Explicaciones al insatisfecho ciudadano, o agradecimientos sin corsé para el comando municipal 

POPURRI

leloir ninfa¿Cuál es el modelo al que apuntan las obras municipales en la ciudad? Algún modelo bien. Algún modelo lindo, como la gente, como se hace allá cruzando el gran charco. Algún modelo, tal vez, que deje bien encorsetado lo vivo y no se vea ni un cachito de tierra ni un asomo de verde como en grandes manzanas del poderoso y vanguardista país del norte. Pueden o no ser modelos que siga nuestro gabinete municipal, lo indudable es que se intenta un modelo de bien, digamos como la gente, y nadie puede atraverse a desacreditar algo así.

¿Calor? ¿quién tiene calor? no es que el calor azote a la ciudad ni mucho menos, no necesitamos pulmones verdes, lo que necesitamos son calles anchas, bien anchas, como lo será Dr. Ramón- Leloir próximamente. Lo verdecito de en medio se vuela y listo, porque aunque muchos vecinos no lo entiendan es eso lo que se necesita. Eso necesitamos sin miramientos de costos, lo mismo un millón o veinte. Allá el que dice que hace calor y no se aguanta, que se modernice y se compre un aire acondicionado, si en definitiva abundan las ofertas.

¿Acaso alguien necesita inutiles espacios verdes? por supuesto que lo necesario son espacios rellenados de buen hormigón que alguna empresa tan amiga del municipio -tanto que casi parece propia- vomite en las costas del cristalino Limay o cubra, como chocolate al alfajor, cualquier terreno que muestre un asomo de vida. Eso es lo que necesitamos como pueblo sedentario que se mueve en automóvil para transitar apenas unas cuadras. Porque una calle ancha es una erudita solución a las gritos violentos, bocinazos y aceleradas ante los semáforos en rojo de los habituales iracundos automovilistas. Es como un gran trofeo para nosotros, pueblo tolerante amante del asfalto, las llantas, el smog y los balnearios en los que se pueda andar descalzo sin sentir en los pies el roce del alergénico pasto.

No se puede cerrar esta sincera declaración sin hacer público el agradecimiento de parte de la comunidad alérgica a nuestro astuto intendente. Nunca hemos sido contemplados por ningún jefecito comunal y gracias a este pequeño gran señor contamos con una plaza -casi casi boulevar, pero plazoleta con buenos ojos- entre las calles Mendoza y Córdoba -a una cuadra de Islas Malvinasconfeccionada integramente de sintético pasto y plásticos cactus. Además la atención en nuestro beneficio es tal que esta plazoleta plástica no cuenta con ninguna sombra, ni sintética ni clorofílica, para que podamos broncearnos al mejor estilo sol pleno del spa más lujoso de la ciudad y sentirnos,
también, un poquito intendentes.

En nombre de todos los ciudadanos de nuestra querida urbe, hoy encorsetada por camionadas de hormigón, que en afán de no perder tiempo mezclan el exánime engrudo mientras avanzan por las calles hacia su destino, le agradecemos a todo el equipo municipal que trabaja duramente con una visión… qué digo visión… con un horizonte de tal iluminación que ha tenido en cuenta el calentamiento asfixiante, el desagüe -contemplando las lluvias que antes poco se sufrían-, la necesidad de espacios verdes en toda la urbe y no se ha dejado manipular, lisa y llanamente, por el acceso a los shopping, hipermercados y nuevos edificios de estiradas sombras. Porque es un gobierno del pueblo, que defiende los intereses cooperativos del pueblo y no los suyos propios ni los de las grandes empresas que, corruptamente, pueden beneficiarlo. Por todo esto les digo que su gobierno se nota, agradecida de todo corazón, un corazón aún sin pavimentar.

Su ciudadana más agradecida,
Atte,
Ninfa del Limay

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