Es la ahora de que el Frente para la Victoria se democratice

Política, SECCIONES

Por Jorge Gadano
jorgegadano@gmail.com

Abrazo al Tren del Valle antes del balotaje.
Abrazo al Tren del Valle antes del balotaje.

El periodista se cruzó con el diputado nacional Alberto Ciampini en el acto de inauguración de la filial Neuquén de Radio Nacional, en abril último. Hubo saludos corteses y un diálogo breve. Palabras más o menos, y como para decir algo, el legislador preguntó ¿cómo anda todo? El periodista aprovechó para decir que todo estaría mejor si el kirchnerismo neuquino se democratizara y tuviera vida interna, tanto para definir su política y sus alianzas como para elegir sus autoridades y candidatos. El legislador contestó, contundente, con un enfático “tenés razón”. El periodista se despidió preguntándose si la respuesta era en serio o solo una broma.

Lo cierto es que todo siguió igual. Pero el día del balotaje que colocó a Mauricio Macri en la Rosada, Ciampini habló con la prensa después de que lo hiciera la presidenta del PJ y también diputada nacional, Nanci Parrilli. Admitió, Ciampini, que “existieron errores”, pero como no dio detalles, no pudo saberse si entre los errores incluía la elección “a dedo” de dirigentes y candidatos.

Como para empezar, no estaría de más que quienes, por esas cosas de la vida, aparecen como dirigentes del Frente para la Victoria, convocaran a una asamblea pública de simpatizantes, sean o no peronistas, para iniciar un debate sobre lo que pasó entre el 25 de octubre y el 22 de noviembre (no sin antes elegir autoridades de la asamblea).

Ciertamente, iniciar un debate no asegura que se pueda llegar a un buen resultado cuando, dentro de cuatro años, haya que elegir un candidato que reemplace a Mauricio Macri. Pero sí se puede asegurar que, de no existir ese debate, el futuro del Frente será oscuro.

Si se acepta la idea del debate, convendría aclarar que quienes no sean peronistas podrán hablar –y votar si es del caso-. También que, Perón, luego de haber lanzado el apotegma “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”, después de su forzoso exilio de 18 años abrió los brazos como nunca antes y proclamó que “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Si no bastara con eso, se amigó con Ricardo Balbín, a quien durante su primer mandato había tenido preso durante un año. En retribución, el jefe radical lo despidió en sus exequias diciendo, con aquella voz tan profunda que estrujaba los corazones radicales, “este viejo adversario despido a un amigo”.

Hoy, pasados más de 40 años, los radicales están en otra cosa, a la sombra del macrismo (justamente ellos, fundadores del primer populismo en la Argentina). Siguen ahí, esperando puestos, a pesar de que Ernesto Sanz se fue. Pasa con los peronistas, en cambio, que el sopapeo a que fueron sometidos en el último mes, los ha dejado –parafraseando a un tango – sin saber “qué trole hay que tomar para seguir“. Algunos están optando por volver a proclamarse los mejores, tal cual lo dicen algunas gigantescas pintadas que aparecieron en los últimos días de la campaña sciolista.

Nanci en el laberinto

Cómo Dédalo, diputada nacional hasta el 2017 al cierre de esta edición, Nanci parece encerrada en un laberinto que no tiene salida. Pero no, eso es solo apariencia. Ella, por mandato popular, fue electa diputada nacional por cuatro años. Pero a ese mandato se opuso otro personal, de lo que resultó que en las elecciones provinciales de este año ganara una banca en la legislatura neuquina, con otro mandato de cuatro años que comienza el 10 de diciembre próximo. Hay manga ancha para que eso se haga, con lo cual el “mandato popular” se convierte en una suerte de invitación para que el beneficiado elija a su gusto.

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