Salud gasta millones en métodos contaminantes para tratar residuos hospitalarios

PLAN C, Política, SECCIONES

El Ministerio de Salud de Neuquén paga más de siete millones de pesos al año por el transporte y tratamiento de desechos hospitalarios. Pese a que existen alternativas más económicas y menos contaminantes, en la provincia todos los residuos del sector público se queman generando sustancias potencialmente cancerígenas. La empresa que contrata el Estado para esta tarea quema en un mismo equipo desechos petroleros y médicos, algo que la autoridad nacional no permite.

Por Florencia Salto y María Pía Borja 

En Neuquén se producen al menos 33 mil kilos de residuos patógenos mensuales en el sistema público de salud. También llamados hospitalarios, esos desechos son producidos en centros de salud y hospitales y deben tener un tratamiento especial ya que pueden ser infecciosos o químicos peligrosos. La firma Industria Argentina de Reciclado SA (Indarsa) es la encargada de quemar los que se generan en la salud pública de toda la provincia en su planta en Neuquén capital. Por el transporte, tratamiento y disposición final de estos desechos en 2014 le facturó a la provincia 7.218 mil millones de pesos.

Contenedores de residuos patógenos y comunes del hospital Castro Rendón.
Contenedores de residuos patógenos y comunes del hospital Castro Rendón. Foto Florencia Salto.

El año pasado el Ejecutivo provincial dictó el decreto 2263/2015 que prohíbe la quema de residuos petroleros en el ejido urbano y da un año -extensible a dos- para que las empresas que se dedican a esta actividad se trasladen. En cambio, la incineración de residuos patógenos no está prohibida dentro de las ciudades pese a que este proceso emiten dioxinas cancerígenas, que se distribuyen a mucho más que ocho kilómetros a la redonda.

El decreto del Ejecutivo y el traslado de las tratadoras de residuos petroleros que, a paso lento avanza, son fruto de la lucha de la asamblea Fuera Basureros Petroleros y de algunos partidos políticos. Sin embargo, los vecinos y vecinas afectadas, seguirán sufriendo la contaminación ocasionada por la incineración por quema de patógenos.

La planta de Indarsa ubicada en el Parque Industrial de Neuquén se dedica a las dos actividades. La compañía debe trasladar parte de su infraestructura ya que quema residuos tanto petroleros como hospitalarios. En relación a los residuos patógenos el gerente general de Indarsa, Iván Fhurer, aseguró: “Nuestra empresa no tiene planificado trasladar la incineración de estos residuos en lo inmediato”.

“La incineración de residuos patógenos, o como los denomine cada provincia, implica mucho más que la quema de sangre y ahí radica la clave del embrollo actual en Neuquén. Implica también medicamentos, muchísimos plásticos que incluyen PVC, líquidos peligrosos que componen una mezcla que al incinerarse con o sin control, siempre genera productos secundarios”, explicó María Della Rodolfa, responsable de programas de Salud sin daño para América Latina. Salud sin daño es una organización internacional con presencia, además, en Europa y Asia que se propone “transformar mundialmente el sector de cuidado de la salud -sin comprometer la seguridad o el cuidado del paciente- de modo que sea ecológicamente sostenible y un importante promotor de la salud y la justicia ambiental”.

La incineración de residuos hospitalarios genera otros residuos, compuestos por emisiones a la atmósfera, cenizas y líquidos de lavado de gases que contienen dioxinas, furanos, metales pesados como el mercurio, bifenilos policlorados y otras sustancias contaminantes. Las dioxinas se clasificaron como un cancerígeno humano cierto por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, ya no hay discusión en el mundo sobre su peligrosidad”, agregó la especialista en oncología de Salud sin daño.

En una entrevista que mantuvo con 8300, Della Rodolfa señaló que algunas de las sustancias que se generan por la incineración forman parte de los llamados Compuestos Orgánicos Persistentes, que son tóxicos, persistentes (tardan mucho en degradarse), se trasladan largas distancias encontrándose lejos de la fuente de origen y se acumulan en la grasa de los organismos. “Estas cenizas y los líquidos de lavado de gases son residuos peligrosos y suelen terminar en los basurales de nuestro país sin ningún control de su potencial contaminante lo que se suma al de las emisiones que vemos en las chimeneas de los hornos”, precisó.

Desde el equipo técnico de Indarsa explicaron que “las cenizas son el subproducto sólido del proceso de incineración, las mismas se derivan periódicamente a relleno o depósito de seguridad, que tienen bajo resguardo a éstas”. También señalaron que los gases, “junto con el material particulado son neutralizados y retenidos mediante un sistema combinado de post-combustión y de lavado, a fin de asegurar que las emisiones a la atmósfera cumplan con los niveles guía estipulados por la normativa vigente”.

El director Provincial de Calidad, Regulación y Fiscalización del Ministerio de Salud, Rubén Monsalvo, informó que “en nuestra provincia, existen varios hornos pirolíticos que son habilitados por el Ministerio de Medio Ambiente, ya que en su inmensa mayoría son instalados con el fin primario de tratar desechos de la industria del petróleo. Obviamente que los mismos también pueden ser utilizados para tratar residuos patógenos, y de hecho lo hacen, pero el volumen de estos respecto a los desechos industriales representa en una mínima proporción”. Della Rodolfa, por su parte, señaló que “en Neuquén en un mismo equipo tratan residuos petroleros con los médicos, algo que la autoridad nacional no permite”.

