“Al sistema penitenciario no le gusta que los presos se eduquen”

Derechos de la humanidad, PLAN C, SECCIONES

Dos estudiantes de comunicación dejaron los prejuicios a un lado y comenzaron a dar clases en contexto de encierro. Yanina y Martin brindan cátedras de Producción, Comunicación y Literatura en la U5 de Cipolletti.

Por María Ángeles Galeazzi 

Unidad 5 de Cipolletti. Foto archivo 8300web.
Unidad 5 de Cipolletti. Foto archivo 8300web.

Martin Pedersen es estudiante de Comunicación Social en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Fadecs) de Fiske Menuco. Dio clases durante dos años en el penal de esa ciudad y este año comenzó a dictar materias del área de Comunicación en la Unidad de Detención 5 de Cipolletti. Para Yanina Lamas esta es la primera vez como educadora en un contexto de encierro. Los 20 kilómetros que hay que recorrer para llegar a la cárcel y los miedos y prejuicios a vencer son las principales razones que relegan estos cargos a estudiantes sin título de grado.
“Estar detenido debe ser muy complicado y pensar cómo la cárcel se hace cuerpo. El encierro es además de una situación material y concreta, una operación psicológica de destrucción del individuo. Opera psicológicamente muy fuerte”, opinó Martin pero aclaró que a pesar del contexto los estudiantes “valoran el espacio áulico y tienen respeto por el lugar. Es un clima muy ameno, porque afuera te tenes que enfrentar a otros climas complicados con la cantidad de estudiantes y los problemas edilicios de las escuelas”.

Yanina se animó a tomar horas en el penal y a re-pensar sus propios prejuicios y del entorno que la rodea. “Que una mujer esté trabajando en un sistema penitenciario de hombres es difícil, pero me tratan como una madre porque son los códigos que manejan dentro del penal. Me valoran y me aprecian mucho. No pasa un mes sin que alguno me diga que valoran que yo esté trabajando ahí. Eso no me pasa con la gente de afuera. Ninguna de las personas que convive conmigo me dice que la educación puede ser una herramienta de trasformación”, aseguró.

Martin explicó que “los ritmos no son de la escuela común porque los contenidos en el aula no son primordiales. Es un espacio de esparcimiento y contención. Te encontras con situaciones como un estudiante que te dice que lo golpearon el día anterior. Al final terminas siendo docente, amigo, psicólogo. Y contener que no es fácil”.
“La escuela también es una institución dentro de otra institución”, remaró Yanina. “La cárcel genera espacios totalizadores, que son verticales, que tiene una lógica de opresión y la escuela busca romper con esas reglas que se imprimen en el cuerpo y en el alma. Hay un ambiente horizontal dentro de ese mismo encierro. Pero al Servicio Penitenciario le molesta que la escuela funcione adentro de la cárcel y continuamente ponen palos en la rueda. A veces tengo más miedo por la otra institución que es la cárcel que por los internos. Y la escuela para ellos es la fuga diaria. Pero a la policía no le conviene que los presos estudien y conozcan sus derechos”, agregó la joven docente.

Yanina sintió los miedos y las inseguridades a flor de piel al comienzo de su experiencia educativa en el penal. “Haces un paso y una puerta se cierra atrás. Y tenés que cruzar ocho puertas para llegar a la escuela. Los primeros días soñaba con el encierro. Después los miedos se me pasaron. Por ejemplo, en las primeras semanas un día comenzaron a pelearse dos internos en el aula de al lado y yo con mi instinto lo primero que hice es intentar salir. ¿A dónde iba a salir si está todo con rejas? No podía. Los alumnos me frenaron y me dijeron ´usted se queda acá dentro porque cuando salga la van a lastimar. Y no la van a lastimar los otros presos: Va a entrar la policía y va a disparar y no le va a importar que usted lleve guardapolvo blanco´”.

Además los ideales son parte de las contradicciones difíciles de ignorar sobre todo para Yanina que milita por los derechos de las mujeres: “Al principio no podía separar mis ideas de la práctica que estaba haciendo por los delitos que se cometen, particularmente por los que están presos por violación o trata. Nadie te dice por qué están condenados pero los propios internos se encargan de hacértelo saber. Después entendí que no estoy para juzgar sino para educar y tratar de llevar a la educación como una herramienta transformadora. No transformando lo que ellos hicieron porque no se puede hacer, pero si transformando su futuro”.

Yanina y Martin entienden que los problemas en las aulas son diferentes y al dictar clases, por ejemplo, en los nocturnos también tuvieron que enfrentarse a dificultades de conductas y problemas edilicios que son parte del sistema educativo rionegrino en todos sus ámbitos, pero volverían a elegir las horas cátedra dentro de la cárcel por el vínculo que crearon con sus estudiantes.

En un 95% son pibes de clase baja que están ahí por ser pobres. Están por un choreo, no están procesados, más de la mitad tiene prisión preventiva y no fueron llevados a juicio. Son personas que erraron más grave o menos grave y ahí entran las contradicciones que son difíciles de afrontar. Están encerrados cumpliendo una condena y se deben garantizar sus derechos. Uno de ellos es la educación. Y todos deben acceder a ella, de igual manera para los que van a salir o para los que están condenados a perpetua”, concluyó Martin.

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Cipolletti: Minishopping Toto (Irigoyen 385) y Ciber Space (Irigoyen 420)
Junín de los Andes: FM Che (Gamseis 350, Barrio Lanín)
Zapala: Germán Zúñiga (Avda. Trannack N° 1115 – 2942402460)
Chos Malal: José Córdoba (contactar al 2942522421)
Cutral Co: Bairoletto (Av. Olascoaga y JJ Valle)
San Martin de los Andes: (Mythos libros – Villegas 658 / Editorial La Grieta (Av San Martín 415)
Fiske Menuco / General Roca: Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (contactarse con Mercedes Azar, Rocío Morales o Malen Varela)
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