#8M: Transformaron la bronca en militancia y testificaron contra un acusado de abuso sexual

Géneros, SECCIONES

Tres mujeres que fueron citadas por la fiscalía en el juicio a un fotógrafo acusado por abuso sexual a una menor cuentan cómo fue su experiencia al declarar y cómo pudieron transformar la bronca en militancia, desnaturalizar las violencias y convertirse en activistas feministas.

por María Pía Borja 

Intervención de La Revuelta en el primer día de audiencia – (Iris Sánchez)

El 6 de marzo, dos días antes del Paro Internacional de Mujeres, comenzó el juicio a Ernesto Olivera, fotógrafo conocido como “el Pollo”, por abuso sexual gravemente ultrajante a una adolescente de 14 años en su casa, después de una sesión de fotos al aire libre. El caso salió a la luz el año pasado luego de una agresión que sufrió Olivera, quien también tiene nueve denuncias de mujeres a las que les sacó fotos que posteriormente aparecieron en sitios pornográficos sin su autorización, tres de ellas menores al momento de hacer las fotos.

Ayelén, Agustina y Luz, tres de las denunciantes en la causa por las fotografías, fueron citadas por la fiscalía para testificar en el juicio por abuso sexual. El año pasado, en el contexto de uno de los escraches que se le hicieron al fotógrafo, desde la colectiva feminista La Revuelta explicaron: “En los relatos (de las mujeres fotografiadas) se visualiza un modus operandi sexista y acosador, presente tanto en las formas y lugares de captación, como a las artimañas con las que convencía a las jóvenes. Todas reconocen, además, que Olivera usaba su condición de discapacitado motor, como recurso para generar confianzas”. El abogado del fotógrafo es Juan Coto, quien es defensor también de otros hombres acusados de abuso sexual.

Olivera, que testificó el 6 de marzo, no participó de la audiencia “por problemas de salud”. “Fue un alivio saber que él no iba estar, iba a ser muy perturbador tener que verlo. La sala es muy chica, hubiese sido horrible”, cuenta Luz. Sobre las preguntas del defensor, las mujeres cuentan “se hizo mucho hincapié en que éramos activistas, en que éramos de La Revuelta, en que éramos feministas”. “Las tres empezamos a militar en La Revuelta después de hacer las denuncias, ninguna era parte antes o cuando esto empezó”, aclara Luz. Agustina narra: “Estuvo bastante incisivo con el tema del activismo, me preguntó cosas muy específicas como si en el transcurso de la última semana había hecho publicaciones en mi facebook relacionadas con el juicio, si conocía a la denunciante y a su familia y de dónde”.

Intervención de La Revuelta en el primer día de audiencia – (Iris Sánchez)

Ayelén, Luz y Agustina comenzaron a militar en La Revuelta justamente después -y a causa de- las denuncias a Olivera. “Tuve un acercamiento cuando nosotras presentamos la denuncia porque nuestras fotos habían aparecido en páginas porno y ahí directamente me metí a militar. La situación por la que tuvimos que pasar con lo de las fotos a mi me interpeló directamente a empezar a involucrarme más, casi inmediatamente empecé a militar”, cuenta Agustina. Las tres hicieron recorridos similares. “Encontramos un espacio en el que no solo nos sentimos contenidas con las cosas que nos habían pasado a cada una de nosotras en nuestras vidas sino que empezamos a poder poner eso en algo físico y ayudar a otras mujeres”, señala Luz. “Empezamos a comprometernos más por el caso en sí y después nos comprometimos con todas las mujeres, es lo que te pasa cuando empezás a militar en el feminismo”, reafirma Agustina.

Llegar a donde están hoy les exigió desnaturalizar una serie de prácticas y entender que no eran culpables de las manipulaciones de Olivera. “A mi me llevó mucho tiempo identificar que eso no era responsabilidad mía. Toda mi construcción dentro del feminismo hizo que pudiera empezar a desarmar todas esas cosas que una tiene aprendidas y empezar a construirlas de otra manera y desde otro punto de vista”, reconoce Luz. “Es muy fácil naturalizar hasta que te corrés y ves que hiciste cosas que no querías, que él manipuló la situación de equis manera para que yo llegue a lo que llegué”, agrega.

Sobre este proceso que vivieron, Agustina explica: “Yo creo que nunca dejás de resolverte, porque milites o porque estés cercana al feminismo o porque tengas una lectura crítica de las cosas que nos pasan a las mujeres no tenés todo resuelto, todo el tiempo te tenés que estar revisando, no sólo nosotras: todas. Somos contradictorias porque fuimos socializadas de esa manera. El feminismo lo que hace es interpelarte todo el tiempo, todos los días, en todo lo que decís, en todo lo que hacés, para nosotras es un camino nuevo el del activismo que implica replantearse un montón de cosas”.