Sale más transportar que tratar

Camión de Indarsa. Foto Emiliano Ortiz.
Camión de Indarsa. Foto Emiliano Ortiz.

Desde el Ministerio de Salud provincial aseguraron que en el sector público se generan 33 mil kilos de residuos patógenos por mes. Una orden de compra de octubre del 2014 del Ministerio a la que tuvo acceso 8300 estima 36 mil kilos. En aquel momento el costo por kilo tratado era de 6,31 pesos lo que implicaba un total de 227.160 pesos de gastos en tratamiento y disposición final, a lo se le sumó 374.400 mensuales de recolección y transporte. La beneficiada, Indarsa.

El gerente de Indarsa señaló que “si se decide políticamente que el tratamiento de patógenos se realice fuera del ejido urbano de la ciudad de Neuquén, los centros de salud, tanto públicos como privados, deberán asumir los costos asociados”. Fhurer especificó que más del 80% de estos residuos se producen en la capital provincial.

“La incidencia en el costo de flete para generadores radicados en la ciudad de Neuquén se incrementará natural e inevitablemente en función de los kilómetros que deba recorrer el material a tratar. En este caso, la distancia de ida y vuelta a Añelo es de aproximadamente 200 kilómetros. Puede estimarse el aumento del costo de transporte en un 500 por ciento promedio”, dijo Fhurer interrogado sobre cómo sería el incremento del gasto estatal ante un hipotético traslado total de la planta a Añelo.

Hay alternativas, falta voluntad

Todos los residuos hospitalarios del sector público en Neuquén se queman, la única política para reducirlos es concientizar para una buena clasificación entre patógenos y no patógenos. No hay otro tipo de tratamiento, ni separación entre los diferentes tipos de desechos. La selección no siempre se realiza como está establecido. Hay métodos más económicos y menos contaminantes -como el autoclave- que no se implementan.

Foto Florencia Salto
Foto Florencia Salto

“Si uno plantea la posibilidad de un daño ambiental, como potencialidad, si tiene a la mano alternativas menos contaminantes, tendría que ser una política adoptarlas independientemente si alguna vez demostremos en qué niveles estamos de contaminación desde el punto de vista de lo precautorio. Otra cosa sería no tener alternativas. Hay tecnología, está accesible en el país, el costo de inversión y el operativo es igual o menor. Es una cuestión de una toma de decisiones”, indicó a 8300 Daniel Alfano, director de Servicios Generales de la Secretaría de Salud de Rosario, municipio que prohibió la incineración de patógenos.

Hoy, en el Hospital Castro Rendón, se producen aproximadamente dos kilos de residuos hospitalarios por cama y por día. Ante el interrogante de por qué únicamente se quema y no hay una selección previa para reducir la cantidad de residuos, Monsalvo explicó que “la incineración pirolítica es uno de los tantos métodos para tratar distintos tipos de residuos, entre los que se encuentran los patogénicos”. Según él, es el método que más se usa a nivel mundial ya que la destrucción del residuo es casi total y la reducción del volumen original es significativa (quedando solo cenizas). No obstante señaló que las emisiones son los más cuestionado de este método. “Todas las regulaciones exigen la existencia de sistemas de purificación de gases (por ejemplo cortinas de agua) con el fin de mitigarlas y reducirlas”, explicó. Desde Salud sin daño precisaron que se incineran mucho más que patógenos, como residuos farmacéuticos y plásticos y que en Estados Unidos y Europa no se queman patógenos, si no que se tratan por autoclave y que otros materiales se reutilizan y reciclan.

Consultado sobre qué políticas se llevan a cabo para reducir la producción de patógenos, Monsalvo contó que se realizan capacitaciones sobre gestión de residuos hospitalarios que “hacen hincapié en la importancia de una buena segregación, la que consiste en la separación o selección apropiada de los residuos”.

“En el hospital los residuos se separan en comunes y patógenos, los primeros se ubican en bolsas negras y los patógenos en rojas. Sin embargo no se cumple esta separación. Es frecuente encontrar, cuando se rompen las bolsas, que en las de patógenos hay botellas, papeles, yerba como también nos ha pasado de encontrar jeringas en bolsas de residuos comunes”, relató un trabajador de limpieza del hospital Castro Rendón que también aseguró que “la cantidad de residuos patógenos ha aumentado considerablemente en los últimos años”.

Existen diferentes métodos alternativos que no liberan sustancias tóxicas o persistentes al ambiente y son igual de efectivos que la quema para eliminar el potencial infeccioso de los residuos hospitalarios. Estas alternativas tecnológicas, aparte de más seguras y limpias que la incineración, se encuentran disponibles en Argentina y en correctas condiciones de operación, transforman los residuos hospitalarios en residuos asimilables a los domiciliarios y pueden disponerse en rellenos sanitarios”, indicó Della Rodolfa.

