El director y dramaturgo Gastón Krahulec presentará dos obras en octubre

Artes, SECCIONES

Durante el mes de Octubre, el actor, director y dramaturgo neuquino Gastón Krahulec estará presentando las producciones Acto fallido y Ahora Agatha en Espacio Media de Luna (Sarmiento 274, Neuquén). Las funciones de Acto fallido serán los días viernes 7 a las 22.30 hs y el domingo 16 a las 20.30 hs.; las de Ahora Agatha, los días sábado 1° y sábado 8 a las 21.30 hs.

Gastón Krahulec en Ahora Agatha. Foto de Iru Poliamor.
Gastón Krahulec en Ahora Agatha. Foto de Iru Poliamor.

Por Pablo Iglesias

Nacido en la ciudad de Neuquén en el año 1992, Gastón Krahulec realizó sus estudios en el Profesorado de Arte Dramático en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA) mientras tomaba clases con Elsa Hernández y Sebastián Fanello. Recibió su título de Profesor en el año 2015 y ha tomado seminarios con referentes del teatro: Ricardo Bartís, Pablo Seijo, Rafael Spregelburd, Martin Wolf, Viviana Iasparra, Dario Levín y Mauricio Kartun.

Durante el año 2015, estrenó Acto fallido, creación en la que actúa junto a Mariana Calcumil y cuyas dramaturgia y dirección le pertenecen. En 2016, estrenó Ahora Agatha, texto de su autoría, con dirección de Fernando Ávila. Prontamente, estrenará La Hora, texto de Horacio García y dirección de Verónica Martínez Durán. Desde 2009, participa oficialmente de las producciones del elenco inestable Goodbye Stanislavsky. Actualmente, integra el Elenco de la Escuela Superior de Bellas Artes.

“Para mí lo importante es el ensayo y estar arriba del escenario. Ahí es donde se aprende; creo que hay que dejar de ser estudiante lo más rápido posible y juntarse a hacer”, dice convencidísimo, y damos inicio a una conversación en la que se da a conocer desprovisto de máscaras, sin guiones ni maquillajes.

¿De qué están hechas Acto fallido y Ahora Agatha, cuál es la prima materia?

Hablo desde el barrio, tuve una infancia muy así de barrio, de ir a jugar a la plaza, de ver cómo me destruían la plaza… el mismo municipio nos destruyó un tobogán de cemento. De mi barrio tengo muy presentes las figuras… barrio de gitanos, de escuchar las voces gitanas, las travestis, las trabajadoras sexuales, chabones que roban, que tienen el bunker y que desde ahí se gestionan los robos, y eso está todo muy presente en lo que hago, la típica vecina hinchapelotas, los vecinos… creo que hay una suerte de arquetipos.

¿Considerás que Ahora Agatha es intencionalmente autobiográfico?

En parte sí, al mismo tiempo yo quería escribir algo de acá, en el sentido de que sea de acá, que circule, que lo entienda la gente de acá, que sea de la barda, que sea del viento. Siento que me vuelvo muy cursi al decir esto, pero quería encontrar algo así, que no quede tanto en el tema, sino en las imágenes, que no son las mismas imágenes porteñas. Cuando estrenamos en Buenos Aires, me pasaba que decía “barda” y no se entendía mucho… es algo propio de acá. Mi sobrina me preguntaba: “¿qué es barda?”, y yo me acuerdo que en mi adolescencia salía a correr por las bardas y a fumar y alcoholizarme ahí.

¿Y qué es barda?

