Temux: los corruptos, los pelotudos, los ATN y los bancos

POPURRI

Por Jorge Gadano
jorgegadano@gmail.com

El 18 de febrero de 2007 Junín de los Andes celebró un aniversario más de su fundación. Jorge Sobisch, en ejercicio de su tercer mandato en el gobierno de la provincia y candidato a presidente de la Nación, habló desde el palco y, para espanto de los dignatarios que lo acompañaban y, sobre todo, de las señoras que asistían, se refirió a los corruptos y, así nomás y sin vueltas, a los pelotudos. En una demostración más de la hondura de su pensamiento, dijo que, en determinados casos, él prefería en la función pública a un corrupto antes que a un pelotudo. Impulsivo como era, no se detuvo a evaluar la posibilidad de que una sola persona pudiera ser, a la vez, tan corrupta como pelotuda. O que, en la función pública, lo de ser corrupto y/o pelotudo puede pasarle a cualquiera. Es lo que, a nuestro entender, el caso de la exportadora de carnes Temux está mostrando.

No es el único. Una revisión rápida de la historia provincial en las décadas que siguieron a la última dictadura nos muestra un caso sobresaliente: el que tuvo por protagonista a los conocidos como Aportes del Tesoro Nacional, los ATN, que durante la segunda mitad de los noventas Carlos Corach, ministro del Interior de Carlos Menem, distribuyó entre las provincias como si fueran papel picado.

Neuquén tenía una muy buena relación con el poder menemista. Sobisch habló sin vueltas de que el presidente de entonces le provocaba “una simpatía muy especial”. De modo que los ATN recorrieron Neuquén. Los primeros, por unos 30 millones de dólares, para construir plantas de tratamiento de líquidos cloacales en Plottier y Centenario. En apariencia al menos, todo fue bastante transparente. O sea, la corrupción fue transparente.

Lo fue porque en Plottier la remesa de Corach, que sumaba 12.800.000 dólares, llegó con la condición de que la construcción de la planta debía ser adjudicada a una empresa llamada SIC, cordobesa. En una de las numerosas notas que el diario Río Negro* dedicó al asunto, el 17 de junio de 1997, se alude al debate del concejo deliberante de la ciudad relacionado con la aceptación del subsidio, así como venía.

Uno, solitario, que estuvo en contra

El único concejal opositor, Carlos Brito, del Frepaso, se opuso a la exigencia –bien vista, algo extorsiva- de adjudicar la obra a la empresa de Corach. Reclamó que, como debe ser, la obra se licitara. (que nos disculpe, pero sería él quien, a juicio de Sobisch, habría ocupado el lugar del pelotudo).

Un concejal de la mayoría emepenista, Joaquín Sánchez Da Fonseca, no tuvo empacho en sumarse a la condición corrupta puesta por Corach. Le explicó a Brito que “si quieren la obra así se queda o si no se la llevan a otro lado”. Casí trece millones de dólares, imagínense en qué lugar, dentro de la clasificación de Sobisch, queda Brito.
A Centenario le tocaron los 17 millones restantes. El intendente Adrían Fernández se reveló entonces como un ferviente ecologista al abogar a favor de la planta para esta ciudad (adjudicada por Corach a otra empresa cordobesa, CEA SRL) denunciando que “se está contaminando el río Neuquén y hay poblaciones aguas abajo que toman el agua”. Según versiones que asoman de tanto en tanto, esta planta, como la de Plottier, tampoco estaría funcionando satisfactoriamente. Con lo cual las poblaciones de aguas abajo –incluídas las clientas del río Negro- tienen asegurado el consumo de esa misma agua.

Según pasan los años

Temux ha dado mucho que hablar después de que, a principios del 2005, un pedido de informes al BPN de los legisladores Betty Kreitman, Raúl Radonich y Carlos Moraña, destapó la olla que el poder supremo neuquino venía tapando. Racco contestó acudiendo al secreto bancario pero, a la vez, dejando entender que algún cliente importante del banco se estaba portando mal.

Pasó más de una década. El cliente importante era Temux. No tan importante como su patrimonio, que se reducía a cero, como porque existía una sociedad uruguaya trucha – Inversora Welray, de propiedad de un jubilado, que aparecía como su dueña- con lo cual no se le podría cobrar un peso de lo que adeudaba. Entre 20 y 30 millones de pesos. Sí era importante el frigorífico CEPA (Compañía Elaboradora de Productos Alimenticios)) que faenaba la carne para Temux por un contrato de los llamados “a fasón”.

Eran también importantes los hermanos Terrado, Jorge y Juan, partícipes en la quiebra sospechada de fraude del banco Extrader. Lo fueron porque uno de ellos, Jorge –después de ser imputado y pasar en prisión un par de meses- se sumergió durante un tiempo y reapareció en Temux, para ser imputado por otro fraude.

Claramente, Terrado es un hilo conductor en el negocio. Lo que no está tan claro es que el BPN haya sido engañado, o si el fraude fue el producto de un arreglo entre cúpulas. Habría, para llegar a una conclusión, hacerse algunas preguntas. Por ejemplo: ¿es posible que Luis Manganaro haya sido engañado por Terrado? Otra: ¿Por qué Temux eligió a un banco estatal, supuestamente más controlado, para concretar el fraude mediante los descubiertos y las acreditaciones en exportaciones que no habían sido confirmadas por el banco corresponsal de Nueva York? Una más: ¿cómo es posible tanta torpeza en un banco que, aun convertido en sociedad anónima (a instancias de Manganaro, para ganar en “eficiencia”), tiene tantos controles? Y una última: ¿Por qué el fiscal Vignaroli se tomó un año y medio para pedir la instrucción de la causa y no tuvo en cuenta en el requerimiento lps delitos de abuso de autoridad y encubrimiento? (artículos 248 y 277 del código penal).

*N/R: Gadano fue durante muchos años periodista del diario Río Negro y ocupó durante un período el cargo de jefe de la Agencia Neuquén.

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