La lucha es organizada frente al gatillo fácil

Justicia
Foto: Coordinadora 13 de enero
Foto: Coordinadora 13 de enero

El juicio por el asesinato policial de Pablo Vera en Fiske Menuco puso en valor la lucha de las familias de la región y el país contra la violencia y la impunidad de las fuerzas de seguridad. Frente al dolor, salen a la calle y exigen por justicia.

por Mercedes Azar Quizar / azarquibarm@gmail.com

“Ya estamos acá. Llegamos”. La hermana de Pablo Vera mira a su alrededor y sonríe. El clima es de alegría, cantos, aplausos, abrazos. Durante las cuatro audiencias de juicio, tuvieron que sentarse frente al policía que asesinó a Pablo, Jorge Villegas. Lo miraron a la cara, lo escucharon hablar, lo odiaron. Pero el dolor se transformó en lucha y la lucha concluyó en alegría: el tribunal sentenció a Villegas a cadena perpetua.

“Yo lo que quiero es agradecer a todos, si no hubieran estado no habríamos llegado”, dice. Después se pone más seria, mira para arriba y afirma: “Quiero decirle a mi hermano que está en el cielo que ahora puede descansar en paz, porque se hizo justicia”. En ronda alrededor de ella, de su madre y de su hermano, los mira y escucha un gran grupo de gente. Entre las organizaciones y los no agrupados se encuentran también –y son muchos­ los familiares de otras víctimas del gatillo fácil. Otros familiares que también lucharon o siguen luchando por justicia. Padres, madres, hermanos, hermanas o cuñadas que dejaron de lado el dolor propio para acompañar el de otros. ¿Por qué?

“Porque cuando se está contra un sistema tan gigante uno se siente solo, pero esto te hace dar cuenta de que no estás solo y que hay muchas personas que te van a ayudar a salir adelante”, me responde Ely Hernández, madre de Braian, que tuvo su propia lucha durante el 2013 y consiguió una condena igual. “Lo único que pudo sanar un poco ese vacío gigante que tenía fue el acompañamiento de las organizaciones que estuvieron a mi lado”, y finalmente sonríe y agrega: “Y yo sé que Braian así lo querría”.

César Casas, padre de Matías, peleó hasta conseguir en 2014 que el Jurado Popular dictamine prisión perpetua a Héctor Méndez, asesino de su hijo. Tras acompañar todo el juicio a Jorge Villegas, César dice: “En estas audiencias se vuelven a vivir hechos muy dolorosos”, pero “es muy bueno para poder tomar fuerzas para salir a la calle y seguir compartiendo estas cosas”.

Las fuerzas son la clave. Y se necesitan muchas, porque hay muchos chicos que son asesinados, porque hay muchos policías que siguen impunes y porque hay mucha justicia que aún es cómplice. Pero algunas veces se logra, y cuando se logra, llega la esperanza. Romina Solano, hermana de Daniel, promete no bajar los brazos: “esto nos fortalece también a nosotros y nos da confianza en que se va a hacer justicia por Daniel”.

También Nora Cortiñas, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, estuvo presente el día de la sentencia (el 11 de marzo) y se llenó de confianza: “Hay que seguir todas las causas que hay, terminar con la impunidad. También para nosotras, las Madres, estamos pidiendo que se abran los archivos; queremos toda la verdad, toda la justicia. Por eso aquí también están los 30.000 compañeros desaparecidos. Vamos a seguir con el resto de las causas hasta vencer”.

La condena a un asesino es victoria de todos, y todos la sienten propia: quienes ya consiguieron “justicia” y quienes aún siguen peleando. “Cuando hay un fallo como éste es porque hay compañeros, hay gente en la calle”, dice Leo Santillán, hermano de Darío. “Hay que pegar un salto de conciencia porque si no logramos la unidad esto va a seguir pasando”.

Y si algo queda claro el día de la sentencia es que esa unidad que pide Leo Santillán se está dando. “No hay muros, porque hay injusticia en todos lados”, dice Claudia Painevil, hermana de Carlos, desaparecido en Allen en 2012. Lo dice porque los familiares que se han acercado a acompañar son de distintas ciudades de Río Negro, de Neuquén y de Buenos Aires. Cuando se trata de ir contra el sistema mismo –ellos lo saben­, sólo la organización, la movilización y la lucha conjunta logra los alcances esperados.

