Observaciones

Política, SECCIONES

por Jorge Gadano / jorgegadano@gmail.com

La flamante subsecretaria de Derechos Humanos del gobierno neuquino, Alicia Comelli, regresó a la provincia después de ocho años en la Cámara de Diputados de la Nación, y a unos pocos día asumir deslumbró a los lectores del diario Río Negro con “una lógica distinta”. Sí, así es. Esa lógica consistirá en incorporar a los derechos que ella llama “de primera generación” -que serían los concernientes a los 30.000 desaparecidos y afines (según Mauricio Macri “el curro de los derechos humanos”)-, a la que viene después: salario digno, trabajo digno, medio ambiente.

Su principal herramienta para alcanzar esos objetivos (todo digno, diríamos) es la creación de un “observatorio de derechos humanos”, que será uno de los pilares de un foro de derechos económicos, sociales y culturales (o al revés).

Ese foro sería el primero en el país, dijo Comelli. Si bien es verdad que en otra nueva subsecretaría neuquina, la de Mujeres, a cargo de Patricia Maistegui, hay otro observatorio, este es solamente de violencia.

Como quiera que sea, ya con dos observatorios se puede observar bastante. Habría, no obstante, algunas observaciones que hacer. La principal sería la de que tanto este como los anteriores gobiernos emepenistas, desde 1963 hasta hoy, tendrían que, antes que nada, mirar hacia dentro.

Empezando por la constitución de 1957, cuyo texto, de los más avanzados, revela que los convencionales que votaron, culposos porque el peronismo estaba proscripto, quisieron mostrar que ellos eran más amigos del pueblo que los desalojados del poder en 1955.

Por eso es que la carta magna neuquina de 1957 establece en el capítulo de los Derechos Sociales, artículo 37, que “el trabajo es un deber social y un derecho reconocido a todos los habitantes”. Seguramente, el observatorio de Comelli tendrá que observar con mucha atención esta norma y las que le siguen, ya que el año próximo se cumplirán 60 desde que la constitución fue sancionada sin que estos principios se hayan concretado. Antes bien, parecen una broma de mal gusto, o un monumento a la hipocresía.

Será preciso observar también lo que pasó en 1970, que está a la vista de todos, aunque en el Movimiento Popular Neuquino lo haya enterrado en una profunda fosa, la del olvido, simplemente porque da vergüenza. Ese año, en marzo, todo el MPN, en bloque, aceptó sumarse a la dictadura de Juan Carlos Onganía, que continuó, ya en retirada, con Levingston y Lanusse. ¿Se ocupará de este asunto el observatorio?

Hay otro caso para observar, el de Zainuco, que tratamos en esta misma edición. ¿Se tomará su tiempo el observatorio para leer el libro de Juan Carlos Chaneton?

Ibazeta

De vuelta al texto idílico de la constitución neuquina. El artículo 70 dice que (díganme si no es una hermosura) “las cárceles y todos los demás destinados al cumplimento de penas de privación de libertad en la provincia serán sanas y limpias, y organizadas sobre la base de obtener primordialmente la reeducación y readaptación del detenido…Toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos física o moralmente hará responsable al que la ejecuta, autoriza o consienta”.

Obviamente, a los constituyentes no se les ocurrió abordar la hipótesis de que a un preso se lo asesine a puñaladas en la cárcel. Eso le pasó a Cristian Ibazeta, un preso rebelde que denunciaba torturas, hace cuatro años. El fiscal, Maximiliano Breide Obeid, tiene sospechas del poder, pero no tiene pruebas. Y así van pasando los años. Observe, Comelli.

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