Servicio Social, una carrera que maltrata

PLAN C, Política, SECCIONES

La toma del departamento del Servicio Social y del decanato de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Fadecs) de la UNCO volvió a poner en agenda las denuncias estudiantiles sobre el trato de los y las docentes. “Abuso de poder”, “miedo” y “críticas destructivas”, son algunas de las formas con las que describen la situación de las aulas.

Por Fernando Cabrera

Las denuncias sobre los malos tratos y evaluaciones no fundadas en lo académico en Servicio Social no son nuevas. Los reclamos ante el Consejo Directivo se remontan, por lo menos, a mediados de la década pasada. En julio, un pronunciamiento estudiantil sostuvo que las actitudes de algunos docentes “generan miedo”.

Ese documento, que acompañó la ocupación del decanato y del departamento de Servicio Social realizada el 4 y 5 de julio, sostenía que “en reiteradas circunstancias, en las relaciones y vínculos pedagógicos, se ha ejercido el poder de manera arbitraria”.

Trabajo Social 2

Las estudiantes precisan una serie de actitudes docentes que cuestionaron: “humillaciones públicas y directas de ciertos/as docentes hacia estudiantes, críticas destructivas sin ningún criterio académico que lo sostenga, gritos o levantadas del tono de voz en las explicaciones, no aceptación de las opiniones de sus compañeros/as de trabajo-cátedra y de los estudiantes, ridiculizaciones hacia los/as estudiantes cuando no entienden algo o realizan una pregunta en clases, valoraciones por características que no tienen relación con el proceso educativo académico (ideología política, vestimenta, género), discriminación sexista, incitar a compañeros/as a hacerse revisiones psicológicas de manera despectiva”.

La designación de la veedora

En mayo el Consejo Directivo aprobó por unanimidad la creación de la figura de veedor/a para presenciar las supervisiones de las prácticas de una estudiante, cuya evaluación –fundamentaba la resolución– había sido percibida como arbitraria y no limitada a aspectos académicos. Sus funciones estaban claramente pautadas: “Asistirá y acompañará a la estudiante en la instancia de supervisión (…); dará cuenta y observará el cumplimiento de lo estipulado en el Reglamento de Prácticas de la carrera; observará la vinculación entre docentes y la estudiante en el marco de las obligaciones docentes; informará en caso de advertir irregularidades, entregando el informe a la Secretaría Académica”.

Al momento de concretarse la resolución, la profesora Rita Rodríguez, quien estaba a cargo de la cátedra, impidió el ingreso de la veedora, se retiró del aula descompensada y solicitó licencia psicológica. Por su ausencia, el cursado de siete estudiantes corría peligro y perder esa materia implica el retraso de un año en el cursado de la carrera. Ante esto, los y las estudiantes definieron tomar el decanato y el departamento de Servicio Social.
Una vez realizada la toma, un comunicado firmado por 31 docentes cuestionó la creación de la figura del veedor y catalogó los hechos como una “persecución política”. Además, los firmantes cuestionaron “la virtual intervención la cátedra de Servicio Social con Grupos, el avasallamiento a la libertad de cátedra y la persecución política a docentes de este departamento”.

En el escrito se sostuvo que se trata de “un acto condenatorio sin precedentes” y postula cuestiona que las atribuciones del veedor como “funciones de carácter policíacas”.
Los y las estudiantes, sin embargo, aseguraron que la figura del veedor deja de manifiesto que hay “reiterados malos tratos, descalificaciones hacia determinadas personas, incumplimiento de lo estipulado en el reglamento de prácticas”.

El futuro es incierto. La toma se levantó con la designación de un docente que no tiene inconvenientes en recibir a la veedora, pero desde el sector de profesores que firmaron el comunicado aseguran que elevarán un proyecto para eliminar la figura que cuestionan. Sobre las denuncias de maltratos, no dicen nada.

Algunos antecedentes

En 2007, tras haber realizado todas las actividades del año, una dupla de la cátedra de Grupos fue desaprobada sin fundamentos. Recordaron que los evaluaron así “sólo por ser parte de una agrupación política con posicionamientos distintos a los de la cátedra”. En aquel momento realizaron una presentación ante el Consejo Directivo y un equipo docente externo a la cátedra corrigió sus trabajos y concluyó que no había fundamentos que acrediten el desaprobado.

Otro graduado de la carrera relató: “Soy una persona con discapacidad e ingresé a la Facultad de Derecho en el año 92. Me llevó mucho tiempo recibirme y no fue porque yo tuviera problemas. Los profesores se generaron una idea de mi, de que yo tenía problemas intelectuales, me demoraron y me reprobaron prácticas. Hay una materia que se llama Introducción a la Salud Pública, el profesor me hizo rendir 16 veces. Pedí en el Consejo Directivo y me autorizaron a rendirla en Neuquén y la primera vez que fui, la aprobé. En otra materia, Residencia Institucional, de quinto año, la profesora insistía en que tenía problemas intelectuales. Perseveré y me recibí en 2010”.

En 2010, en la materia Psicología Evolutiva, de segundo año de la carrera, una docente habló mal del trabajo de una estudiante que no estaba en el aula. A la siguiente clase, la joven se acercó a hablar sobre esa circunstancia y la profesora le respondió: “Hay gente que nace kiosquera y gente que viene a la universidad”. Ese mismo año, en el examen final de Introducción a la Psicología, las estudiantes escucharon las preguntas de la docente, se quedaron calladas y quien las evaluaba les dijo “chicas ustedes son autistas”.

En 2013, en la Práctica de Grupo, una docente les dijo a dos estudiantes: “quería decirles que la planificación que hicieron es una cagadita, disculpen no quiero ser grosera pero ustedes no tienen idea de lo que es trabajar”. Una de las estudiantes salió llorando y pensando en dejar la carrera.

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