Genocidios invisibilizados

Comunicación y Política, POPURRI

En nuestro país se invadieron territorios, se asesinó, se torturó, se secuestró a mujeres y niños. La pregunta es: ¿por qué algunos sectores lo invisibilizan?

Por Roberto Samar

A lo largo de la historia, distintos Estados cometieron crímenes aberrantes. En algunos casos, por su magnitud se definen como genocidios. Sin embargo, no todos se perciben de la misma manera. En algunos momentos históricos la aniquilación de esos pueblos fue tan profunda que el sometimiento se mantuvo en el tiempo. Generando la invisibilización y negación de esas culturas.

Según el abogado judeopolaco, Ráphael Lemkin, quien acuñó la palabra, el término “genocidio” significa la destrucción de un grupo étnico. Destrucción de los fundamentos esenciales de la vida de los grupos, con el fin de aniquilarlos como tales. En ese sentido, esta palabra está formada por dos partes “genos” (tribu) y “cidio” (matanza).

En el mismo sentido, según la Convención de la Asamblea General de las Naciones Unidas para la prevención y la sanción del delito de Genocidio, se entiende por genocidio el acto perpetrado con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.

En la Argentina a fines del siglo XIX, se cometió un genocidio contra los pueblos originarios ya que se los intentó exterminar. Domingo Faustino Sarmiento, manifestaba “¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen.”

Con ese sustento ideológico en nuestro país se invadieron territorios. Se asesinaron personas, se torturó, se secuestraron mujeres y niños.

La pregunta es: ¿por qué algunos sectores lo invisibilizan?

Por un lado, la magnitud de la masacre llevó a muchos de los integrantes de esas comunidades a negar sus raíces. Asimismo, se impuso un pensamiento eurocéntrico, con matriz racista. En la cual se establecía un orden jerárquico de las personas. Europa era el progreso, la civilización. Por lo cual se debía poblar de europeos este territorio. Cabe aclarar que incluso el artículo 25 de nuestra Constitución Nacional, sigue manifestando una jerarquía poblacional cuando sostiene que “el Gobierno federal fomentará la inmigración europea”.

Para este paradigma eurocéntrico nuestros pueblos originarios eran representados con el atraso por eso intentaron silenciarlos.

En ese marco se puede entender el estudio de la Universidad de Buenos Aires, que determinó que el 56% de los habitantes de este país tiene sangre de los pueblos originarios. Sin embargo, la mayoría lo desconoce o lo oculta.

Según la publicación Racismo del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, “la llamada Conquista del Desierto de 1871 consistió en una campaña militar impulsada por el General Roca que implicó la matanza de miles de personas pertenecientes a los pueblos Tehuelche, Mapuche y Ranquel. La idea de ‘desierto’ supone la idea de lugar no habitado, en el caso de la campaña de exterminio llevada a cabo, el ‘desierto’ connotaba una mirada claramente etnocéntrica –criolla, europea– que no reconocía como poblado a los miles de seres humanos que de hecho habitaban la Patagonia.”

En el mismo sentido, para el historiador Osvaldo Bayer, “un genocidio es un genocidio y no se lo puede tapar con el eufemismo de llamarlo la ‘Campaña del Desierto’. También quedó en claro que, además del genocidio y el robo de tierras, los vencedores volvieron a practicar la odiada esclavitud que había comenzado a eliminarse en nuestro país en la célebre Asamblea del año XIII.”

Como sostiene el doctor Raúl Zaffaroni, “el genocidio indígena actual está invisibilizado por una cuestión de clase y etnia. El genocidio de los pueblos originarios no lo practicó sólo el colonizador, se viene practicando desde la emancipación, con múltiples tratados que se violaron con jefes indígenas, que el Estado no respetó, todo eso amerita un reclamo de reparación interna. Nadie puede revertir lo que sucedió. Lo que podemos modificar en el plano interno es la propagación de ese genocidio, se puede y se debe compensar hoy a quienes están sufriendo las consecuencias del genocidio pasado. Ese es un reclamo legítimo y es necesaria una reparación.”

Entender que fue un genocidio nos obliga a repensar nuestra forma de actuar como sociedad. Porque todas las personas tenemos los mismos derechos, pero cuando un grupo fue históricamente vulnerado le costará más ejercerlos.

Para ilustrarlo a la comunidad mapuche le costará ejercer su derecho a la educación porque para su cosmovisión las montañas, el agua, las piedras tienen Newen, tienen vida y energía. Les costará ejercer el derecho a la cultura, porque se los invisibiliza en la medios de comunicación o se los asocia al atraso. Les costará ejercer el derecho de ser felices desde su cosmovisión porque el Kvme Felen, el “Buen vivir”, es producto de estar bien física, espiritual, social y territorialmente; y vivimos atravesados por discursos que nos llevan a asociar la felicidad al consumo.

En ese marco, recientemente se levantó la bandera mapuche en San Martín de los Andes. Desde que se aprobó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual se otorgaron 48 licencias a comunidades originarias y el Museo de La Plata restituyó los restos del cacique tehuelche mapuche Inacayal a su comunidad.

Estos son pasos simbólicos importantes en la reparación de esta vulneración histórica, inician un camino que debemos profundizar. Es un trabajo colectivo que nos ayudará a visibilizar a nuestros pueblos, a resignificar nuestra identidad y a permitirnos avanzar hacia una sociedad donde todas las personas puedan ejercer sus derechos de una forma más plena..

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