11 y 43

POPURRI
Imagen del sitio http://www.laprimerapiedra.com.ar/
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Estoy sentada en la cocina de la casa. Miro la hora, las agujas dan las 11 y 43. Afuera aúllan los perros. Busco datos de un suceso y no los encuentro. Solamente aparecen consecuencias del hecho. Al parecer a nadie le interesa el detonante -la génesis de la tragedia- ni siquiera a los periodistas. A esta altura nadie duda que los 43 estudiantes mexicanos fueron asesinados aunque pocas personas se preguntan por qué el poder político vinculado al cartel que controla el estado de Guerrero -o el cartel vinculado al poder político- decidió, sin miramientos, deshacerse de estos 43 jóvenes.

Por Ninfa del Limay

Después de una minuciosa búsqueda pude enterarme, entre diferentes versiones, de los sucesos previos al enfrentamiento con la policía y la entrega a los sicarios. Se me inundan los ojos, ¿es mi excesiva sensibilidad manifestándose o realmente la violencia nos define globalmente? Últimamente apelamos a la memoria, pero me pregunto si la ponemos en práctica o elegimos el camino cómodo de olvidar y hacer como si aquí no ha pasado nada.

En Bahía Blanca, ciudad poco distante de la capital neuquina, desaparecieron 11 estudiantes de las carreras de Letras, Historia y Filosofía entre los años 1976 y 1978. Sabemos del golpe que azotó, secuestró, picaneó, ahogó, fusiló y violó a nuestro país entre 1976 y los años que siguieron hasta el retorno a la democracia. En la Universidad del Sur y en la Universidad del Comahue se dispuso como interventor a Remus Tetu -quien se declaraba abiertamente simpatizante nacionalsocialista. Incluso fue colaboracionista nazi en su Rumania natal y, para no perder la costumbre, en nuestro país participó en la AAA-. Colaboró como funcionaria de este interventor nuestra flamante vicegobernadora y presidenta de la Honorable Legislatura: Ana Pechén de D’Angelo.

En mayo de 2002 Pechén presentaba su candidatura al rectorado de la Universidad Nacional del Comahue. En ese momento organismos de derechos humanos hicieron pública la participación de esta señora en la intervención de la Universidad del Sur. Ella se defendió durante las sesiones alegando a que estaba abocada totalmente a su trabajo académico, por lo que desconocía el carácter represivo de la intervención de Remus Tetu.

Tenemos dos pequeños grandes problemas. Uno es la memoria que parece fallarnos -o la hacemos fallar adrede. El otro problema es la impunidad que arrastra la falta de memoria. ¿Olvidarán en México rápidamente estos sucesos macabros de violencia que mata? Nosotros, por nuestra parte, en otro contexto, en otro tiempo y espacio, olvidamos quienes participaron en crímenes aberrantes de los que también fueron víctimas estudiantes. 43 estudiantes en Iguala en 2014, 11 estudiantes en Bahía Blanca en los 70′ o un estudiante en Neuquén en 2003, no deben ser olvidados. Tampoco debemos olvidar a aquellas personas que ocupan cargos políticos en esos momentos. Esas personas son responsables y deben responder ante estos hechos.

Mi intensión, con estas palabras, no es avivar el odio y la bronca por la impunidad que gozan estos personajes. Sino hacer un ejercicio de memoria desde la actualidad hasta nuestro pasado más cercano. Tampoco quiero referirme a la señora vicegobernadora como un personaje nefasto. Ella en ese momento, desde su sincera ingenuidad, no supo darse cuenta de la desaparición de los estudiantes en la Universidad del Sur ¿Se habrá enterado por estos días lo que sucedió en México? ¿Se habrá dado cuenta que en la facultad de economía de la Universidad Nacional del Comahue hace once años falta un estudiante? Podríamos hacer una vaquita para comprarle un suministro de Fosfovita. Aunque ella obtiene gratis cualquier producto farmacéutico, tal vez, simplemente, no le interese.

Miro nuevamente la hora, el reloj sigue clavado en las 11 y 43. Las agujas congeladas, la oscuridad de la cocina, un leve olor a gas, ya no se oye nada afuera y yo sentada pensando lo peor. Parece una escena de película de terror. Tal vez lo sea.

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