“El porteño es garca y el neuquino es corrupto”

SECCIONES

Por Miguel Nomikos.

– El porteño es garca y el neuquino es corrupto.
– ¡¡¿¿…??!!
– Sí. Tal cual.
– ¡Naaaaá! ¡No podés decir eso! Te pedí un parecer, alguna impresión; estoy recopilando los comentarios para la nota de después de las elecciones ¡decime algo que pueda poner!
– Publicalo o no, ahí no me meto. Digo lo que pienso.

El tono serio y el gesto hicieron dudar al cronista. Mantuvo la sonrisa; y la curiosidad.
Su interlocutor era aún un referente, una voz autorizada. Había tenido gran participación en la primavera democrática de Neuquén, cuando las comisiones vecinales comenzaron a existir como reflejo del ansia de hacer cosas en comunidad.

– Bueno ¿y cómo llegás a esa conclusión?
– Sé que suena insultante, en un primer momento. Como cualquier generalización. Si decís, por ejemplo, La policía golpea a los jóvenes, alguno va a decir –y con razón- No todos los policías son iguales. También habrá quien diga Golpea no sólo a los jóvenes, pero eso lo dejaremos ahí…
– Sí, mejor.
– … entonces, para mantener el esquema, puede decirse España es una monarquía. Es lícito el agregado de parlamentaria y también lo es el considerar que hay quienes en España dicen Basta de reyes, ¿me seguís?
– Intento. Y entiendo a dónde querés llegar: alguna vez lo conversamos, y citaste a ese filósofo que decía que los pueblos no tienen el gobierno que merecen sino el que se les parece ¿no?
– ¡Por ahí va queriendo la cosa! Fijate que este menemacrismo que votaron en Capital (NdR: se refiere a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, antes nominada Capital Federal) ha inficionado barriadas muy populares con un discurso chauvinista: Aquí vienen de otros lados a atenderse en nuestros hospitales, a educarse en nuestras escuelas, a matarse el hambre ¿te suena?
– Y sí, desde siempre; acordate que nací aquí, con el discurso de Neuquén, la isla de la felicidad.
– ¡Uy! Cierto, fijate qué coincidencia, pero yo estaba hablando de Capital. Te decía: la cuestión es que ese discurso prende, y mucho, porque el porteño siempre fue así, desde antes de degollar a los emisarios de Artigas. Siempre-fue-así.
– Bué, supongamos que esté de acuerdo ¿y Neuquén?
– Y acerca de Neuquén, poco de nuevo podré contarte si naciste aquí…
– No sé ¿te referís a eso parecido al eslógan tradición-familia-propiedad, que acá se presenta como familia-partido-gobierno provincial?
– ¡Já! Sí, algo así. Y volvemos al punto: si los ciudadanos y las ciudadanas votan a candidatos de un partido intrínsecamente corrupto, es porque forman parte de esa corrupción. ¿O te parece que no?
– No, no. Sí. Bueno… No todos son así… Tengo amigos que… ¡Me hiciste caer! Es la frase que habías dicho, y la repetí tal cual.
– Tranquilo, es una reacción natural. De inmediato oponemos datos para cotejar con el aserto, y echamos mano a los más próximos; de ahí surgen las frases Sin embargo, yo conozco a un tipo que o Toda la familia de mi novia se encarga de llevar gente para, y así… También tengo amigos –y amigas- que son activistas en el partido provincial, y nos queremos a pesar de ello. Hablamos de todo ¡menos de algunos temas que saben que me hacen calentar!
– ¡Ajá!
– No te hagás el vivaracho, pibe: igual nos quedan temas para charlar. Inclusive el de la complicidad, algo de lo cual los acuso a menudo. ¿Cómo porqué? Fijate: el discurso levanta la bandera del federalismo, se critica al gobierno nacional porque toma las decisiones allá en su escritorio… y acá ¡se hace lo mismo! ¿o te parece que la decisión de hacer alguna obra pública en algún pueblo se tomó tras una consulta popular? ¡No! Las más de las veces se anuncia para tapar alguna trapisonda, para compensar alguna trapisonda o como premio a algún diputado opositor que levantó la mano para ayudar al oficialismo a aprobar el presupuesto. No busques nombres, es un decir. Bueno, admito que el ejemplo por algo se me ocurrió. Insisto: todo lo que en el discurso critica a los de allá, se comete acá.