Barda es ese lugar… es villa cariño también. Es esa parte donde ves la ciudad. A cualquier turista que viene lo llevan a ese lugar donde uno se siente una diosa griega mirando a Cipolletti, mirando a Neuquén, porque realmente es eso lo que me pasa a mí cuando veo a la ciudad desde ahí arriba. Y después te vas al oeste, pero al oeste profundo, y es otra ciudad. Hablo de eso, tanto en Acto fallido como en Ahora Agatha hablo de eso. En Acto fallido… no sé… mi viejo intentó ser presidente de la comisión vecinal. Entonces los domingos estábamos comiendo asado, en aquellos tiempos podíamos comer asado, esperando a ver cómo había salido la elección. En ese entonces mi abuela tenía un kiosko, que era nuestro bunker; creo que era la lista naranja en la que íbamos nosotros, o la lista verde. Todo eso lo tengo muy presente, muy Neuquén todo, ir a la Comisión Vecinal… Venía a mi casa siempre un señor, muy viejo, que ya murió, a hablar con mi viejo sobre las políticas que querían implementar en el barrio, y nunca llegar… porque nunca llegaban. Todo pura intención, algo de eso hay en mis obras. Ver cómo nos destruían periódicamente la plaza y ver cómo siempre se proyectaba algo ahí… hoy tengo veinticuatro años y están proyectando hacer un centro de jubilados hace tres años, y todavía no lo hacen…

“Para mí lo importante es el ensayo y estar arriba del escenario. Ahí es donde se aprende; creo que hay que dejar de ser estudiante lo más rápido posible y juntarse a hacer”

Cuando vi Ahora Agatha me quedó la sensación de que no había pasado nada, tantos elementos y al mismo tiempo, nada… creo que eso le imprime un carácter performático. Ahora Agatha bien podría hacerse acá en esta plaza, en un bar…

Cuando empezamos a trabajar con Fernando, el director, nos cuestionamos si necesitábamos usar un frente… empezamos con un espacio circular pero después pasamos al espacio frontal y lo dejamos así porque consideramos que ganábamos algo que potenciaba el hecho. Sí, es un hecho performático porque está esto que hablábamos, lo autobiográfico. Además, va gente que ya me conoce, y que sabe que yo convulsiono, no sé si vos sabés. Estoy medicado por las convulsiones, entonces eso que es algo meramente personal incide en el hecho teatral, porque gente que ya me conoce me comentaba después que se miraban durante la función porque no sabían si lo que pasaba era parte de la obra o yo estaba a punto de convulsionar. Están atentos no tanto a lo que le sucede al personaje sino a la persona real. Esto pasa acá porque la comunidad teatral es una comunidad chica, entonces se entra en ese juego, sumado al rol de las redes sociales, porque hay gente que te sigue y después va a verte, etc…

Pensaba en eso del puro presente, porque desde el título, la obra se eterniza en el presente, “Ahora” es siempre el momento en el que se lo enuncia. Hablemos un poco de eso…

Pienso en unos fragmentos que no están escritos para Ahora Agatha y que sin embargo están incluidos; en esta obra hay momentos que son de pura improvisación, en los que yo me salgo de la obra y realmente construyo un “ahora”. Esos momentos están acordados con el director, pero nunca sabemos cuándo van a suceder, y nunca van a ser en el mismo momento ni van a ser idénticos. Son momentos funcionales a la obra, y suceden como se ven en ese momento. A veces quiero repetirlos, en distintas funciones, pero me doy cuenta de que es mejor innovar. Son todos momentos de “ahora”. No puedo escribir si no es fragmentado, y no puedo actuar si no es fragmentado. Es muy probable que la gente se vaya y diga “bueno, pero no pasó nada”, y sí pasó, pasó el fragmento, que te mantuvo ahí, es eso, puro presente.

Hablando sobre el fragmento, ¿no tiene que ver con la convulsión? ¿Qué es la convulsión? ¿No es como un corte, como fragmentar la realidad? ¿Cómo lo ves?

