El poder judicial a los pies del Ejecutivo, pero todo bañado en el honor

Política, SECCIONES
Foto www.diariocontexto.com.ar
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Que haya un “Patio de Honor” en el sombrío edificio que alberga a la Suprema Corte de Justicia ha sido, para quienes lo ignorábamos, motivo de hondas cavilaciones. Las reproducimos a continuación.

Por jorge Gadano
jorgegadano@gmail.com
Por empezar es preciso desechar que el honor sea un atributo del patio. El patio es una cosa inanimada, de la que se puede predicar, por ejemplo, que es “de baldosas” o “de ladrillos”, pero hasta ahí.

El honor del patio, por lo tanto, tiene que referirse al uso que se le da, consistente siempre en destacar todo cuanto de honorable sucede en el poder judicial. Porque, por la misión que los magistrados tienen, la de hacer que la justicia resplandezca, los hace merecedores de ese patio, como también de que se les de un tratamiento de “Su Señoría”, y cosas por el estilo. Ellos, los magistrados, hacen su aporte usando un lenguaje que solo entiendan ellos, y siempre que pueden sitúan sus despachos en lugares físicos de difícil acceso (para la gente común, al menos), como ha sucedido en Neuquén, donde el poder judicial, que ya estaba en el alto de la ciudad, ahora está altísimo, en el alto del alto, entre nubes que van pasando calladas, lejos de la gentuza que importuna con tambores, redoblantes y gritos desaforados.

Está más claro el asunto cuando leemos que el acto que presidió la venerable figura de Carlos Fayt no fue por su cumpleaños nonagésimoseptimo sino por haber sido un “honorable” juez que defendió la independencia del poder judicial contra un plan secreto de la ex presidenta, que según lo denunció Mirtha Legrand era una “dictadora” que, obviamente, quería devorarse al poder judicial.

Es verdad que ahora el presidente Macri, convencido de que lo que no haga rápido (para meternos la mano en el bolsillo) no podrá hacerlo nunca (razón no le falta) decidió, por sí y ante sí, nombrar a un par de conocidos para cubrir dos vacantes en la Corte. Así, como haciéndose el distraído, esquivó la norma constitucional, vigente desde 1853, de que el Senado debe aprobar esos nombramientos. Pero como la mayoría del voto senatorial está en manos de los horribles, desoyó cualquier crítica y prefirió escuchar al honorable Lorenzetti, quien dijo que los así nombrados serían “bienvenidos”.

Después de ese canto a la pusilanimidad Macri supo que la corte era suya. Todo se arregló cuando el Ejecutivo y el Judicial pactaron que los postulados por Macri asuman en febrero (o sea que, contado días hábiles, lo harán dentro de unos días, un par de semanas, porque enero es feria judicial). Los radicales que, en un principio, criticaron el “abuso de autoridad” del presidente (artículo 248.código penal), ahora, con la postergación, ya se sienten mejor.

Dicho de otra manera, que una vez más la inmortal UCR se doble. Como para que Leandro Alem, que dejó para la UCR que fundó el mandato de “que se rompa pero que no se doble” se vuelva a suicidar.

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