– ¿De ahí entonces viene ese pragmatismo o conveniencia de alinearse con los gobiernos de Nación? Algo así como los apoyamos si algo nos dan
– Hasta hubo publicidades para elecciones legislativas que explicaban eso con todo detalle, en radio y televisión.
– ¿Y decís que eso se replica acá?
– Podés verlo en cada elección. En el discurso se quejan como gorilas (aunque reivindiquen algún origen peronista) por los subsidios que da Nación. ¡Qué gasto! dicen. En realidad pretenden que Nación entregue el dinero de cualquier subsidio a la cajita de caudales de la provincia y administrarlo con criterio local.
– Como aquella banda que administraba planes en Centenario…
– Administrar… un término demasiado elegante para el abuso que cometía algún que otro empleado de superministro; acordate que contrataban en especial a mujeres y les indicaban cuál era la obligatoria contraprestación. Alguna se animó a denunciar los abusos sexuales. Pero volvamos a tu pregunta. El criterio de levanto-la-mano-en-el-Congreso-si-algo-a-cambio-me-dan se replica con exactitud. A nadie sorprendía que un padre de familia le dijese a un puntero del oficialismo En casa votamos cinco ¿qué me dan?
– Bueno, la semana pasada, antes de las elecciones hubo denuncias de bonos y órdenes de compra…
– Sí. Y no gastarías mucha tinta escribiendo la lista de afiliados del partido denunciado que hayan sentido vergüenza. Avisame cuando haya alguna autocrítica. Escuchame: te voy a hablar sólo de esta etapa en democracia, no vayamos más atrás. Ya en democracia hubo en la ciudad de Neuquén asesinatos de gente muy relacionada o que formaba parte de esto que a vos te gusta llamar familia-partido-gobierno provincial. Impunes, por supuesto. Sumido cada uno de esos asesinatos en su propio misterio, muy prolijo todo. Alguien vio lo que no debía, escuchó lo que no debía, alguien era contador del partido y sabía demasiado, alguien era prestamista y le reclamaba a menudo a alguna autoridad del partido; hay de todo ¿me seguís? Todo esto que te digo está publicado en la prensa.
– Sospecho que no estarás hablando de rumores, que hay algo más.
– Claro. Pero suponete que te parezca todo esto muy antiguo. Vayamos a algo más reciente: acá un gobernador dio la orden de masacrar, asesinó a un maestro, se ufanó de ello, su partido ni siquiera lo criticó, fue a elecciones ¡y lo votaron igual!
– Mirá, con todo esto podemos decir que me empezaste a convencer…
– Pero ahora… Disculpame, creo que me calenté un poco. Y me tengo que cuidar de la presión. Y ¿sabés qué? Mejor no pongas nada, no te metás en líos por un quítame de allí esas pajas, como decía mi abuela. Además, ahora me voy a quedar pensando en todo esto. Otro día la seguimos. Me preocupa que haya quien piense que todo esto es una exageración, cuando la corrupción y la complicidad son ya algo estructural.
– Dale, seguro que la seguimos. Veré qué hago con la nota. Igual te agradezco. Nos veremos, che.
– Cuando gustes. Gracias a vos. Chau.

One thought on ““El porteño es garca y el neuquino es corrupto”

  • Me ha gustado mucho, pero también creo que encierra un poco de recursividad binaria el pensamiento. Hay algunas cuestiones que no han querido ser pensadas me parece.
    Son temas complicados y también complejos, pero me gusta la idea de expresarse y dejarnos pensando.
    ¡Saludos!

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