Sobisch

POPURRI

Afiche en el mobiliario urbano.Crea desazón, causa hastío, da asco… comprobar con tus propios ojos el cinismo del ex intendente Jorge Sobisch, que viola impunemente las ordenanzas municipales, aquellas que en 1983, durante la reapertura democrática, obligó a cumplir a la comunidad. Para autropromocionarse en una campaña proselitista del partido Movimiento Popular Neuquino el ex jefe comunal pegó afiches con su imagen en lugares prohibidos. Sin importarle un bledo y con la desfachatez de un auténtico sinvergüenza, que comete actos ilegales en provecho propio y que incurre en inmoralidades, Jorge Sobisch enchastró el mobiliario urbano. Con la actitud de un caradura y con el desparpajo que lo caracteriza, Sobisch ensució postes de redes de servicios públicos, cajas de semáforos, pilares de electricidad, pavimentos de sendas peatonales, y otros muebles que los vecinos pagan con sus tributos.

Por Juan Mario Galdeano

A sabiendas, que su conducta transgresora no recibirá ninguna condena social; que no pagará las multas al Municipio por haber violado la ordenanza de propaganda política; que no será obligado a limpiar y reparar lo deteriorado por su tropelía porque la Comuna no tiene poder de policía; que el asunto será tratado como una nimiedad por algunas estaciones de radio y numerosos periodistas genuflexos al Movimiento Popular Neuquino; Sobisch se llena la boca con declaraciones rimbombantes en los medios de comunicación. Su falaz discurso contiene palabras que sobrepasan su entendimiento. Con fanfarronería balbucea palabras como ‘compromiso’, ‘lealtad’, y ‘dignidad’, mientras que su propaganda política durante la campaña se jacta con la frase: ‘Trabajamos por una provincia mejor’. Su autobombo se desinfla antes los casos, Temux y el asesinato del maestro Carlos Fuentealba, que demuestran la contradicción e hipocresía de su discurso.

Los cientos de afiches pegados por Sobisch en lugares prohibidos, nos da la posibilidad de preguntarnos el motivo de su conducta: ¿El candidato Jorge Sobisch lo hizo porque es ignorante, porque es necio y no sabe que deben cumplirse las normas municipales, o lo hace por perverso, porque le importa un bledo corromper las costumbres y el orden que demanda convivir dentro de un Estado?

Su postura pícara, altanera y ventajista nos recuerda que el cumplimiento de los deberes son para los ciudadanos de a pie, no para los funcionarios y políticos que, además de transgredir las leyes que ellos mismos crean, administran irregularmente el erario. Qué valor tiene que el Concejo Deliberante haya sancionado leyes para proteger el mobiliario urbano; qué mérito tiene el conocimiento y el criterio común de los ciudadanos, que saben que está prohibido pegar afiches o hacer pintadas en los muebles de la ciudad; de qué sirve que los vecinos se quejen de las pintadas en los medios de comunicación; qué utilidad tienen las pocas crónicas que machacan como discos rayados los atropellos de los granujas que se llenan los bolsillos con el dinero del Estado atropellando las leyes del Estado.

Como Jesucristo redentor…

No es casual que por orden de Sobisch hayan enchastrado el mobiliario urbano de la ciudad de Neuquén. Decimos que no es casual, porque la ciudadanía de Neuquén está acostumbrada a escuchar sus transgresiones. A Sobisch siempre le gustaron los exabruptos, las actitudes soberbias y autoritarias, y las posturas protocolares, gallardas u osadas. Hace unos días en un mitin del Movimiento Popular Neuquino, Sobisch revivió una pose que practicó durante su costosa campaña presidencial, a principios del año 2004. Durante su itinerario por el país, el candidato a presidente, Jorge Sobisch ensayaba una postura similar a un Cristo redentor. En cada mitin, acto político, o conferencia de prensa, recreaba con su cuerpo una imagen de Jesucristo con los brazos abiertos. La pose -suponemos que la imagen subliminal fue sugerida en una oficina de mercadotecnia política- consiste en recrear la estampa de Jesús; se presenta o se despide del público con sus brazos en cruz, extendidos hacia ambos lados mostrando las palmas de sus manos.

Lejos de las presentaciones junto a Jorge Asís, y de aquella campaña política costosa en publicidad, al susodicho también se lo conoce por sus improperios. Con el tupé de bravucón, dijo tiempo atrás: ‘Ni el Movimiento Popular Neuquino, ni los peronistas, ni los radicales tienen la verdad; la verdad -señaló- está en cada uno de los hombres que todos los días salen a pelarse el culo’ dijo en 1993, mientras la intendenta Derlis Kloosterman soñaba con la instalación de los trolebuses rusos para mejorar el aún y pésimo servicio de transporte colectivo de pasajeros en la ciudad de Neuquén; y ‘Tengo los huevos para decir que soy amigo de Menem’, expresó en el 2007, en una reunión antikirchnerista semanas después del asesinato del maestro Carlos Fuentealba.

Dar el ejemplo

Suena inverosímil decir que un ex intendente viola las ordenanzas que alguna vez hizo cumplir a la comunidad y aseguraba respetar. Acostumbrado a salir indemne de lo turbio y lo embrollado contra la ley, el caso Temux y el asesinato del maestro Carlos Fuentealba, así lo demuestran, esta pequeña nimiedad que hemos tratado aquí refleja en toda su dimensión que una gestión en la intendencia y tres veces gobernador no le sirvieron como experiencia para dar órdenes y administrar la cosa pública. Cuando alguien transgrede, viola, quebranta, o desobedece algo pequeño siempre está en potencia de contravenir algo más grande.

Un compadre suyo del MPN, un tal Tomás Martínez, aconsejó hace unos años: ‘Vamos a aplicar todo el rigor de la ordenanza […] particularmente en el caso de los partidos políticos que coloquen propaganda proselitista en lugares no autorizados…un llamado de atención a todos los partidos, ya que los dirigentes que aspiran llegar al gobierno deben dar el ejemplo y la mejor manera es tratar de mantener la ciudad limpia…’

Crea desazón, saber que retrocedemos, que la esperanza de construir un país mejor se desvanece, que desde la reapertura democrática no se haya avanzado nada en el mejoramiento de la ciudad de Neuquén; causa hastío saber que los funcionarios y políticos se enriquecen con el dinero de los contribuyentes, que todo es una cuestión de mercadotecnia política, propaganda y mentiras; y da asco, que Jorge Sobisch se llene la bocaza con palabras declamatorias, cuando su conducta chapucera demuestra que es incapaz de cumplir con una simple ordenanza.

 

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