¿Conocés a P.Q?

POPURRI


Hace mucho mucho tiempo, en un poblado muy cercano y bajo el signo de géminis, nació Herminio Quintana. Dicen que fue en el año del caballo aunque yo creo que fue del chacal. Desde chiquito, por su forma de actuar ante el mundo, lo llamaron cariñosamente Panchi.

Por Ninfa del Limay

Decían que Panchi era un nene tranquilo. Decían no más, porque en la primaria comenzó a notarse su poca paciencia para con quienes no actuaban según sus preferencias. Una pelea de manos o una venganza que consistía en que ningún otro compañero se acercase siquiera a su enemigo, aquel que le disputaba su papel de líder en el grupo. En la secundaria la violencia física ya había sido totalmente descartada. Fue más notoria su capacidad de manipulación sin siquiera esgrimir un cuidado discurso. Panchi se las arregló para salir mejor compañero todos los años cuando su solidaridad era nula; el otro para él no era más que un medio para conseguir un fin. Ya en esa época su apodo de cariño se configuró irónico respecto a su personalidad. Panchi no era para nada pancho. Era calculador y frío y lo que hacía que estas dos virtudes políticas se acentúen más: si algo se metía en su cabeza buscaba inescrupulosamente la forma de conseguirlo.

Su pueblo natal era pequeño, por lo que cuando Panchi terminó el secundario era una carta conocida en el corto maso de la aldea. Decidió irse. Se trasladó a la capital provincial. Allí se instaló en un barrio que comenzaba a expandirse. Eso le permitió tejer aceitadas relaciones con sus vecinos y, por costumbre de acción, consiguió hacerse de la presidencia de la comisión vecinal. Después de todo, nadie es profeta en su tierra. Así entró por la ventana al partido fundado por un señor barbón a finales del siglo XX. En la década siguiente dejó atrás la comisión vecinal como un insignificante comienzo de su actividad política partidaria y ocupó un lugar en el concejo deliberante de la capital provincial. Un ascenso político sin escalas. Se rodeó de seres que rellenaba con paja y lo único que alimentaba en ellos era su idea de superioridad sobre el resto. Un equipo sólido, fatal y dispuesto a arder ante la mínima chispa de poder. Como el habitual dicho sobre la crianza de cuervos, estos monstruos que construyó a su imagen y semejanza le traerían problemas cuando Herminio “Panchi” Quintana se convirtiera en el Sr. de la capital de la provincia.

Cualquier semejanza con la realidad es pura ficción…

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