Entrevista a Lucía Torres: “en la película conocemos a las mujeres revolucionarias, madres, estudiantes, trabajadoras”

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fugaroEl próximo lunes 11, a partir de las 19 horas, se presentará en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Comahue el documental “Buen Pastor, una fuga de mujeres”, que versa sobre la liberación de detenidas políticas en Córdoba gracias al rescate por parte de miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo a fines de mayo de 1975. El antiguo centro de detención fue convertido en un paseo comercial en el año 2007.

Sobre la realización, 8300web dialogó con Lucía Torres, una de las directoras del film que se estrenó en 2010 y que se proyectará en Neuquén en el marco de una actividad convocada por el grupo Militantes por la Memoria, de la que participarán, además de ella, algunas de las protagonistas de la historia y Mario Tondato, director de “El Curador”.

Por Soledad Arrieta

 

-¿Ustedes eligieron a la historia o la historia les eligió a ustedes? ¿Cómo llegan a esta temática?

-De alguna manera nos elegimos mutuamente. Sucedió que la historia de la fuga era conocida para nosotros hacía ya un tiempo, porque éramos amigos de Viviana García, hija de una de las ex presas políticas del Buen Pastor. A su vez, al vivir en Córdoba habíamos habitado históricamente el espacio urbano donde estaba el edificio, ubicado en una zona muy céntrica de la ciudad: vimos el cierre de la cárcel de mujeres, el edificio deshabitado, las obras de reforma arquitectónica. Todo eso sucedía lentamente, desde fines del 2003 en adelante. En eso, Mariana Tello (co guionista de la película y también amiga de Viviana) comienza a registrar entrevistas con diferentes ex presas y organizadores del operativo de la fuga, como Gorriarán Merlo. Incluso filman adentro del edificio, cuando todavía se conservaban las estructuras originales de la cárcel de mujeres y un tiempo después, en pleno proceso de demolición. Se va acumulando así una buena cantidad de material inédito que en principio tenía como fin una tesis de Mariana sobre las memorias de la militancia en los ‘70. Naturalmente nos habíamos ido encontrando no solo con las protagonistas de la fuga, sino con quienes ya habían entendido que esta historia tenía que ser contada. El día que se inaugura el Paseo del Buen Pastor, en agosto  del 2007, las ex presas deciden hacer un contra-acto recordando a sus nueve compañeras desaparecidas y nos proponen definitivamente que hagamos juntos esta película.

 

-En las presentaciones que vienen realizando hasta ahora, ¿qué impacto tiene que se trate de detenciones políticas previas a la dictadura?

-Por un lado, es llamativo recordar que en Córdoba la dictadura militar se había “adelantado” dos años: en marzo de 1974 nuestra provincia ya estaba en Estado de Sitio y había sido intervenida desde la nación. Los interventores (en especial Lacabanne) incorporan a su accionar los primeros elementos de corte represivo: detenciones, secuestros, torturas. En relación a la percepción del público, creo que esta película tiene la particularidad de poder unir a varias generaciones: tanto en el proceso realizativo, donde trabajamos nosotros junto al grupo de ex presas, como en las proyecciones donde las inquietudes que despierta el film están muy ligadas a la parte de la historia le tocó vivir a cada uno. De algún modo se transforman en lecturas muy generacionales. En el caso de los estudiantes secundarios o universitarios, donde nos incluimos, tiene que ver con conocer hechos que sucedieron antes de que nacieran y que fueron largamente silenciados por la historia oficial. En ese sentido, para nosotros significa recuperar un relato que no teníamos. Luego está el público de la generación intermedia, entre nosotros y las ex presas. Ellos son los que eran niños en la época de la fuga y de la dictadura. Vivieron el retorno de la democracia. Finalmente llegamos a la generación de las ex presas, que es la misma de nuestros padres, y donde sí vivieron el tiempo de la fuga. Ver la película, reconstruir ese tiempo histórico donde la revolución parecía el rumbo a seguir, conocer la historia de estas mujeres que tenían su edad en aquel entonces, es también una forma de repensar los lugares que habían decidido habitar en ese momento. Desde la militancia, el compromiso, o la simple indiferencia.

 

“Ver la película, reconstruir ese tiempo histórico donde la revolución parecía el rumbo a seguir, conocer la historia de estas mujeres que tenían su edad en aquel entonces, es también una forma de repensar los lugares que habían decidido habitar en ese momento. Desde la militancia, el compromiso, o la simple indiferencia”. (Lucía Torres, 27 años)
“Ver la película, reconstruir ese tiempo histórico donde la revolución parecía el rumbo a seguir, conocer la historia de estas mujeres que tenían su edad en aquel entonces, es también una forma de repensar los lugares que habían decidido habitar en ese momento. Desde la militancia, el compromiso, o la simple indiferencia”. (Lucía Torres, 27 años)

-¿Y que se trate de mujeres?

-Todas las militantes que recuperan su libertad en esta fuga son mujeres. Si bien en el operativo de afuera participan muchos compañeros hombres, ellas son las que saltan por la ventana. Simbólicamente es muy fuerte como figura. A su vez, se expresa una particularidad de género como la maternidad: una de ellas se fugó embarazada de siete meses y medio, otra acababa de parir hacía una semana. Ellas como protagonistas ayudan a romper con la idea conservadora de cómo debe ser o es una mujer. Porque en la película conocemos a las mujeres revolucionarias, madres, estudiantes, trabajadoras. De repente la mujer militante pasa al centro de la escena pública, en una fuga pacífica donde no murió nadie, donde todo el operativo salió bien, y para nosotros eso se convierte en una especie de homenaje a la libertad.

