Sepa el pueblo votar II

Política

votar_20Por Miguel Nomikos

Al veterano no volví a verlo… hasta ayer.

Lo reconocí cuando cambió de postura, apoyándose en la otra pierna. Estaba en la esquina -iría para el café- charlando con un también ex funcionario, quien se mantenía atento a los sarcasmos que lo hacían reír.

Esta vez me quedé. Saludé cortito, dije que no quería interrumpir (¡como si hubiera podido hacerlo!), él mantuvo su dialéctica entusiasta y para escucharlo fuimos dos.
“… cuando tenés que vivir pendiente de las consultoras, es porque no sabés qué querés hacer, ni qué quiere la gente que te votó. Y terminás haciendo lo que le parece a las consultoras. Estos muchachos crecieron con eso ¡y deben pensar que está prohibido tener alguna idea propia, che!”.

Las sonrisas de sus contertulios parecieron alentarlo y, discreto, procedió a argumentar.
“Es que así no llegamos a nada, y si llegamos no van a saber qué hacer. Fijate en un detalle… No, el carisma no ¡dejemos eso de lado! Me refiero al vocabulario ¿te diste cuenta? Una limitación muy notoria. Y si concluimos que eso es sólo la manifestación de su pensamiento… bueno, ya está: no sigamos por ahí.”

Amagamos despedirnos; fue amague porque en ese momento uno aprovecha para meter un último parrafito. Y escuchamos algo así:
“Además: ¿viste esos carteles, con ese eslógan ‘llevamos tu bandera’ (en tono zumbón). ¿Qué es esto? ¿Un delivery de banderas? No, bueno, ya sé lo que quiere decir. Y ahí es cuando me caliento ¿viste? Dejá, pibe: mis banderas son importantes, buena parte de mi vida cargué con ellas, luché por ellas. Quizá te resulten pesadas, difíciles de llevar. Dejá: mis banderas las llevo yo.”

Su mueca de fastidio dio paso al gesto cordial de la despedida y nos fuimos cada uno por su lado; él apuntó para el café.
Recordé que el año pasado había cumplido los setenta. El domingo 26 ¿iría a votar?

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