Según explicó la oncóloga responsable de Salud sin daño, el autoclave -que incluso se fabrica en el país- es un recipiente de acero con cierre hermético que permite la entrada de vapor de agua, a presión, temperatura y tiempo suficiente. Como una gran olla a presión. Es efectivo, barato y no genera efectos colaterales indeseados o incontrolables. “De hecho en plena crisis por el Ébola a nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud instaló autoclaves a vapor en diversos países y ese fue el tratamiento recomendado, no la incineración”, especificó.

Sobre el utilizar este método para tratar patógenos hay opiniones contrapuestas: mientras que Monsalvo señaló que “otros métodos de tratamiento como el autoclavado a vapor, en general requieren de la utilización complementaria entre varios de ellos, además de que son limitados en cuanto a la gama de residuos que pueden tratar”, Della Rodolfa mencionó que “el autoclave es la alternativa más ampliamente utilizada para la desinfección de los residuos patogénicos”.

El autoclave no es más costoso que los incineradores, de hecho es más barato. Los incineradores por su costo por el propio equipamiento (el tratamiento correcto de los gases en las chimeneas es muy caro) y de operación precisan grandes volúmenes de residuos y en Neuquén en un mismo equipo tratan residuos petroleros con los médicos, algo que la autoridad nacional no permite. En Argentina de hecho los controles a los gases son muy pocos y controlan parámetros mínimos de incineración, jamás de dioxinas, que ninguno de los hornos que incineran residuos hospitalarios mide”, continuó la Della Rodolfa.

Los autoclaves, además de reducir el impacto ambiental, podrían reducir los gastos de transporte. Según explicaron desde Salud sin daño, pueden fabricarse a escala y pueden estar en cada hospital de cabecera y así ahorrar miles de pesos por mes en transporte de los residuos desde las localidades hacia la única planta que trata los residuos del sector público.

“Es una cuestión casi de sentido común implementar las alternativas a la incineración. La peligrosidad de estos residuos es que contienen -o potencialmente contienen- microorganismos patógenos. Entonces con 140° ya es más que suficiente para reducir lo que llamamos la biocarga y transformarlos en residuos asimilables a los residuos comunes, sin peligro”, propuso el ingeniero Alfano.

Ciudades que no

En diferentes localidades del país se legisló prohibiendo la incineración de los residuos hospitalarios, la instalación o ampliación de plantas de tratamiento de residuos peligrosos y patógenos, la contratación de incineración en otras jurisdicciones, entre otros.

Algunas de las localidades con normas en este sentido son Ciudad de Buenos Aires, Zárate, General Pueyrredon y Tres Arroyos de provincia en Buenos Aires, Casilda, Capitán Bermúdez, Rosario, Granadero Baigorrias, Villa Constitución, Coronel Bogado, y Totoras en Santa Fe, Río Grande, Ushuaia y Tolhuin de Tierra en Fuego, Crespo en Entre Ríos, Esquel en Chubut, Marcos Juárez en Mendoza y Palpalá en Jujuy.

La vanguardia

“Rosario fue una de las primeras plantas de esterilización del interior del país, salió casi en forma simultánea con la ciudad de Buenos Aires que determinó no contratar más servicios de incineración para sus 33 hospitales, eso hizo que el mercado de operadores de tratamiento de este tipo de residuos se transforma en plantas mixtas. Fueron instalando autoclaves en la misma planta que tenían los incineradores. Esto habla también de lo que es el poder del sector salud en cuanto a la formación de la demanda de tecnologías más amigables con el ambiente”, contó Daniel Alfano, director de Servicios Generales de la Secretaría de Salud de Rosario

Desde hace varios años se tratan casi todos los residuos de la provincia de Santa Fe en una planta que tiene un autoclave que trata entre 800 y 900 kilos por ciclo de esterilización, según relató el funcionario.

“Tratamos de trabajar con el equipo de salud. La lógica es formar equipos interdisciplinarios en cuestiones de bioseguridad, de riesgo. Tenemos instalada una política trabajar sobre la generación de residuos. Trabajamos de la mano de Salud sin daño, que es un aporte fundamental”, informó sobre la experiencia rosarina.

La pileta clandestina

A mediados de mayo, el subsecretario de Ambiente, Ricardo Esquivel, respondió un pedido de informe realizado por la Legislatura sobre la situación de Indarsa y Comarsa en relación al tratamiento de residuos petroleros. Allí indicó que aún no se había cobrado la multa a Indarsa por el derrame de la pileta de residuos derivados de hidrocarburos ocurrido en octubre de 2014. Se trata de la multa más alta impuesta hasta la fecha: 2.100.000 pesos. “Es una pileta absolutamente clandestina, no autorizada, no habilitada”, había denunciado públicamente Esquivel al informar sobre el derrame.

Además, el informe indica que en el predio de Indarsa hay proyectos que “no están declarados por la empresa y fueron detectados por la Autoridad de Aplicación” y enumera “piletas y tanques de almacenamiento de residuos semilíquidos provenientes de la actividad hidrocarburífera”, entre varios otros. Las “piletas clandestinas” a las que se había referido el funcionario parecen ser la regla.

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