La contracara del desamparo, la fuerza de la autogestión

Educación

Valentina NorteTrabajadoras y trabajadores del barrio Valentina Norte Rural de Neuquén crearon una red para combatir el abandono estatal basada en dos derechos fundamentales para las personas: salud y educación.

por Florencia Salto / flor_salto@hotmail.com

No es fácil llegar y más si la noción de Neuquén termina donde culmina el centro. O sólo se tienen imágenes de la ruta 22 atravesando la ciudad para ir a visitar otra, o para volver al hogar. Ahí sí se pueden ver, están claras e iluminadas, habitadas y perforadas. La meseta de Neuquén hace mucho tiempo que alberga familias, brinda alimentos y acoge animales. Sus barrios tienen nombre e identidad, pero sus habitantes ningún derecho.

“Ah no sabía que acá vivía gente!”, estalló como una burla en el rostro de Laura Heffner, trabajadora social desde hace cuatro años de la posta sanitaria del barrio Valentina Norte Rural. El comentario lo hizo el ex ministro de Salud, Rubén Butigué. “Los talleristas no van a querer ir para allá”, fue otra respuesta desde Educación cuando se les solicitó acompañamiento en las actividades que estaban llevando a cabo con los y las vecinas, a pulmón.

No sólo los comentarios sitúan la relación del Estado con el barrio. Las imágenes cuentan su historia, relatan sus pesares y ausencias. Pero también muestran la contracara del olvido, la fuerza de la organización.

Rodeando el aeropuerto, pasando el hipódromo, la calle Crouzeilles se extiende hasta el corazón de la meseta. El paisaje es muy variado. Caballos en acción contrastan con carteles de venta de alimentos, que a su vez chocan con barrios privados. Luego de transitar unos metros de imponente arboleda, a mano derecha aparece un cartel gastado donde todavía se puede leer “Bienvenidos a la Casa de Nazaret”. Allí que hay que ingresar para encontrar la escuela Nuestra Señora de la Guarda.

Única escuela secundaria en la zona, distante por muchos kilómetros de otros establecimientos. Su origen fue justamente esto, la ausencia de escuelas para los jóvenes del oeste, y por consiguiente la imposibilidad de acceder al derecho a la educación.

Valentina NortePública de gestión social, “fue creada para aquellos chicos que de otra manera no podrían acceder a la escuela secundaria, ni permanecer, como es el caso de los jóvenes de la meseta”, explica su directora Natalia Velazquez, habitante del establecimiento desde el año 2008.

Natalia se emociona cuando expresa la intención de quienes la crearon, su solidaridad. “La escuela es un bachiller en Economía Social y Prácticas de Emprendimiento. El objetivo fue y es que los alumnos sean emprendedores, gestores de su propio destino. Pero también es darles técnicas para mejorar y alivianar su trabajo. En la meseta las familias tienen cultivos y animales, y muchos padres son albañiles”, asegura.

En consecuencia con ello, la escuela brinda talleres de diseños constructivos donde aprenden construcción natural, tornería, soldadura. También gastronomía, agropecuaria e informática.

Las variadas texturas trazadas en el piso retratan cómo Nuestra Señora de la Guarda fue creciendo a pedazos, a medida que iban juntando la plata para comprar materiales o recibiendo donaciones. Azulejos de distintas formas y colores se encienden a medida que se recorre el espacio multifacético. Ollas y gorras juegan en la sala del taller de cocina, afuera un grupo de jóvenes combate los inmensos mosquitos calando la tierra con movimientos espasmódicos, sobrados de picardía. La directora me lleva orgullosa a recorrer cada rincón, se detiene en los detalles, se ilumina.

Pero nada fue fácil y por el contrario lo que hoy es grande y alberga muchos jóvenes, fue a costa de un gran esfuerzo de toda la comunidad educativa, muchas veces desgastada de ir a tocar puertas pidiendo que comprendan su rol social. Hoy, a 11 años de su nacimiento, muchos no lo han entendido y siguen preocupados por la fachada céntrica, por la limpieza de sus fuentes y la blancura de sus paredes.

La escuela nació en el 2005 y hasta el 2014 no tuvieron agua. Ese mismo año la alegría se opacó de la mano de las inundaciones, ya que se quedaron sin gas. Situación que continúa. “El estado municipal nos dijo que nos iba a ayudar pero nunca cumplió. Nosotros fuimos damnificados como tantos vecinos de la ciudad. En invierno pasamos mucho frío. Los alumnos tienen que cocinar con garrafas, o en el horno de barro ubicado en el patio”, explica Natalia.

