Vuelve el autogobierno militar

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Grafiti hecho durante la marcha por los 40 años del golpe cívico-militar. Foto archivo Juan Thomes.
Grafiti hecho durante la marcha por los 40 años del golpe cívico-militar. Foto archivo Juan Thomes.

El presidente Mauricio Macri a través del decreto 721/2016 le otorga a las fuerzas armadas absoluta autonomía en cuanto a su funcionamiento estructural. La decisión presidencial modifica el decreto N° 436 promulgado bajo el gobierno de Raúl Alfonsín.

“Se produce un desandar gigantesco que tiene un impacto muy grande porque la capacidad de las fuerzas armadas de desestabilizar internamente -pese a que su misión es externa- y de operación política, es muy grande. Es fundamental que su control esté en manos de la cartera civil de defensa”, alertó a 8300 web el abogado Darío Kosovsky, ex coordinador de Transparencia del ministerio de Defensa durante la gestión de Nilda Garré.

Con en una lógica tecnocrática propia del neoliberalismo, la modificación del decreto se fundamenta en la necesidad de modernizador el sistema. En los argumentos publicados en el Boletín Oficial el 31 de mayo, se indica que “resulta necesario establecer procedimientos ágiles que permitan atender las cuestiones relacionadas con la gestión del personal de las Fuerzas Armadas; que resulta oportuno ordenar y actualizar el régimen de delegación de facultades; que resulta conveniente adecuar, asimismo, las disposiciones en materia de designación del personal militar y civil para prestar servicios”.

Según explicó Kosovsky, implica mucho más que agilizar procedimientos. “Las fuerzas armadas recuperan su rol histórico de autogobierno donde las propias conducciones militares, no los gobiernos civiles, son los que definen la doctrina de defensa nacional y sus estrategias. De esta manera el gobierno democrático en lugar de diseñar la política de defensa con una lógica de políticas públicas alineadas a las decisiones del estado nacional, delega esa función en las fuerzas armadas, otorgándoles todo el poder”, indicó.

Desde el retorno de la democracia en 1985, a excepción de los grandes retrocesos en el gobierno menemista, las fuerzas armadas se encuadraron bajo el control del Estado, situación que encontró su máximo correlato en la última década bajo los gobiernos kirchneristas. En esta etapa las designaciones del personal militar pasaron a depender de la esfera política del ministerio de Defensa. Para ingresar había que pasar por diferentes instancias de evaluación. Una de capacidad técnica, operativa y profesional, otra de derechos humanos bajo una visión integral que incluía no solamente una perspectiva histórica de la dictadura, sino también desde una perspectiva de violencia de género y de respeto a los trabajadores. Otra etapa evaluativa era el área de transparencia donde se averiguaba si tenían antecedentes de irregularidades administrativas o denuncias de corrupción.

La nueva normativa le otorga esas facultades a las propias fuerzas armadas

Otra de las modificaciones del decreto que enciende la alarma de sectores de la sociedad es la prerrogativa que se le da al Jefe de Estado Mayor Conjunto para contratar personal retirado. Personal que bien podría ser uno de los tantos responsables del genocidio que vivió nuestro país en la dictadura de 1976.

La doctrina nacional que se impartirá en las escuelas militares también queda a disposición castrense. En este sentido Kosovsky indicó que no es lo mismo una doctrina que dicte en las escuelas la hipótesis de amenazas externas, como ha existido casi siempre, identificando a países vecinos como enemigos, que una doctrina de defensa, más reactiva que agresiva, basada en la protección de los intereses nacionales y latinoamericanos, y que trabaja en conjunto con esos países.

Se incluye también la definición de la industria militar, a quién se le compra armas, con quién se construye los aviones, con quién se establece acuerdos para desarrollar instrumentos de defensa como ejercicios y entrenamiento. Por ejemplo en la gestión anterior Argentina trabajó en conjunto con Chile, Bolivia y Brasil.

“Para los que hemos trabajado para revertir esa historia nefasta de las instituciones militares la reforma es muy triste porque ha sido un esfuerzo muy grande comenzar a desandar el camino”, reflexionó Kosovsky.

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