Reivindicar y hacer parte la militancia de los desaparecidos

Derechos de la humanidad, SECCIONES

Jesús Manuel González o “Manolo” o “Gonzalito”, como le decía su familia y sus compañeros, aún continúa desaparecido. Las causas no son particulares, aunque no fue simple confirmarlas. Su caso es uno de los 28 que se juzga en “La Escuelita IV”, que comenzó en diciembre del año pasado y que tiene 22 imputados.

Foto: Iris Sanchez
Foto: Iris Sanchez

por Rocío Morales

En diciembre de 1977 tres hombres se presentaron en el salón de YPF de Rincón de los Sauces, donde él trabajaba. “Preguntaron si había café y uno se dirigió hacia dónde estaban las revistas”, empezó a relatar Vivian Apiwan, cliente habitual del lugar, y prosiguió “cuando Gonzalito se acercó para preguntarle si buscaba alguna revista en particular, el hombre le dijo que lo buscaban a él y ahí lo agarraron entre tres y lo subieron a un Torino blanco que salió en dirección a la pista de aviación”. Esa fue al última vez que lo vieron.

La familia de Manolo vivía en Neuquén y cuando le avisaron a su mamá que lo habían detenido ella y su hermana viajaron hasta Rincón de los Sauces. Posteriormente también viajaron a Cutral Có, donde Manuel tenia una piecita y encontraron todo revuelto. Una vez intentaron averiguar si estaba detenido en algún lugar para poder verlo, pero la respuesta que obtuvieron del comando fue “vuélvanse a su casa tranquilas y sigan la vida como puedan”. Así lo recodó Natividad Gonzáles, su hermana, cuando prestó testimonio. Después de eso la mamá de Manuel no quiso hablar más del tema. Otro de los que intentó averiguar algo fue Apiwan, quién comentó “vine acá -a Neuquén- y quise averiguar porque era muy querido en Rincón. Fuí a la U9 y me dijeron que trate de no hablar del caso porque me podía pasar lo mismo. Yo solo quería saber si estaba preso para ayudar, para ver si necesitaba algo”, aclaró.

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Foto: Iris Sánchez

La persecución ideológica, directamente relacionada al plan sistemático, a veces cuesta ser probada en los testimoniales de estas causas. Recuerdo en una charla con Lolín Rigoni en donde me expresó que durante mucho tiempo había creído que su hijo no le contaba nada porque “pensaba que ella no podía dimensionar lo que estaba pasando”. Tiempo después ella le hizo ese planteo a una mujer que vino a exponer en unas charlas de la región, a lo que esta le respondió “no es así, nosotros no decíamos nada para proteger a nuestras familias”, a partir de allí aseguró que entendió de lo que el golpe había significado para la militancia organizada. Probablemente ese sea el motivo por el que, a veces, se dificulte encontrar testigos que afirmen la participación política de las víctimas.
“Me fueron a buscar dos veces a mi casa y tengo un cagazo”, le había dicho Manuel a Néstor Campos en una oportunidad. Néstor Alberto Campos conocía a Manuel porque era amigo de su hermano Héctor, también desaparecido. Héctor y Néstor eran compañeros de estudio y de militancia en el ERP. Además comentó que en una oportunidad Manuel le había dicho que la policía de Cutral Co tenía sus datos porque una vez lo había agarrado panfleteando. Un ex compañero de trabajo, Ricardo Juárez aseguró “en una oportunidad mi jefe le preguntó si sabía que Gonzalito andaba en “reuniones” en Neuquén y me dijo que tuviera cuidado”. De los cinco testigos que declararon por el caso de Jesús Manuel Gonzales, dos de ellos Campos y Juárez pudieron afirmar que Manuel era un militante activo.

La transición a la hora de reivindicar la militancia fue fundamental en estos juicios, desde el año 2008 hasta hoy. Cada testigo que se sienta en la banquillo y reivindica su militancia, la de su tío, la de su abuelo, la de su padre, madre; se vive como una satisfacción. Permiten demostrar que no hubo derrota alguna, que “las ideas del hombre/mujer nuevo y nueva” siguen presentes, que no es una mera consigna cuando el canto de “Alerta, alerta, alerta que están vivos, todos los ideales de los desaparecidos”. La memoria y las convicciones setentistas siguen ahí vigentes, fervientes y vivas, en la calle y todos los días; porque como dijo alguna vez Nano Balbo: “la memoria no es solo recordar”.

El plan criminal de la persecución

Foto: Iris Sánchez
Foto: Iris Sánchez

El abogado querellante por la APDH (Asamblea por los Derechos Humanos de Neuquén) Juan Cruz Goñi expresó que “la persecución política es relevante por ser centralidad y causalidad del plan criminal. Es importante que los testigos se expidan con lo que tiene que ver con los secuestros y torturas, pero es muy importante también la persecución política hacia la militancia partidaria, social, gremial e incluso de las organizaciones barriales”.
“La lógica efectúa ciertos recortes y se sitúa solo sobre la prueba para probar los delitos, pero el sentido histórico de estos juicios no se centra solo en la etapa represiva, porque se tomó como blanco a las víctimas para modificar las relaciones sociales”, explicó. Además agregó que desde el segundo tramo, es decir desde “La Escuelita II”, ha habido un proceso de reivindicación de la militancia “los testigos cuentan la militancia con orgullo, la relatan y no la esconden”. Eso es fundamental porque la militancia en sí es parte de la prueba y la acusación. Finalmente hizo la salvedad de que en este tramo de los juicios la gran mayoría de los casos son de trabajadores.

40 años abrazándolas

“Son la militancia más comprometida porque fueron y son capaces de superar los cercos ideológicos para abrazar todo aquello que sea bueno para el pueblo. Nunca quisieron pertenecer a una ‘parte’ porque su tarea era animar ‘el todo’. Porque la lucha por la vida si se la partidiza se la corrompe. Solo el que es capaz de juntarse con quien sea mientras éste en serio luche por la vida, es un militante popular.
Por eso, las Madres siguen intentando gestar unidad popular, aunque muchos –incluso a veces de quienes las rodean- les impiden darla a luz”

Fragmento de la entrevista realizada a Rubén Capitanio en la revista “Un nuevo sol” (Abril de 2007).

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