Aprender de Braian

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ASESINATO DE BRAIAN HERNANDEZNos despide como nos recibió, con una sonrisa y nos dice una frase que la funda: “Braian está orgulloso de mi”. Durante toda la charla sus manos, como mariposas, revolotearon para contarnos quién era y quién es desde aquel 20 de diciembre, cuando perdió a su hijo por culpa del disparo que le había dado el día anterior el ex policía Claudio Salas.

por María de los Ángeles Galeazzi  / @MeriAG y Virginia Trifogli / @vtrifogli

“A Braian no lo perdí yo, lo perdimos todos”. En una sola frase, Eli engloba todo lo que significó para ella el darse cuenta que el asesinato de su hijo fue un caso de gatillo fácil. Reaccionó cuando viajo a Buenos Aires a una actividad por Luciano Arruga y en medio de muchas imágenes expuestas sobre las víctimas de gatillo fácil vio el rostro de Braian. “¿Qué hace mi hijo ahí? En ese momento me cayó la ficha”. Nos explica que el sistema no funciona, que los salarios bajos obligan a trabajar y trabajar sin poder ver lo que pasa alrededor. Que su caso no era el único. Que tenía que luchar. Y de la Eli que era, vino una nueva Eli: “de mi misma nació otra mujer”.

Eli se presenta como mamá y trabajadora, pero sobre todo como una mujer que no se arrepiente del camino recorrido porque con sus aciertos y sus errores puede ayudar a otras familias, como la de César Casas, cuyo hijo Matías también fue víctima de gatillo fácil. “Cuando pasó lo de Matías Casas la noticia no me impactó. Me pasó por arriba. Fue incluso antes del crimen de Braian. Ahora tengo conciencia de estas situaciones”. También sabe que no estuvo sola, “toda esa gente me construyó a mi” valora cuando enumera a las organizaciones de Neuquén que la acompañaron. Y reconoce como las raíces que la sostienen la lucha de otras: las Madres de Plaza de Mayo, las madres que luchan contra el gatillo fácil. También recuerda a Gladys Rodríguez de Zainuco, que falleció en 2013 y la reconoce como pilar de lucha y soporte para saber cómo actuar.

Las cosas no sólo se transformaron para afuera, sus prejuicios se desbarataron. Primero fue tratando de “limpiar” la imagen de Braian cuando los medios decían que era un chico del oeste y las voces replicaban que seguro estaba robando. Su hijo, en una de las tantas travesuras que la hacían enojar y reír al mismo tiempo, se había ido a vivir la aventura de pasear en el auto que un amigo le había sacado al padre sin que lo note. Su hijo, excelente estudiante, amigo de grandes y chicos, era un chico del oeste. Los chicos del oeste ahora tenían la cara de su hijo. Y ella supo que también eran víctimas de este sistema.

Eli, criada bajo normas estrictas, estaba segura de que la mujer debía estar en su casa, trabajar y hacerse cargo de su familia. Así cumplía. Ahora, la nueva Eli, se descubrió capaz de todo lo que se proponga, fuerte, como la quería ver Braian cuando ella lloraba porque él desobedecía. Y de esas madres que la alimentaron con su ejemplo para salir a luchar, de esas manos mariposas que hablan del camino recorrido con una sonrisa, surgió en ella otra crianza para con su hija menor: la de fortalecerla.

Ahora Eli espera que la Corte Suprema de Justicia tome el caso de Braian y las recomendaciones del Procurador de la Corte y que se condene nuevamente a prisión perpetua a Claudio Salas, luego de la baja de pena y el quite de agravantes por parte del Tribunal de Neuquén. Poder salir adelante cerrando una etapa, que a veces la encuentra con más fuerza y veces más débil, pero a diario aprendiendo de Brian y recordando su vida con alegría.

Braian, según Eli

Era un niño, casi adolescente que a pesar de sus ganas de hacer cada día más cosas de adultos, aún jugaba a los autitos.
Braian acompañó a una amiga hasta el puente Neuquén-Cipolletti cuando se escapó luego de una pelea con su mamá. A la noche Braian volvió y le explicó a su madre que le hizo el aguante un rato pero que ya le había dado hambre.
Una noche se había cortado el semáforo del barrio y se puso una máscara para dirigir el tránsito en la esquina. Los automovilistas respondían a sus indicaciones.
Braian también cruzaba el río sin permiso ante la insistencia de la madre para que se comportara.
“Calmate” le decía Eli. “Vas a tener una vida re larga por vivir, ¿por qué querés hacer todo ya? Ya vas a ser mayor y vas a poder manejarte solo. Tenía unas ganas terribles de vivir. Si hubiese sabido que no iba a vivir mucho…”

 

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