Postales del ¿invisible? acampe QoPiWiNi

Pueblos Originarios, SECCIONES

WP_20150721_005Marisa es parte de la comunidad Potae Napocna Navogoh (su traducción literal es “Puño de Oso” pero fue llamada por “los políticos” -según contó- La Primavera). Desde hace cinco meses y medio acampa junto a integrantes de los pueblos qom, wichi, pilagá y nivaclé del noreste argentino en la interseccion de la avenida de Mayo y la 9 de julio, en pleno centro porteño. Marisa tiene 32 años y tres hijos. Los dos mayores están con su mamá, allá en Formosa, y la más pequeña se vino con ella. Marisa es nieta de Félix Díaz, carashe de la comunidad. Entre un insoportable ruido de tránsito y bocinas recibe a (8300) en el acampe.

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“El primer día del acampe me vine acá. Mi abuelo estaba solo. El empezó por problema de tierras, para que nos las devuelvan. Entonces yo vine acá a acompañarlo por el problema de salud. Porque yo la pasé mal cuando tuve a mi hija. Me fui al hospital de Laguna Blanca y justo ese año los hermanos estaban haciendo corte de ruta. Y por más que yo no participaba en el corte, como soy qom me maltrataron en el hospital. No me quisieron atender porque por culpa de nosotros estaban cortando la ruta, decía la doctora. Yo estaba dando a luz y tenía mucha contraccion. Entonces entré en la sala de parto. Me hicieron esperar mucho. Yo le dije a la partera que estaba sangrando ya y me dijo ‘te voy a atender’ pero me hizo firmar antes un papel. Yo no hablaba, no preguntaba. Y había sido que ese papel decía que yo al otro día me tenía que dar de alta, como si yo me fuera del hospital por propia voluntad. Justo estaba lloviendo. Yo me fui caminando con mi hija y le entró agua en el oido. Al otro dia le salio pus y entonces me fui de vuelta caminando del hospital a mi casa. En ese año no habia motos ni nada, solo había bicicletas para ir al pueblo”. Corría el 2010.

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Es un frío miércoles de julio en Buenos Aires y son las 6 de la tarde. La carpa que instalaron es grande y ocupa casi toda la plazoleta lateral sur. Alrededor de la carpa hay ropa secándose al sol, bolsas con ropa, bidones de agua mineral vacíos, dos baños químicos, una mesa con artesanías, un pasacalle: “Presidenta no se vaya sin recibirnos”. Y como curiosidad, el monumento a Don Quijote de la Mancha con la wipala enroscada en su espada en alto. A pesar de todo la escena parece invisible, no sólo a la presidenta de la nación, sino también a los medios de comunicación porteños, y a la enorme cantidad de personas que pasan diariamente por ahí.

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“Llegó Félix solo”, dijo Marisa. “Llegó con la wipala nada más, y se sentó en el piso”. Los hermanos estaban cortando hacía un tiempo la ruta 86 que cruza al medio la provincia de Formosa. “Yo, cuando estaba ahí, yo me iba a la noche al corte y mi mamá se iba a la mañana”. Para principios de año Marisa se fue a Buenos Aires porque quería trabajar. “Hablé con mi hermana que vive en Lomas de Zamora y ella me pasó plata para el pasaje”. El 14 de febrero, desde Buenos Aires, llamó a su abuelo. “¿Donde estás?”, le prguntó, “Acá, acampando en la 9 de julio”, respondió Félix. “¿Dónde queda eso?”. Y allá se fue para estar un rato rato con su abuelo y se volvió a lo de su hermana en Lomas. “Esa noche no podía dormir pensando ‘tengo que apoyarlo porque yo la pasé mal’”. Entonces Marisa se decidió y dos días más tarde volvió para instalarse con su abuelo. “Vine y me quedé. Traje mi hija y me vine acá y hasta ahora estoy”. ¿Ya conocías Buenos Aires? “No, es la primera vez”.

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A los quince días del acampe “la CTA mandó un colectivo para venir más gente y vinieron como 72 personas” provenientes de comunidades qom, wichi, pilagá y nivaclé entre los que estaban 27 hermanos caciques de Formosa . “Y después los cuatro pueblos se unieron conformando QoPiWiNi”.

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WP_20150721_001El acampe no fue fácil. “El primer día no me acostumbraba por el ruido de la calle. Llegaba la tarde y yo lloraba pero despues pienso en lo que nos pasa, hay mucho maltrato, y no es justo porque somos todos seres humanos”. Después Marisa se fue acostumbrando al frío, al ruido, a la multitud. “Cocinamos, hacemos tortas fritas, guiso sopas. Gracias a los porteños, son muy solidartios, nos traen fideos, arroz, harina, grasa, ropa y con eso resistimos también”. Hay también una alcancía de cartón para colaborar con dinero y con eso compran las cosas que hacen falta, “cuando falta cebolla o si queremos comer carne, si no, comemos solamente fideos” pero especialmente agua mineral y yerba mate.

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“Una vez tuvimos un susto porque pasó una moto, yo estaba sentada ahí -señala-, tiró una botella con gasolil y quemó parte de la carpa pero no hubo heridos ni nada. No recuerdo la fecha pero hacía calor. Fue más o menos a dos meses del acampe. Despues casi se reventó la garrafa que teníamos. Vino uno de la calle, estaba borracho, estaba loco y agarró la cocina, puso la olla y quiso prender la hornalla de la cocina, y nos asustamos, eran como las 4 ó 5 de la mañana. De ahí que no tenemos cocina, sólo leña”. Otra vez “nos vinieron a traer una estufa electrica pero nosotros dijimos que no, que no estamos acostumbrados, que es peligroso por los chicos”.

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La comunidad Potae Napocna Navogoh se ubica al norte de la provincia de Formosa, departamento Pilcomayo. La ciudad más cercana es Laguna Blanca, cerca de Clorinda. Marisa extraña su comunidad. “Extraño mi casa, el calor. Cuando necesitás ir a buscar algo tenés que caminar, podés caminar tranquila porque acá tenés que mirar a todos lados cuando caminás”. Y recuerda: “Nosotros vivíamos tranquilos. Teníamos nuestra agua, tomábamos de ahí, del charco, nos bañábamos, lavábamos ropa, teníamos nuestra propia constumbre pero después cuando se metieron la política, la gente blanca que nosotros decimos, se metieron a hacer reuniones y nosotros no vamos, nuestros abuelos se iban y algunos que no aceptaban, otros que sí, y poco a poco nos sacaron las costumbres que teníamos, las tradiciones, ahora perdimos todos eso”.

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“Yo no tengo trabajo, no pude estudiar, porque tenemos una escuela, la 308, pero no nos enseñan bien. La maestra dice ‘por qué le voy a enseñar a estos indios que son vagos, que no trabjan’ y no nos enseñan. En mi época yo no puede estudiar el secundario porque ahí todos hablan castellano y en el pueblo la mayoría hablan qom. No quiero que se repita, porque ahora yo soy mamá y quiero que mis hijos tengan estudios”.

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En estos más de cinco meses no se han reunido con las autoridades nacionales. “Como tres veces entregamos el petitorio y aun eso no nos recibieron. No tenemos respuesta en Casa de Gobierno. Pedimos que la señora presidenta nos reciba y nos devuelva la tierra a nombre de la comundad”.
Y allí estan. Desde hace más de cinco meses. Piensan estar hasta que tengan una respuesta, “hasta que nos reciba la señora presidenta, recién ahí nos vamos a levantar”.

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