¿A qué me puedo acostumbrar?

SECCIONES

por Belen Spinetta

Cada vez que una mujer es asesinada en la Argentina, nos matan un poco más a todas. Porque otro femicidio que se concretó, otra mujer que no pudo escapar de la espiral de la violencia, otra niña que cayó en manos de un acosador, otra oportunidad en que el Estado demostró su desidia, son otras batallas perdidas.

En la Plata hay un gran cartel que dice “¿a qué te podés acostumbrar?”, lo hizo un grupo de artistas cuando se cumplieron dos años de la desaparición de Julio López. Hoy pasaron diez años y me pregunto cuántos ya se acostumbraron a esa ausencia. Y cada vez que matan a una mujer me pregunto lo mismo: “¿a qué nos podemos acostumbrar?”…o peor aún a que nos estamos acostumbrando. Cuantas ausencias crecen año a año cuando la mano de la violencia machista ejecuta su golpe final.

Hace poco dos niñas fueron asesinadas, no tenían más de 13 años: Micaela en Bahía Blanca y Milagros en Tucumán. Hace poco nos enteramos de la violación múltiple que sufrió una nena wichí de apenas 12 años en Salta. Esta semana me dolió un poco más que otras, porque todos los femicidios nos duelen, pero quizás esta semana me ganó la impotencia.

Pienso después en los gobiernos que pasan inmutables ante nuestras tragedias cotidianas. 12 años de un gobierno que sancionó una ley que se dice que es “de avanzada”, pero a la que nunca le puso recursos –ni económicos, ni humanos- para su efectiva aplicación. Pienso en los seis meses del nuevo gobierno que no sólo agravó todos los problemas del pueblo, sino que tampoco tomó una sola medida a favor de las mujeres.

Hoy es 3 de junio y de nuevo salimos a las calles a decir “Ni una menos”. Pasó un año del grito colectivo que dijo “basta de Femicidios” pero 275 mujeres fueron asesinadas en el país: una cada 31 horas. Hoy salimos de nuevo a las calles porque no queremos seguir perdiendo esta batalla.

Hay un texto muy hermoso de Cortázar que dice “me caigo y me levanto”, quizás no tenga nada que ver con esto, pero creo que a algo nos remite. Cada vez que una de nosotras es asesinada, nos caemos…pero cada vez que podemos rehabilitarnos del dolor, nos levantamos. Nos caemos y nos levantamos. Hoy nos levantamos de nuevo, porque seguimos en la calle, porque no bajamos los brazos, porque la pelea es colectiva y hacemos falta todas…y todos.

Nuestro desafío es no dejarnos vencer por el dolor y nuestras pequeñas tragedias cotidianas. Es nunca perder la confianza infinita en este pueblo que no se calla nada: el 3 de junio de 2015 fuimos miles y hoy nos proponemos hacer historia de nuevo. Hoy otra vez nos levantamos para gritar “ni una menos”…porque nuestra batalla no está perdida, porque vivas nos queremos.

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