Maquinaria enmudecedora en la municipalidad

POPURRI

Pintadas en paredonesSubo al colectivo después de una agotadora jornada laboral. La espera siempre es larga, el hábito del pésimo servicio se deja notar poco en mi humor. El ambiente de caras sin sonrisas, miradas agotadas de padecer día a día algún tipo de sufrimiento, el hacinamiento, el calor y el bamboleo casi hipnótico del vehículo me sumergen en un mundo sombrío donde calaveras agonizantes viajan junto a mí. Al fondo un bebé llora. Miró a la izquierda y se mete por la ventana un mural insurrecto, colorido y despechado que me pinta una breve sonrisa. 

Por Ninfa del Limay

El 30 de agosto de 1980 en este país se quemaron alrededor de un millón y medio de libros. Imaginen todos los discursos que ardieron. Todas esas voces ahogadas y calladas, algunas, para siempre. ¿Borrar un graffiti es como quemar un libro? Puede considerárselo así si pensamos que el graffitero es un escritor. De hecho lo es. Las intervenciones callejeras que gozan de insurrección se consideran graffitis. Si el paredón es cedido por su dueño ya no hablamos de graffiti sino de -dudoso- arte urbano que, subterraneamente, glosa “se feliz que aquí nada podría estar mejor”. En otras palabras, los escritos permitidos encierran una funcional mentira contraria al graffiti que es el medio expresivo de aquellas que resistimos en los márgenes. Por lo que su ilegalidad es una condición y no una consecuencia del vandalismo. 

El graffiti es rebelde, salvaje y puede (o debe) ser provocador. En latinoamérica desde tiempos coloniales encontramos pintadas que se levantan en contra de un orden establecido. Siempre hubo, hay y habrá voces que gritan y denuncian al poder corrupto que pretende ahogarlas antes de que sean oídas. Pintadas que son borradas una y otra vez para que regresen con más fuerza en el mismo espacio, en el mismo tiempo o en otros.

Borrar un graffiti es como quemar un libro. Pero un libro que el escritor volverá a escribir con sus tintas recargadas. Un libro que renacerá desde otros si su escritor ha muerto. Un libro que, como el fénix, resurgirá de las cenizas joven y encendido.

Debo reconocer mi tristeza al enterarme que los graffitis que alguna vez colorearon mi espíritu serán borrados de forma organizada por el municipio. Los graffiteros de voces legitimas y arte ilegal han sido denominados “enchastradores profesionales” por un representante que hemos elegido. Esas palabras hacen luces de una visión de mundo conservadora y opresiva que, democráticamente, refleja quiénes somos y qué queremos.

Como lo han mencionado personas reflexivas sobre el arte urbano, sin policía no hay graffiti. El borrado y la persecución son esenciales para que exista. Irónicamente un conocido -a su vez anónimo- y provocador artista callejero ha pronunciado la siguiente frase: “si el graffiti cambiara algo sería ilegal”. Por suerte, amigas, si es legal no es graffiti. 

¿Cómo queremos que se vea la ciudad? Creo que el gobierno municipal -núcleo de gente bien-aspira a un amarillo chillón partidario o sino gigantografías con ofertas de renombre en cada rincón. Una ciudad linda, sin rayadas ¿viste? Sin esos feos escritos que denuncian, provocan y construyen nuestra identidad. Arte rebelde que resiste aún en democracia. Y nosotras que nos preguntábamos por qué tanto interés en borrarlos. Pero tranquilas amantes del graffiti, los que sean borrados regresarán del mismo puño, de otros o re-versionados. Aquel que pensaba que con la compra de una maquinita que dispara granos de arena se sacaba el grano molesto del graffiti, preocúpese, sí, preocúpese, y mucho, porque está avivando el fuego de un ave que volará alto para re-semantizar nuestra vida urbana.

One thought on “Maquinaria enmudecedora en la municipalidad

  • Una pregunta. las pintadas “Pechi 20015” en las veredas en las calles y en algunas paredes, ¿no entran como ataque vandálico al espacio público?. Digo, porque no veo la tan promocionada máquina antigraffitti quitándolos… Y ya que estamos, ¿qué es de la vida de esa máquina?. otra compra innecesaria y de alardeo ante una eventualidad.

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