Ismael Jalil, abogado de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), sostiene que la sentencia conseguida “tiene mucho que ver con la organización. Se ha ocultado esa posibilidad de organizarse para pelear contra el gatillo fácil. Pero la sumatoria de todas esas familias le da proyección social al reclamo. Una lucha sin organización no tiene el mismo sentido”. Y esto, dice, “repercute sobre el Poder Judicial: no van a poder invisibilizar, naturalizar con tanta facilidad si hay muchos ojos alerta mirándolos”.

Foto: Coordinadora 13 de enero
Foto: Coordinadora 13 de enero

Sobre el derecho a la vida

Villegas apretó el gatillo en esta oportunidad, como tantos otros lo hicieron en algún otro momento y en algún otro lugar. “No es el primer caso, es algo sistemático”, dice Victoria Naffa, abogada querellante en el caso Pablo Vera. Por eso, los juicios que concluyen en prisión perpetua a policías por el agravante de ‘abuso de la función policial’ son muy importantes, en tanto “la justicia reconoce que fue un homicidio por parte de un agente del Estado –explica Naffa­. Fue parte del Estado el que cometió el homicidio”.

La Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) realiza un registro desde 1996 sobre casos de gatillo fácil. Veinte años de seguimiento les permite entenderlo como una política de Estado; “porque está destinado a disciplinar al joven pobre”, afirma Ismael Jalil, abogado de la Coordinadora. Como los jóvenes más desfavorecidos por las políticas de exclusión pueden “ser potencialmente elementos que se levanten si se organizan, el Estado directamente lo elimina con el gatillo fácil”. Esto es identificado como “represión ‘preventiva’, porque la ‘selectiva’ es la que se ejerce sobre los jóvenes que se organizan políticamente”, cuenta Jalil.

Ahora bien, la justificación que se escucha habitualmente en casos como estos son: “el pibe estaba robando”, “era un delincuente”, “algo habrá hecho, se lo merecía”. Frente a esto, Ismael Jalil responde: “Nos importa muy poco si fue a robar o no. Es importante plantear que el derecho a la vida está por encima del derecho a la propiedad. Y entonces, aunque haya robado no hay motivo que justifique el asesinato. Si yo ya cometí el robo y estoy huyendo, no hay nadie en peligro y el policía me persigue y me pega un tiro no hay nada que lo justifique”.

“Antes de este hecho nadie hablaba de Pablo Vera. Ni siquiera se conocía su nombre. Se le empieza a imputar un montón de hechos a partir de que se tenía que legitimar el accionar de Villegas”, dice y Victoria Naffa sigue: “Tiene que ser muy fuerte la familia para enfrentar los discursos que le imponen para que no luche. En el caso de Pablo toda la estigmatización que se vio por parte de los medios de comunicación hegemónicos y de la sociedad estaba destinada a eso”.

Esta nota es parte del plan C de abril de 8300. Conseguilo en Abri Mundos (Santa Fe 679), Cae Babylon (Avenida Argentina 816), Café La Conrado (Irigoyen 138), Ámbito Café (Chubut 240), Factotum (Alcorta 219), Mi loca vida (Pampa 1149), Kuruf Editorial (Feria de artesanos), Escuela de Psicología Social (Roca 658) o en los kioskos Corsa (Mitre 307), Alvear (Diagonal Alvear y Roca), ACA (25 de mayo 165), Truco (Alderete y Tucumán), Mercado Tati (Leguizamon 1974), Kioskón (25 de mayo 99), también en el barcito de la Facultad de Humanidades. También podés conseguirlo en Cipolletti en Minishopping Toto (Irigoyen 385). Si sos de Fiske Menuco / Roca, San Martín de los Andes, Junín de los Andes, Chos Malal y Zapala y querés comprarlo, escribinos que también llegamos a esas localidades.

One thought on “La lucha es organizada frente al gatillo fácil

Deja un comentario