#8M: “Señores jueces, no escuchen al abusador, escuchen a las víctimas”

Columnistas, SECCIONES

Por Mujeres Andando (Cipolletti)

Si hay algo insoportable para nosotras, madres de niñas y niños abusados sexualmente, es su dolor.

Sabemos que su desarrollo no será fácil, que les costará relacionarse, que el horror padecido volverá una y otra vez a sus vidas. Nosotras sufrimos junto a ellas y ellos. Por eso cuando los jueces no pueden (¿o no quieren?) escuchar a nuestras hijas y nuestros hijos abusados, el sufrimiento crece y se hace más insoportable. Y no nos resignamos a la injusticia de la justicia.

Movilización en Cipolleti por los abusos. Foto Info Allen.

Sin embargo, todo el sistema judicial está preparado para que desistamos de buscar reparación. Desde los despachos oficiales del Poder Judicial han tratado de persuadirnos para que abandonemos la causa. Una de nosotras tuvo que escuchar el siguiente consejo de una funcionaria judicial, en sede judicial: “Bajá la persiana. Total, a la nena le da igual si va preso o no va preso, si la nena no entiende nada… Yo con tus zapatos camino tranquilamente. Yo con los únicos zapatos que no camino tranquila es con los de una madre a la que le mataron un hijo, pero yo con los tuyos camino tranquilamente. Bajá persiana, evidentemente hay cosas de tu vida pasada que no tenés resueltas, por eso te ponés como te ponés”.

Está más que claro que esta funcionaria desconoce lo que se sabe hoy sobre abuso sexual y, sobre todo, lo que se ha investigado y avanzado en los derechos que asisten a las víctimas de abuso. Es probable que no haya leído el manual “Abuso Sexual en la Infancia: Guía para orientación y recursos disponibles en CABA y Provincia de Buenos Aires”, editado por FEIM y disponible en PDF con sólo hacer un click. En la introducción, la guía dice: “El abuso sexual en la infancia es una realidad muy invisibilizada en nuestro país. Tiene severas consecuencias para el desarrollo individual y social de miles de niñas y niños. Es una de las formas de abuso de poder y dominio sobre la niñez más dolorosa. Durante décadas las voces de gran cantidad de niñas y niños víctimas de abuso sexual fueron silenciadas y continúan siendo en gran medida. Silencio sostenido por el abusador a través de amenazas y manipulación; por las familias, quienes en pro de mantener la “unidad familiar” postergan los derechos de los niños/as; y por las múltiples instituciones que no son capaces de detectar, escuchar y actuar para proteger y velar por la integridad psico, física y social de las niñas y niños abusados sexualmente”.

Necesitamos funcionarios judiciales que puedan escuchar a una niña como R., que cuando tenía cuatro años hablaba con los labios sellados, se hacía pis y caca, tenía pesadillas, se comportaba con actitudes hostiles contra su papá, decía que había arruinado a la familia, pedía ser libre de sus secretos que le daban vergüenza y que, cuando tenía seis años, pasó por cuadros de bulimia y anorexia. R. va ahora a la escuela con una virgencita para que la proteja.

R. es una de las víctimas de Carlos Richard Mesa, que durante las clases de música del jardín 85 (¿habría que decir que era el “maestro”?) abusó sexualmente de las niñas y los niños que tenía a su cargo, aprovechando su posición de poder como adulto, amenazándolos y manipulando la vulnerabilidad de sus víctimas.

En cámara Gesell, los propios compañeritos de R. la señalaron como una de las “preferidas” del “maestro” y ella dijo que sus “secretos le daban mucha vergüenza”. Fue por vergüenza que no pudo contar todo lo que pasaba en el jardín, pero dijo que pasaban “muchas cosas malas” y que “el profe se portaba muy mal”. Sin embargo el juez consideró insuficientes las palabras que la niña pudo expresar y dictó falta de mérito para procesar a Carlos Richard Mesa.

