero menos, la bronca, la indignación y el olor a gas lacrimógeno. Sino, regresar a Neuquén siendo miles de compañeros y compañeras, con la alegría rebelde por la justicia completa para Carlos, y con el abrazo de más de quince mil personas.

“(..) no creo, que nadie pueda convencerme de que el placer que empieza y termina en uno mismo pueda remotamente siquiera compararse con la exaltación y el goce de intentar cambiar el mundo (..) No concibo mejor vida que una dedicada a la efervescencia, a las ilusiones, a la terquedad que niega la inevitabilidad del caos y la desesperanza. Nuestro mundo, lleno de potencialidades, es y será el producto del esfuerzo que nosotros, sus habitantes, le entreguemos (…)”.

Gioconda Belli, en su libro El País Bajo mi Piel

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