La campaña hacia el balotaje: ¿Se enfrentan dos proyectos, uno llamado el cambio y la continuidad el otro?

Política, SECCIONES

gobiernoAsí es. Como cuando fueron derrocados Yrigoyen en 1930 y Perón en 1955. Ganó el cambio. Pero esta vez los protagonistas no son las Fuerzas Armadas en la calle. Ahora la calle está tranquila.

Jorge Gadano
jorgegadano@gmail.com

Como, en los días previos al 25 de mayo de 1810, los “notables” presentes en el Cabildo Abierto intentaron colocar en la presidencia de la primera junta de gobierno del que había dejado de ser el Virreinato del Río de la Plata al ex virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Quienes seguían los acontecimientos desde la plaza comenzaron a corear “el pueblo quiere saber de lo que se trata”. Eso fue lo que sabemos de la primera aparición pública de la entidad “pueblo” en la Argentina. A nadie se le ocurrió decir “la gente” quiere saber de lo que se trata. Mucho menos cantar “a la gran gente” argentina salud.

Sin embargo, en el lenguaje cotidiano de estos tiempos, cuando queremos referirnos a movilizaciones políticas, usamos, sobre todo periodistas y políticos, la palabra gente, como si dijéramos “la gente desbordó la plaza de Mayo”. En la antigua Roma, fíjense, la “gens” era casi un rango nobiliario, el de los gentiles. Es que el lenguaje forma parte también de la lucha de clases. La palabra pueblo tiene entidad histórica, la otra sostiene al olvido. Por eso ciertos políticos que se relamen cuando hablan de “la gente” exhortan siempre a mirar hacia adelante, a dejar atrás el pasado. A esos les molesta el pasado. ¿Porque han sido cómplices?

He aquí que en su discurso del viernes pasado, 30 de octubre, la presidenta Cristina se refirió con alguna frecuencia al “peronismo” –puede que con el propósito de mostrar que tiene títulos para eso de los que Macri carece- y en un aparte de su discurso explicó que prefería más la palabra peronismo que la de justicialismo. No habló del motivo, pero se supone que, como en todo, hay que hurgar en la historia para saber de donde salió el “justicialismo”.

Fue de la época en que el peronismo estaba proscripto por el decreto 4161 que firmaron el general Pedro Eugenio Aramburu y el Almirante Isaac Rojas (uno de los más claros ejemplos de barbarie legislativa). Pasó que la proscripción cesó pero el partido peronista se siguió llamado justicialista. Fue un producto de la Libertadora que sobrevivió (como el Movimiento Popular Neuquino, que se constituyó para esquivar la proscripción, pero, contra el compromiso de volver al peronismo, después siguió).

¿El pueblo dónde está?

Sin tanta historia como las nombradas, hay un par de consignas que, no solo en la Argentina, reivindican la presencia popular en las calles: una es “el pueblo unido jamás será vencido”; la otra, “¿si este no es el pueblo, el pueblo dónde está?”.

La calle, la plaza, es el escenario natural para que el pueblo –o quienes creen representarlo- se exprese. Ante ese pueblo compitieron Raúl Alfonsín e Italo Luder en 1983, y fue ese pueblo el qué escuchó a Alfonsín decir que “con la democracia se come, se cura y se educa”, como también que “la casa está en orden” (es que entonces aquella UCR recuperaba banderas del primer populismo argentino, el de Hipólito Yrigoyen, hoy agónico, apenas un anciano que sobrevive a la sombra del macrisno).

En 1983 aquel radicalismo cerró su campaña con un acto de masas que juntó unos dos millones de personas en la avenida 9 de Julio. El peronismo reunió una multitud similar. Ahora, en vísperas del balotaje, cando hay fundadas incertidumbres sobre quién será el sucesor de Cristina, el Frente para la Victoria parece haberse decidido –después de desechar la convocatoria a un gran acto para este 5 de noviembre- por el no a la calle. El frente ”Cambiemos”, por supuesto, de parabienes. A ellos no les gusta el pueblo (la gente, le dicen) en la calle.

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