Fue el 26 de diciembre del año pasado cuando el juez Santiago Márquez Gauna dictó esta resolución. Un amargo regalo de Navidad para las madres que venimos sosteniendo esta batalla por verdad y justicia y por que en el futuro nuestras niñas y nuestros niños sepan que buscamos alguna forma de reparación al sufrimiento que padecieron, tan pequeñas, tan pequeños, en el lugar adonde iban a jugar y a aprender, a cantar y a disfrutar de su infancia.

Al contrario, en las clases de música Mesa inventaba juegos colectivos e individuales para abusar de sus alumnos, bajo amenaza. ¿En el jardín 85, un lugar con sólo dos salitas, nadie escuchó nada, nadie vio nada, nadie sospechó nada? Desde el inicio del ciclo hasta setiembre de 2014, cuando estallaron los secretos que los niños fueron obligados a callar, efectivamente nadie vio nada, nadie escuchó nada, nadie sospechó nada, aunque desde junio se conocía la denuncia de una de las madres.

Por eso estamos convencidas de que en el jardín 85 todos los niños fueron víctimas de un modo u otro.

Ahora nos movilizamos por la falta de mérito en la causa de R., cuya psicóloga la describió en un informe oficial con “conductas sexualizadas, tales como abrirse de piernas y tocarse los genitales mientras se le está hablando”. Los dibujos que realizó a pedido de la psicóloga, son figuras humanas que “presentan omisión de la boca, lo cual refleja sentimientos de angustia, inseguridad y retraimiento, inclusive resistencia pasiva, y revela incapacidad o rechazo a comunicarse con los otros”. Uno de los dibujos “presenta la ausencia de un brazo lo cual puede referir a sentimientos de culpa por conductas socialmente inaceptables”.

La resolución del juez Márquez reconoce que Mesa “abusó sexualmente de la menor mediante actos de tocamientos en la zona genital” y “promoviendo la corrupción de la menor con prácticas netamente sexuales, las cuales afectaron el normal desarrollo sexual de la niña, provocando de esta manera daño psicológico irreversible”.

Aclara que “no se trata de un suceso aislado, sino que se enmarca dentro de una pesquisa mayor, que se llevó a cabo sobre una gran cantidad de niños, aproximadamente 37”. Y a pesar de resolver la falta de mérito, reconoce también que la niña “ha relatado sucesos en el jardín y hace referencias múltiples a que pasaban cosas feas”, dice que “no puede perderse de vista que hay un constante pudor” y que “la vergüenza permite suponer que la niña no ha referido todo lo que le sucedió”.

Eva Giberti, una prestigiosa psicoanalista experta en la temática y directora del programa institucional Las víctimas contra las violencias, ha relatado el caso de una niña que “expresa claramente que está cansada de todo y precisa sentirse tranquila, y descubre que la retractación es el camino para retroceder respecto de aquello que añade tanto dolor”.

“Quienes tienen práctica en estos temas saben que es esperable que esto ocurra”, dice Eva Giberti. Como madres ya experimentadas en recorrer oficinas y tribunales, vemos que este saber no está muy extendido por acá y que, por el contrario, ante la duda se resuelve desoyendo a la víctima.

No ocurrió lo mismo en Morón el 24 de noviembre pasado, cuando los tribunales condenaron a 22 años de prisión a un profesor de educación física que había abusado de sus alumnitos, niñas y niños de dos a cuatro años. Las víctimas fueron escuchadas en una sola declaración en cámara Gesell, que se tomó en cuenta porque coincidió con otros testimonios, y porque se consideró que la cámara Gesell no permitía resultados fehacientes debido a la edad de las víctimas.

Las madres de Mujeres Andando nos hemos reunido para buscar justicia como mínima forma de reparación al sufrimiento de nuestras hijas y nuestros hijos. Ante horas decisivas para las causas que venimos impulsando, reclamamos la debida formación y la escucha sensible de los funcionarios judiciales que deben atender estos delitos que, para nuestros hijos, tienen las mismas consecuencias que las sesiones de tortura.

 

Deja un comentario