“Nunca más una persona va a a ser obligada a mantenerse con vida sin dignidad”

Derechos de la humanidad, SECCIONES
Foto de Radio Universidad Calf.
Foto de Radio Universidad Calf.

Andrea y Adriana Diez hablaron por primera vez juntas sobre el fallecimiento de su hermano Marcelo y lo que dejó su caso en relación a la dignidad de la vida y de la muerte.

Andrea retornó a Argentina después de años de vivir en el exterior. Adriana vive en Buenos Aires desde hace años. Después de mucho tiempo, juntas volvieron a pisar suelo neuquino, pero con una sensación diferente. “Cuando esto termine…”, se las escuchó decir alguna vez. Y terminó el 7 julio de este año, al morir Marcelo por una falla multiorgánica en la clínica CEMIC, horas después de la publicación del fallo de la Corte Suprema que les daba la razón a sus años de batalla legal.

El viernes se sentaron una al lado de la otra en la mesa de radio Universidad Calf. El servicio informativo “Las dos campanas” organizó un especial del que también participó su abogado Lucas Pica, médicas y periodistas de la zona.

Andrea recordó que fue una sorpresa que saliera la sentencia de la Corte Suprema de Justicia justo en el momento de la partida de Marcelo. Ése momento fue íntimo, familiar. Una paradoja, después de la trascendencia pública del caso y de la exhibición de Marcelo que hicieron algunos grupos religiosos. Estuvo con Adriana. “Yo tuve cabal conciencia en ese momento lo que fueron estos 20 años de no estar y tener un cuerpo”, expresó Adriana.

La muerte de Marcelo cerró un capítulo en sus vidas, doloroso y largo. Comenzó a fines de 2007 cuando decidieron dejarlo ir, porque su estado vegetativo (o de “conciencia mínima” como determinaron los últimos informes médicos) era irreversible. Le pidieron a Luncec, donde estaba internado desde 2003, que le retirara los antibióticos. La institución las denunció por abandono de persona y se inició una batalla legal que duró ocho años. Llegó hasta la Corte Suprema, y el máximo órgano judicial resolvió que debía respetarse la voluntad de la familia, entre otros puntos.

“Quiero dejar en claro lo que el caso Marcelo nos deja: que nunca más una persona puede ser obligada a mantenerse con vida sin autonomía, sin conciencia y sin dignidad. Que nunca más una institución puede forzar a alguien a seguir vivo contra su voluntad o la de su familia. Que en los casos irreversibles sólo debe aplicarse la ley de muerte digna, sin la intervención de un juez. Que tenemos que hablar de la muerte con nuestros seres queridos y dejar directivas anticipadas”, expresó Andrea.

La charla fue amena, relajada y tranquila. Revelaron cómo fueron maltratadas por instituciones médicas de la región que en distintos momentos se negaron a recibir a Marcelo. “Había mucho miedo”, alertaron. Ambas coincidieron en que lo más ofensivo fue la exhibición que hicieron de Macerlo algunos grupos religiosos. “Esto aún no ha sido saldado”, afirmó Andrea. También repudiaron que el obispo Virgniio Bressanelli haya tratado a su hermano como un objeto.

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