 

-¿Y que la fuga-liberación haya sido propiciada por militantes del ERP?

-Que el operativo de la fuga haya sido organizado política y logísticamente por el PRT-ERP tiene la particularidad de que fue una fuga abierta a todas las detenidas políticas que estaban en ese momento en la cárcel. Es algo que nos interesaba remarcar: que la posibilidad de fugarse estaba para todas las compañeras, incluso las que eran de Montoneros, FAL u otras organizaciones revolucionarias. En esto creemos que reside una de las cosas más conmovedoras: la convicción de recuperar la libertad para retomar los espacios de lucha, más allá del color político que cada uno eligiera.

 

BP_difusion-Algunas de las ex presas políticas que protagonizan la historia que documenta “Buen Pastor” participaron de la realización de la película. ¿Cómo fue para ellas volver a pasar por esas vivencias y para ustedes acompañarlas?

-Fue muy movilizador en todo sentido. De alguna manera se dio un encuentro entre dos generaciones diferentes: la de ellas, setentistas, ex militantes revolucionarias, y la nuestra, que nacimos después de las dictaduras y crecimos junto con la democracia. Esa conjunción de experiencias, vivencias y expectativas en torno a la película fueron construyendo un encuentro en la mirada. Tuvimos que hacer un trabajo de ambas partes para entendernos, para llegar a ciertos acuerdos.  Pero sí hay algo sin lo cual la película no hubiera sido posible: la decisión de todas las que participaron de dar su testimonio, más allá de lo doloroso, de lo anudado y de lo difícil que fue volver a hablar después de tantos años. Creo que la realización de la película se dio también en el marco de un contexto social y político en nuestro país donde el retomar estos discursos de la época de la represión estaba favorecido, porque necesitamos escuchar ese relato, porque lo estamos buscando para entender mejor nuestra historia. No todas las ex presas que se fugaron de la cárcel participaron del film. Algunas estuvieron de principio a fin, otras apoyaron el proyecto sin querer ser protagonistas y otras directamente no participaron. Por esto también optamos trabajarlas como un personaje colectivo: todas arman un mismo relato más allá de sus historias personales. Hubo una de ellas que no quiso dar testimonio, pero se mantuvo siempre cerca del proceso. A veces venía a las jornadas de rodaje o participaba de las reuniones. Nunca le había contado a su familia que se había fugado del Buen Pastor. Cuando hicimos el estreno en Córdoba, llevó a sus hijos al cine, y al terminar la función se paró delante del público junto a todas las otras ex presas. Fue muy fuerte ese momento. Creo que a partir de esos gestos, la película demuestra que está viva y que es capaz de movilizar cosas.

 

-De las veintiséis mujeres que protagonizaron la fuga, nueve fueron desaparecidas. ¿Pudieron reconstruir también su parte? ¿Participaron sus familiares?

-En esa reconstrucción fue importantísimo el aporte de las ex presas que estaban participando activamente del proyecto. Fueron veintiséis las mujeres que se fugaron, pero cada una siguió su historia de distintas maneras: algunas se fueron al exilio y se quedaron vivieron en el exterior, otras volvieron a caer detenidas y pasaron toda la dictadura en la cárcel de Devoto, otras se quedaron en el país habitando la clandestinidad. Otras fueron secuestradas y desaparecidas. Pasaron más de treinta años hasta que comenzaron a reencontrarse y saber qué había sido de sus vidas. En eso, el contacto con los familiares de las compañeras que ya no están lo hicieron ellas mismas. Son cosas muy delicadas, afectiva y emotivamente. Es posible que nosotros no hubiéramos llegado a establecer esa intimidad con los familiares, a veces muy predispuestos y otras muy apáticos. Hay una parte al final de la película donde se realiza un breve homenaje a las nueve desaparecidas. Para nosotros era muy importante, además de la información en sí, recuperar una imagen de cada una, conocer sus rostros. Y esa tarea, los contactos con los familiares, la recopilación de datos, la hicieron íntegramente las ex presas.

 

“Que ese lugar sea transformado en un shopping a cielo abierto, al mejor estilo neoliberal, nos habla de una decisión política antes que nada”.
“Que ese lugar sea transformado en un shopping a cielo abierto, al mejor estilo neoliberal, nos habla de una decisión política antes que nada”.

-¿Qué significó para el equipo haber revivido un espacio devenido por el desinterés político en un centro comercial?

-Es muy fuerte para nosotros como generación. De algún modo provoca una incomodidad que se transforma en discurso, en cuestionamiento hacia ese espacio público vaciado de contenido y de historia. Que ese lugar sea transformado en un shopping a cielo abierto, al mejor estilo neoliberal, nos habla de una decisión política antes que nada. Frente a eso, nos queda preguntarnos qué es lo que se quiso silenciar. Las Abuelas de Plaza de Mayo tienen pruebas de niños que fueron nacidos en esas celdas de castigo durante los años de la dictadura. Esos calabozos fueron rellenados para construir la fuente de aguas danzantes, principal atractivo turístico del nuevo Paseo. De este modo, se destruyeron pruebas para los juicios. El edificio está allí, seguimos encontrándonos con él en nuestra cotidianidad, por el simple hecho de habitar esta ciudad. Nos parece importante poder pensar los espacios que habitamos, hacernos preguntas, entender el presente desde la historia que también nos hacer ser quienes somos hoy.

 

 

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