Habemus Patria II

PLAN C, Política, SECCIONES

Hablemos a calzón quitado, como quien dice. Pongámonos en el lugar de alguien que en 2003, cuando se venía el ballotage entre Menem y Kirchner, se preguntaba quién era éste.

Por Jorge Sabatini sabatinijorge@hotmail.com

Agreguemos que, en la era de internet, la ignorancia no sería una alegación a considerar. Máxime si habláramos de cualquier comunicador.

Abriendo Prensa Libre, parecía que el tipo era lo más parecido a Gardel, pero en política. Para escuchar más opiniones podía contactarse a Rubén Lasagno, de la Organización de Periodismo Independiente, otra página web de Santa Cruz. Las referencias no sonarían nada bien: compra de voluntades, ‘retornos’ a través de obra pública sobrefacturada, sometimiento de la justicia, prensa a sueldo y así por el estilo.

No obstante, cuando comenzó el gobierno de Kirchner en la Argentina pudo parecer que algunas cosas de las que se hacían estaban bien: principalmente lo de la alineación con los Derechos Humanos; más allá de las intenciones, que en política no suelen contar. Sorprendía, sí, al saberse que él nunca había recibido a las Madres. Ya con Cristina Fernández, mataron a Mariano Ferreyra y se reveló la cercanía con lo peor de la burocracia sindical a través de los diálogos de Tomada con Pedraza; luego vino la historia de las bolsas y las valijas, desde la de Antonini Wilson hasta las de Fariña y Elaskar, y lo demás es historia reciente, López incluído. Al periodista que ayudó a divulgar parte de los hechos empezaron a llamarlo “gordo traidor” ( ¿?), “el que recibió la tarasca”, “el h… de p…”, etc. Ipso facto, desapareció de las radios locales en las que podía habérselo oído algunas veces cuando episodios como el de la cámara oculta, el de la zona liberada o el crimen de Fuentealba, requirieron su opinión para defenestrarlo al que fuera gobernador por entonces, Jorge Omar Sobisch.

El entusiasmo que podía haberse comenzado a sentir aquellos primeros años terminó esfumándose en un mar de episodios a cuál más obsceno. Podía haberse dejado de comprender alguna parte del relato por el empleo hecho de los medios puestos al servicio, por plata, o por convicción quizás en algún caso, del gobierno. Se hablaría, por ejemplo, de inclusión, pero los pobres no dejaban de aumentar. El que las hubiera hecho, podría haber recordado sus lecturas sobre Raúl Apold, el ministro de Propaganda de los primeros gobiernos de Perón, cuando los medios que no se dejaron comprar fueron expropiados. Se destapó el saqueo del Anses para financiar, entre otras cosas, el pan y circo del Fútbol Para Todos pero no el 82% móvil. Renesa, inaugurada por la presidenta en teleconferencia, prácticamente no funcionó; todo, corolado por el riguroso listado de insultos y exabruptos contra el “gordo traidor”, ahora también llamado, junto a alguno que otro periodista, “operador político”. En ese ese sinfín de contradicciones, volverían a alumbrar los dichos de Rodolfo Walsh: “los hechos nunca te defraudan”.

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