Escrache a Pollo Olivera. Foto Emiliano Ortiz.

Agustina habla sobre cómo era la manipulación de Olivera: “El tipo tenía sus mecanismos para hacerte creer que eso que hacías era estar empoderada, él me decía ‘vos, que sos una mina aguerrida, que sos una mina que se independizó a los 18 años, cómo no te vas a animar, esto es transgresor’”, recuerda. “Él sabía con quién estaba tratando, no trataba a todas las chicas por igual, tenía en cuenta tu historia, generaba el vínculo primero, se adueñaba de algunas cosas que vos le contabas de tu vida y las usaba”, afirma. “Y también las usaba para después contarle al resto y manipularlas con eso”, agrega Ayelén.

También tuvieron que lidiar con los prejuicios ajenos: “Todavía hoy nos siguen preguntando por qué nos pusimos ahí para sacarnos una foto, por qué fuimos más de una vez si nos sentimos incómodas. Hoy me lo preguntaron en el juicio. En su momento también sacarse fotos con el Pollo era estar en una elite de chicas de Neuquén, entre las más lindas”, reflexiona Ayelén. “Hay que hacerse cargo y decir ’yo me saque fotos, no, nadie me obligó pero la verdad es que no estaba de acuerdo con cómo se sacaron esas fotos, si yo hubiera elegido hubiera elegido otra manera de hacerlo, no yo no accedí en realidad por motus propio a sacarme la ropa’, de eso hay que hacerse cargo, tiene un costo social, cuando salió todo a la luz tuvimos que bancarnos esas repercusiones en la opinión pública, en ciertos medios hegemónicos que nos culpabilizaron. Tampoco es fácil, tenés que salir de tu zona de confort y hacerte cargo de tus contradicciones”, asegura Agustina en la misma línea.

El prejuicio, los estigmas y la culpabilización de ciertos sectores de la sociedad y de los medios hegemónicos fueron factores que hicieron más complicada la transformación de la bronca en militancia, pero es ahí donde estuvieron las feministas organizadas. “Para mi el rol de La Revuelta fue súper importante en ese momento porque si bien todas queríamos hacer algo, hubo una articulación que hicieron ellas que logró que se canalice bien”, observa Luz. “Eso es lo que tiene La Revuelta o las organizaciones feministas en general, es que salen de la etapa de catarsis, pudimos canalizar en acciones concretas y eso es super reparador también porque se hace siempre cuidando de las otras”, opina Agustina.

Escrache a Ernesto Olivera en Neuquén. Foto La Revuelta.

La Revuelta, que no ha dejado de llevar acciones de denuncia y visibilización, tuvo un rol fundamental no sólo al inicio sino hoy, acompañado en la instancia de declaración. Las mujeres dicen que fue un privilegio tener a sus compañeras esperándolas con un abrazo cuando salieron de declarar y suman a la pertenencia a una organización el privilegio de ser mujeres de clase media y de que el juicio haya comenzado en un tiempo menor al de la mayoría de los casos. “Eso está directamente relacionado con la visibilidad que le dio las organizaciones de mujeres, no hay que desconocer la presión que ejercen”, analiza Agustina.

“La Justicia es una institución totalmente hostil, nosotras íbamos preparadas y pasamos un momento de angustia, sentimos que no nos iban a salir las palabras, nos pusimos nerviosas, se nos cortó la voz, no me quiero imaginar si una mujer tiene que relatar un ataque sexual o una situación de violencia más explícita con esos tipos mirándote que no tienen ningún tipo de expresión en la cara, no hay ningún signo de demostración de empatía ahí adentro, estás sola, con tipos, todos hombres”, dice en referencia a los jueces que en esta causa son Diego Piedrabuena, Cristian Piana y Martín Marcovesky.

Escrache a Olivera en el centro de Neuquén. Foto: Emiliano Ortiz

Ayelén, Luz y Agustina están “felices y ansiosas” por el Paro Internacional de Mujeres, y dicen que va a ser “una fiesta donde se puede resignificar todo lo malo que nos pasa y que les pasa a otras” y celebran que en Neuquén todas las feministas se hayan podido unificar en una sóla bandera. “Qué impronta más fuerte que en este contexto de recrudecimiento de las violencias contra las mujeres, contra nuestros cuerpos y contra nuestras libertades nosotras salgamos a festejar, eso es lo más revolucionario”, concluye Agustina.

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