Las presas políticas del Alto Valle

Derechos de la humanidad, Justicia
Foto: Iris Sánchez
Foto: Iris Sánchez

Quisimos recordarlas. Porque pasaron los años, pero ellas están. Está su fuerza, está su ejemplo, está su grandeza, está su legado, están sus historias, está su lucha. Leticia Veraldi y Natalia Cantero están.

por Rocío Morales  y Malén Varela

Leticia, “era una Leticia fuerte”, recuerda Noemí Labrune. Puede afirmar eso porque a pesar de que vivió con ella solo un año, la conocía desde chica por ser la hija de un matrimonio amigo. También resalta que está declarando en nombre de los padres de Leticia, ya fallecidos.

La declaración como testigo en el cuarto tramo de los juicios por lesa humanidad en nuestra región “Escuelita IV”. La sala está llena, pero entre las presencias se destaca la de los primos y amigos de Leticia. Ellos viajaron desde Buenos Aires, Leticia era de allá y militaba en la Juventud Guevarista.

Llegó en abril porque su mamá la obligó a irse y ella no quiso salir del país. En su escuela, en Buenos Aires, ya habían prohibido el centro de estudiantes y la vida de varios de sus compañeros. No salir del país era, en cierto modo, quedarse. “Las razones que tenía para no dejar el país eran aquellas que motivan a un joven a dejar su vida para militar políticamente, socialmente y voluntariamente”, reflexiona Noemí. Terminó cuarto año en Neuquén y había empezado quinto en Cipolletti. Además tocaba la guitarra, cantaba, contaba cuentos y hacia títeres, “tenía el anhelo de estar activa en la sociedad”, resume Noemí.

A pesar de su antecedente partidario, acá solo se involucró con la militancia social. Su participación era artística y su compromiso con las escuelas rurales que visitaba frecuentemente. Por esa razón había decidido quedarse, ser maestra rural y trabajar con las comunidades mapuche.

Leticia había ido a buscar un libro de matemática financiera, pero al regresar “estaba por entrar y fue interceptada por dos hombres vestidos de civil”, le contó después un vendedor a Noemí Labrune. También recuerda que a los pocos días las fuerzas armadas “visitaron” a la familia de Leticia en Buenos Aires. “Quedamos con un pánico nosotros y los padres, porque la dictadura estaba al asecho”, agrega.

“En una oportunidad la esposa de Sommer (ex policía federal imputado) me dijo: ‘mi marido me comentó que para esa fecha -la fecha del secuestro de Leticia- hubo una chica muy joven toda la noche en la policía’, aunque después terminó negándolo”, dice Noemí. Las denuncias las hicieron, pero fueron convenientemente cajoneadas.

Sobre las consecuencias, Noemí lamenta por lo que pasaron los padres de Leticia. Y cuenta cómo Gabriel Veraldi, el papá de Leticia fue engañado por al menos tres años. Resulta que su socio le hizo contacto con un “espía” que lo llamaba periódicamente y le pedía dinero a cambio de supuesta información de Leticia. En una oportunidad le dijeron que Leticia estaba siendo reeducada en Brasil y explicó “es que aquellos que resistían, resistían pensando que podía ser posible”.

Con la vuelta a la democracia Gabriel Veraldi le hizo un juicio a su socio y lo ganó. Esa fue su revancha. En ese momento encontró una carta que alguna vez le había mandado su hija. Ahí le contaba que se iba a quedar en Cipolletti, porque quería estudiar para maestra y trabajar con las comunidades mapuche. Como símbolo de mantener vivo el sentido de su hija, Gabriel donó parte del dinero y con él construyeron La Ruca de la Confederación Mapuche en Neuquén. Es por eso que decimos, sentimos y vemos que Leticia está.

La fuerza de los oprimidos

El juez Pedro Laurentino Duarte fue designado como tal por los responsables de la Dictadura desde 1976 hasta 1984. Es el mismo que muchos testigos acusan de haber recibido los habeas corpus que presentaban por la desaparición de sus familiares, pero que Duarte luego se ocupó de mantener bien guardados en su cajón. Además de juez federal en la Dictadura era terrateniente y desde esa época tenía como objetivo la persecución al pueblo mapuche. En la actualidad es estanciero y, por sus actos, acusado de promover la discriminación racial.

“Cuando las comunidades decidieron defenderse Duarte volvió a mostrar su poco aprecio por las personas y sus derechos, pero sobre todo su profundo racismo hacia nuestro Pueblo”, denunciaron desde la Confederación Mapuche. Su principio fue promover lemas y acciones racistas que iban desde “armarse contra Mapuches” hasta la persecución sistemática por medio de causas judiciales, que buscaban criminalizar el derecho al territorio, persiguiendo a las autoridades y comunidades de la Confederación Mapuche. Eso último lo hizo bajo la figura de “defensor de las leyes”  y con el apoyo del fallecido Nuno Sapag (hermano de Jorge Sapag), el abogado de estancieros Julián Álvarez y otros empresarios y terratenientes amigos del gobierno. Junto a ellos también creó la agrupación Argentinos en Defensa de la Ley (ADELEY).

El pasado 24 de marzo la comunidad mapuche levantó la consigna de “¡Cárcel para Pedro Laurentino Duarte!”, “Ni olvido, ni perdón para el estanciero racista anti Mapuche y cómplice del genocidio y los delitos de lesa humanidad!”.

¡MARICI WEW!

Esta nota es parte del plan C de abril de 8300. Conseguilo en Abri Mundos (Santa Fe 679), Cae Babylon (Avenida Argentina 816), Café La Conrado (Irigoyen 138), Ámbito Café (Chubut 240), Factotum (Alcorta 219), Mi loca vida (Pampa 1149), Kuruf Editorial (Feria de artesanos), Escuela de Psicología Social (Roca 658) o en los kioskos Corsa (Mitre 307), Alvear (Diagonal Alvear y Roca), ACA (25 de mayo 165), Truco (Alderete y Tucumán), Mercado Tati (Leguizamon 1974), Kioskón (25 de mayo 99), también en el barcito de la Facultad de Humanidades. También podés conseguirlo en Cipolletti en Minishopping Toto (Irigoyen 385). Si sos de Fiske Menuco / Roca, San Martín de los Andes, Junín de los Andes, Chos Malal y Zapala y querés comprarlo, escribinos que también llegamos a esas localidades.

Deja un comentario