Para el Estado son una escuela pública de gestión privada. “Para nosotros no es así, somos una escuela pública de gestión social. A nosotros el Estado nos subsidia con los sueldos y nosotros lo subsidiamos a él en una función importantísima que no está cumpliendo. Es más, el 99% de los egresados son los primeros que hacen el secundario en su familias”, enfatizó la directora.

La tierra en sucesión, la salud a la deriva

“Si señor, viven alrededor de 600 familias, lo cual implica aproximadamente 2000 personas”, fue la respuesta de una de las trabajadoras del barrio ante la ignorancia de un político de turno.

El mal que aqueja a los habitantes del barrio Valentina Norte Rural, según el Estado, es que están sobre un territorio en conflicto ya que le pertenece a un privado y hay problemas con la sucesión. “No se puede construir nada, ni una plaza”, fueron las palabras del vocero municipal.

Sin embargo, la empresa petrolera Pluspetrol, instalada en el barrio como una casa más, sí pudo accionar sobre el territorio. Según contaron las trabajadoras “la empresa fue la madrina de la anterior escuela ubicada en el barrio, 356, haciendo aportes económicos. Una vez por año llevan un trailer de salud donde realizan controles y les hacen lentes gratis a los vecinos. Hasta el tendido eléctrico lo hizo Pluspetrol”.

La posta sanitaria está ubicada en el corazón del barrio, en las profundidades de la meseta. Un cuarto muy pequeño, conectado a un salón donde funciona el comedor, es la propuesta de salud que el estado tiene para sus habitantes. Una vez por semana, medio turno, una médica realiza el control de niño sano y embarazos. “Todo lo demás se deriva. Todo el resto queda afuera”, explica Laura Heffner.

Actualmente hay 200 chicos bajo el control de niño sano. “Es el mismo promedio que el del Centro de Salud de Colonia Nueva Esperanza”, alerta la trabajadora social.

Detrás del pequeño comedor sanitario, entre yuyos que tapan restos de cerraduras y otros elementos, está el edificio donde antes funcionaba la escuela 356. La idea era que una vez concluido el traslado, Salud se haría cargo de ese espacio para poder mudar la precaria posta sanitaria y transformarla en un centro sanitario. “No eran grandes pedidos, con muy poco se podría poner a funcionar. Lo que necesitamos es que construyan un baño. Pero no se avanzó en ninguna obra”, expresa Heffner.

Trabun Che We, Reunión de gente

Valentina NorteAnte la inacción estatal y con la imperiosa necesidad de organizarse, a fines del 2014 un grupo de trabajadoras y trabajadores del barrio comenzaron a juntarse y a gestar lo que luego tomó la forma de una red interinstitucional.
“La idea de trabajar en conjunto con las instituciones radicaba en la importancia de hacer un abordaje macro y no fragmentado de una realidad social tan compleja. Tenemos complejidades que exceden la intervención puntual en lo micro familiar que uno puede llegar a hacer”, cuenta Laura Heffner.

Integrantes de la posta sanitaria, de la escuela Nuestra Señora de la Guarda, de la comisión vecinal del barrio, junto a miembros de diversas organizaciones, se apropiaron del edificio escolar abandonado y crearon el Centro Intercultural e Interinstitucional Saludable, Trabun Che We, que significa en mapuce reunión de gente.

Talleres de folclore, yoga, cerámica, electricidad, carpintería y guitarra se abrieron a los vecinos del barrio para mostrar que no todo era manoseo de las empresas, o migaja institucional. Lo mantuvieron a pulmón, consiguiendo donaciones. Sin embargo, un robo a fin del 2015 dejó el espacio vacío y un profundo sentimiento de descreimiento. Hoy, la red vuelve a organizarse para continuar el camino emprendido.

De la posta a la escuela

Valentina NorteLa falta de espacio de las trabajadoras de la posta sanitaria encontró en las aulas de la escuela Nuestra Señora de la Guarda y en quienes las habitan, las puertas abiertas. Salud sexual y reproductiva fue el primer eje abordado y para este año van a trabajar géneros, masculinidades y patriarcado.

Aunque cansadas de remar contra la corriente, con los rostros curtidos de vivenciar diariamente situaciones de injusticia, la mirada de las trabajadoras no se cierra. Se miran y recuerdan entre risas, como una forma de pasar el trago amargo, respuestas de autoridades municipales y provinciales y su impotencia frente a tanta falta de respeto. “Lo único claro es que el estado, en Valentina Norte Rural, no existe, igual que sus habitantes para ellos”. Y sólo queda entre nosotras un profundo silencio.

 

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