Se agrava la precarización laboral en Agricultura Familiar

Política


Agricultura familiarEn Neuquén la delegación se encuentra en estado de asamblea permanente ante la amenaza de despidos. En Jujuy ya fue desmantelado la mitad del personal. “El 80 % de los productos que consumimos viene de la agricultura familiar y a este gobierno no le interesa”, aseguran los trabajadores.

Monotributo, contratos anuales, falta de recursos, vaciamiento, deudas y despidos injustificados. Es el panorama que se vive en las delegaciones de la Secretaría de Agricultura Familiar dependiente del Ministerio de Agroindustria de la Nación.

“A este gobierno no le interesan las políticas de pequeños y medianos productores. Solo piensan en el agro negocio y en que aumente el precio de la soja. Nosotros trabajamos con sectores más vulnerables de la economía y el 80 % de lo que consumimos (excepto leche y lácteos) vienen de la agricultura familiar”, afirmó Walter Mela, trabajador del área de producción vegetal con 15 años de antigüedad y congresal de ATE.

Los problemas en Agricultura Familiar no son nuevos. En Neuquén hay nueve trabajadores que no perciben sus salarios desde noviembre del año pasado. Desde octubre los recursos son escasos y eso impide que el personal pueda hacer el trabajo de campo.

A principios de marzo llegó una notificación mediante circular para informar que la totalidad de la planta de trabajadoras y trabajadores será despedida el 31 de marzo de este año. Se trata de personal que incluye ingenieros/as agrónomos/as, veterinarios/as, trabajadores/as sociales y se distribuyen en Zapala, Piedra del Águila, Chos Malal, San Martín de los Andes y Neuquén.

A nivel nacional se despidieron en seis meses a más de 200 trabajadores/as precarizados. El discurso de los “ñoquis” y la “grasa militante” no se condice con la realidad. En Jujuy fueron despedidas 23 personas en total, de las cuales solo siete pertenecían a la planta política y habían sido designadas con objetivos partidarios. Los 16 trabajadores y trabajadoras restantes llevaban entre 8 y 12 años de antigüedad. Además tres eran delegados gremiales.

La crisis en el sector pone en riesgo la continuidad de la asistencia técnica, por el desfinanciamiento de las líneas y programas para las familias campesinas y de pueblos originarios. En marzo realizaron un acampe en Buenos Aires.

Durante los gobiernos kirchneristas aumentó en 15 millones de héctareas la producción de soja en el país. El agronegocio siempre fue una política de Estado prioritaria y la precarización laboral en sectores como Agricultura Familia siempre tuvo sus dificultades para desarrollarse ante estos modelos de producción.

La solución de Macri es producir a lo grande

por Gisela Hugo / gisella_hugo@yahoo.com.ar

Los problemas en Agricultura Familiar no son nuevos porque el modelo de producción agrícola, destinado a la exportación y concentrado en grandes empresas y propietarios, es una constante que ya cumple un par de siglos.

Bajo el gobierno de Mauricio Macri, la Secretaría de Agricultura Familiar dirigida por Oscar Alloatti, y dependiente del Ministerio de Agroindustria (vaya guiño si lo hay) pretende llevar a las pequeñas parcelas a producir, inicialmente a escalas medianas, y después a grandes niveles, tiñendo de neoliberalismo las múltiples formas de producción: sin distinción ni identificación (arbitrariamente, claro) de las producciones campesinas, ecológicas y comunitarias.

En medio de estas primeras declaraciones y definiciones políticas, se cuela en Expoagro 2016 el debate acerca de los derechos de propiedad intelectual de las semillas, la modificación de la Ley vigente y el cobro de regalías por parte de las grandes empresas por la resiembra de las semillas.

Por su parte, el Estado pone a disposición toda su estructura y actitud negociadora para recibir nuevas inversiones extranjeras. Frente a este escenario, las disputas por la biodiversidad -que incluyen el reclamo por los recursos genéticos, las semillas, los conocimientos asociados, y otros- cobran vigencia absoluta y necesaria, tanto para frenar los avances sobre la mercantilización de la Naturaleza y los derechos legítimos de agricultores y agricultoras a replantar sus semillas.

Esa nueva ruralidad iluminada por una perspectiva más colectiva, con canales de comercialización y producción alternativos, formula propuestas agroecológicas, familiares, locales y sustentables para la producción de alimentos y mejora de la salud humana y animal.

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