El baile de la victoria

POPURRI, SECCIONES
Foto 8330Web.
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Mauricio Macri asumió la presidencia de mano de Federico Pinedo, presidente provisional del Senado, en un acto que supo corresponderse con un buen espectáculo de televisión. Te contamos cómo vimos ese mediodía amarillo de Cambiemos.

Por Virginia Trifogli.

Esto es un mundo aparte, todo, Buenos Aires, esta marcha… “tomá una” me dice un hombre que camina al lado mío extendiéndome una banderita. La columna que acompaña al presidente Mauricio Macri está alegre. Las vestimentas son de gala: tacos altos, vestidos elegantes, camisas serias y sombreros vistosos que le reniegan al sol. Amarillo, hasta en las rosas que algunas personas revolean en sus vitoreos. La juventud del PRO registra los festejos con sus smartphones. El paisaje típico de una movilización está transformado: sólo se divisa alguna que otra bandera de la UCR y una negra: “Todos somos Nisman”. Cada tanto algún canto: sí se puede/pudo/ podía.

Llegamos a Plaza de Mayo y además de la Casa Rosada se vislumbran otros personajes. Un hombre con peluca blanca lleva colgado el afiche del ex presidente chileno Sebastián Piñera con Macri y una leyenda que determina: “héroes de la libertad”. Más allá, una brasilera identificada con la remera de la selección de futbol de su país posa con la propuesta de intercambiar a Dilma por Mauricio. Y, finalmente, un Papá Noel de Cambiemos se convierte en mi compañero a la hora de esperar la entrega de atributos. Sucede. La gente se ríe. Se lanzan bengalas, verdes, por la esperanza. “Cristina es calabaza” repiten, aunque los agravios en voz baja son más feroces y especialmente sexistas.

Mauricio sale al balcón. Risas. Antonia juega. Suspiros de ternura. Mauricio baila. Risas nuevamente. Mauricio agradece y dice amarnos a todos. Suspiros de ternura. Mientras lamento la falta de lenguaje con perspectiva de género me retiro. Una señora es ignorada en su provocación con un cartel de Cambiemos a la carpa de Madres de Plaza de Mayo.

Eduardo Amadeo habla hasta con los canteros. Lo voy a volver a ver en la tele, sentado en su banca de diputado en el repaso de la asunción de Macri. Y voy a aprovechar para estudiar las caras del nuevo gabinete. Gustavo Lopetegui, secretario de políticas públicas que fue gerente de LAN. El coordinador interministerial Mario Quintana, dueño de las cadenas de farmacias “Farmacity”.

Alfonso Prat-Gay, ex director de estrategias de los bancos J. P. Morgan, hoy ministro de hacienda. Juan José Aranguren, que pasó de presidente de Shell a ministro de energía. El multitarea Franciso Cabrera, que supo ser miembro del grupo HSBC mientras dirigía el diario La Nación, y hoy tomó las riendas del ministerio de producción. Guillermo Dietrich, el hombre que anda en bicicleta a pesar de ser el dueño de una de las empresas automotrices más importante del país, ministro de transporte. Susana Malcorra, que “es la CIA misma” según el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, asumió en cancillería. Y por último veo al terrateniente ganadero Ricardo Buryaile, nuevo ministro de agroindustria.

Pero todavía sigo alejándome de la concentración, cosa que me resulta fácil. En un último vistazo busco alguna atrevida aparición de alguien del Frente Renovador, pero no tengo suerte. Para el lado que Sergio Massa se incline en la balanza será fundamental. Sobre todo para el gobierno macrista, que obtuvo su victoria a poca distancia de Daniel Scioli y que enfrenta el desafío de una moneda devaluada, industria en recesión, economías regionales en crisis, desabastecimiento energético y narcotráfico fuerte. Mientras tanto, escucho a lo lejos “si este no es el pueblo, el pueblo dónde está”.

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