Tango

Artes, PLAN C, SECCIONES

Cuando se habla, se escucha o se baila Tango, uno entra en un mundo de puro sentimiento, la poesía tanguera como la melodía, nos envuelve y nos introduce en un mundo de “fantasía real” porque no es otro que nuestro mundo de vivencias acumuladas.

Por Jorge Ariza jarizan@gmail.com

Desde un principio las letras estaban preñadas de lo cotidiano. Ángel Villoldo lo demuestra escribiendo en 1903 su tango “El Porteñito”:

Soy terror del malevaje
cuando en un baile me meto
porque a ninguno respeto
de los que hay en la reunión.
Y si alguno se retoba
queriendo meterse a guapo
yo le encajo un castañazo
y a buscar quien lo engendró

Hacía apenas trece años que la sociedad porteña dejaba de estar peleando hegemonía, por lo tanto la violencia, la fuerza, el matón y guapo era una manera de moverse entre los congéneres. Eso es lo que reflejaba este Tango. En 1923 las letras de Tango seguían marcando la triste historia repetida hasta nuestros días. Celedonio Flores en su Tango “Sentencia” cuenta como es juzgado quien cometiera un delito grave, pero con una historia de vida poco deseable:

Yo nací, señor juez, en el suburbio,
suburbio triste de la enorme pena,
en el fango social donde una noche
asentara su rancho la miseria.
De muchacho, nomás, hurgué en el cieno
donde van a podrirse las grandezas,
¡Hay que ver, señor juez, cómo se vive
para saber después cómo se pena!

También en el mismo año José González Castillo, nos pinta una acuarela, que bien nos sitúa en la historia contada y, a su vez, la podemos extraer y “ver” la pintura exacta de un puerto melancólico y auténtico:

Y, desde el fondo del Dock,
gimiendo un lánguido lamento,
el eco trae el acento de un monótono acordeón,
y cruza el cielo el aullido
de algún perro vagabundo
y un reo meditabundo
va silbando una canción…

En 1931, Juan Carlos Marambio Catán, remarca en “Acquaforte” aquello que dijimos antes, es la constante en nuestra sociedad, la diferencia que los “de abajo” aceptamos naturalmente como si fuera lo correcto:

Un viejo verde que gasta su dinero
emborrachando a Lulú con su champagne,
hoy le negó el aumento a un pobre obrero
que le pidió un pedazo más de pan…

Enrique Cadícamo, ya en 1942, le canta a la amistad y nos regala el Tango “Tres amigos”, donde dice:

Tres amigos siempre fuimos
en aquella juventud,
era el trío más mentado
que supo haber caminado
por esas calles del sud.

Siempre, tenemos la suerte que la letra es poesía y sea cual sea la historia nos dibuja con precisión los detalles, que nos dan el permiso de sentirnos partícipes como observadores, acompañando a los protagonistas. Así Cátulo Castillo nos permite querer a la protagonista allá en 1945, cuando escribe su Tango “María”:

Tus ojos eran puertos que guardaban ausentes
su horizonte de sueños y un silencio de flor…
Pero tus manos buenas regresaban presentes,
para curar mi fiebre desteñida de amor…

Con aquello de “decir” la realidad y demostrar que lo cotidiano es de todos, seguimos demostrándolo con la poesía escrita por Héctor Negro en 1967 en su Tango “Bien de abajo”:

Soy sangre rebelde, muchacho de abajo.
Yo creo en mis brazos, en lo que ellos dan.
Y del lado izquierdo me caigo a pedazos,
Cuando unos ojazos me miran de más.

Dos años más tarde Horacio Ferrer nos cuenta una historia de amor en la ciudad moderna de Buenos Aires con su “Balada para un loco”:

Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión supersport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!

Por todo lo comentado y con las pequeñas partes de las letras de los Tangos presentados, tenemos la sensación de haber puesto sobre la mesa lo que puede ser uno de los argumentos valederos para que no solo el Tango sea nuestra música desde hace casi dos siglos, sino que despierte tanta admiración en los lugares más distantes de nuestra amada Patria. Reflejar la realidad cotidiana es una de esas variables que adapta el Tango a la evolución natural del paso del tiempo.

Como se puede apreciar en el relato se llegó hasta hace más o menos cincuenta años en las poesías, nos falta llegar a la actualidad y también desarrollar la temática musical, otra de las razones que impulsa ese éxtasis que sienten los músicos “sinfónicos y populares” para que adopten al Tango como su desafío musical. Todo esto no es más que la promesa del continuará…

Y que viva el Tango.

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