Yo es otra, o las recepciones de una chica en el ámbito público

POPURRI

cuando-una-mujer-dice-no1Un “¡vení que te atiendo, bebota!” salió disparado desde una de las tantas obras en construcción que han tomado las veredas de nuestra ciudad. Me tragué la amarga indignación y no dije nada. Me acompañaba Ramiro, un pequeño encantador de 8 años a quien cuidaba en ese momento.

Por Ninfa del Limay

No quise someterlo al fuego cruzado entre la desagradable persona que se dirigió a mi en esos términos y mi yo areteico enardecido. Preferí seguir como si nada. Como lo hacen tantas mujeres, chicas, adolescentes y nenas que se ven abordadas de esta forma en múltiples escenarios neuquinos. Para mi sorpresa, mi acompañante, que no superaba el metro de altura, sufrió una severa indignación. No habíamos terminado de pasar por la obra cuando me dijo de un grito “¡Hay que denunciarlos! ¿qué se creen?” Eso amortigüó un poco mi trago amargo. Al parecer, no está todo perdido.

Me ha tocado de todo. Desde el nimio piropo hasta la guarrada más guarra. Se han tocado delante mío mientras me decían frases irreproducibles. Me han gritado de autos en movimiento con bocina de yapa. Me han invitado al pasar por alguna plaza; hasta me ha pasado en entidades públicas en las que el, dícese hombre, que atiende me ha tratado de “reina” o “princesa”. Tal vez si me simpatizaran las monarquías o estuviese alienada por el mundo de Disney me encantarían esos rótulos. Lamentablemente, soy una chica devenida ninfa que considera merecer, como cualquier otre persone, respeto. Allí callé para no verme perjudicada por un plus en la habitual demora de estos organismos burocráticos atendidos por palenques políticos del gobierno de turno, en los que uno te recibe la documentación, otro pone el sello, otro firma y el que te lo entrega -o recibe- algo te dice.

Después de un rato, cuando el nivel de ira baja un poco, me pregunto si estos tipos no tienen madre, hermana o hijas. Hay dos opciones: son clones que han carecido de todo contacto con mujeres en el desarrollo de su vida o, efectivamente, han tenido contacto fraternal con mujeres durante su vida: madre, hermanas, hijas y, porqué no, amigas. Pero parece que olvidan esos estrechos afectos. Que, por cierto, si un otro les faltara el respecto como ellos lo hacen conmigo, con vos y con ella se enervarían hasta la luna. ¿Acaso debe suceder eso para que comprendan que no somos un objeto de su entretenimiento de langa fracasado? Tal vez son tan devotos a las 5 deidades capitalinas que vasta con que sus dioses les pongan un cartel con una model floja de ropa y una gorrita azul que diga “estoy lista para ayudarte” para que se transformen en el típico lascivo repugnantis.

Y hasta aquí la cara indignante de todos los días. La cara de un tipo que no ha entendido nada y te dice “con esas tetas para qué te pintas los labios”. Por esos detalles es que hoy existen todavía Melinas, Maritas, Otoños, Florencias, Fernandas. Por eso es que me arrepiento de no haber dicho nada en el Consejo de educación, en Rentas, en la Municipalidad y en esa obra en la que pasé de la mano con Ramiro. Porque si nosotras callamos contribuímos a que haya más Otoños y menos primaveras para las mujeres. Nunca más dejaré pasar ese detalle. Ni cuando yo sea el objeto al que va dirigido ni cuando seas vos o ella. Diré no al silencio porque no seré más cómplice de esta realidad en que nuestras madres, hermanas, hijas y nosotras somos consideradas un objeto obligado a ser receptor de todo aquello que otro cualquiera le venga en gana decirnos, violentarnos, obligarnos o secuestrarnos.

One thought on “Yo es otra, o las recepciones de una chica en el ámbito público

  • Ninfa! Son amargas las expresiones machistas que llegan a nuestros oídos al transitar las calles de esta ciudad. Es de fundamental importancia que tomemos conciencia y evitemos el trago amargo del silencio violento… Ni reinas, ni princesas, ni bebotas… Mujeres, no objetos…

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