Sí, realmente es un corte. Es como que te desconectan los cables de la realidad y te queda solamente un fragmento. Tengo convulsiones parciales… lo que me sucede es que no pierdo la conciencia del todo. Cuando yo me trabo en ese fragmento de realidad… bueno, vos sos de los ‘90… ¿viste cuando se trababa la cinta y se te quedaba el televisor así, que parecía que no corría? En la convulsión percibo visualmente así como una pausa en movimiento, pero al mismo tiempo sé que sigue corriendo el tiempo, no pierdo la conciencia; sé que atrás de esa pausa, de esa imagen que se mueve frenéticamente y se traba, sé que atrás está el fondo. Lo que yo no percibo en la convulsión es el fondo, solamente percibo esa figura que se queda trabada, pero en movimiento. Me pasa con un tema de David Bowie, que no lo puedo escuchar, no me acuerdo el nombre, en un fragmento hacia el final, él repite, repite, repite, repite… y a mí me entra un estado de angustia, porque es el mismo estado que yo siento cuando estoy en ese estado de convulsión.

Te dirigieron Sebastián Fanello, Verónica Martínez Duran y Fernando Ávila… también te autodirigiste, ¿qué podés decir del trabajar con cada unx, incluso con vos mismo?

Voy a empezar hablándote de Fernando y de Verónica, que son los más frescos que tengo, como lonjas de jamón. Aprendí muchísimo de ellos dos en cuanto al manejo y la importancia de los objetos. Yo venía con Sebastián trabajando muy sobre el lenguaje y sobre la palabra y sobre el pensamiento y ahora entré en una dimensión de los objetos, mi cuerpo en relación al espacio, tiempo y objeto y ¡oh casualidad! el texto empezó a ser un objeto más. Con Fernando y con Verónica a los textos los empezamos a achurar, a decir “bueno, esta parte puede ir acá”, “esta frase puede estar bien acá”, es el texto trabajado como un objeto más. También aprendí mucho a confiar en la acción, en el gesto, eso también tiene teatralidad, todo eso tiene una estela de teatralidad. Yo antes era muy prejuicioso de la acción sin texto, porque sentía que yo me aburría, y que el público se aburría. Pero creo que era porque no tenía el peso suficiente para que el público se quede pregnado de eso, para que el espectador esté en un entre que lo tenga. Yo creo que con Verónica y Fernando aprendí mucho en cuanto al espacio y los objetos.

¿Y vos como autodirector…?

Yo voy a mi lugar común. Cuando dirigí Acto fallido, en realidad la estaba dirigiendo a Mariana Calcumil. Esto es un engaña pichanga. Yo me refugiaba en mi lado común. Porque yo sabía que garpaba y que me podía sostener. Es muy malo de mi parte, porque yo la empujaba a ella a ir a otros lugares, salirse de sus lugares comunes… y yo no. Pero bueno, yo sentía que debía estar ahí para dejar a ella jugar por otros lugares. No me gustan los lugares comunes, porque se usa mal esa frase en las academias. Tenía una profesora que me decía: “salí de tu lugar común, salí de tu lugar común”… pero bueno, cuál es mi lugar común y hacia dónde quiere que yo vaya. Entonces la dirección me parece que es alguien que marca un horizonte, para que tanto el objeto, como el espacio y el tiempo y el cuerpo y el texto como objeto puedan ir hacia un lugar. Y el director tiene que ir matizando todos esos elementos para crear una gramática de la obra.

¿En qué estás trabajando ahora?

Estoy con el elenco de la Escuela de Bellas Artes. Estrenamos en breve El combate de los pozos, de Andrea Garrote. Ya tengo escrita otra obra sin título, que pienso empezar a dirigir ahora en septiembre, con mis amigas de Fiske Menuco, Mariana Calcumil, Ruth Pereyra y Micaela Arias. Ahí sí yo pienso estar como director. Yo escribo para poder actuar y para poder generar espacios de ensayo, que es lo que a mí me interesa. Y el director… no sé… llega un momento en que la obra pasa a ser del actor, entonces el director no tiene un lugar donde ubicarse.

¿Y qué es un actor?

Un actor es un chamán que crea intensidades, y seduce la mirada del otro, para que todo el tiempo lo estén mirando en lo que él demarca como la escena, el espacio donde va a ocurrir algo extraordinario, algo fuera del tiempo. El actor es alguien que crea otro tiempo. Si no hay un salto temporal, no pasa nada.

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