Escuelita II: Última jornada de la primera parte del juicio a represores

Juicios, SECCIONES
Foto 8300web (Jorge Ariza)

Durante la mañana de hoy, declararon en el juicio por la causa conocida como “Escuelita II” Roberto Mario Coppolechia, víctima de la dictadura en Bariloche, su compañera Graciela Arroyo y tres testigos vinculados a los casos de Joubert, De Filippis y Albanesi.

“Volvió no siendo el mismo él, y no siendo los mismos nosotros”

Roberto Mario Coppolechia vivía en Bariloche, junto a su compañera y tres hijos, en el hotel del Sindicato del Seguro que administraba. “El 21 de julio (de 1976) llegaron al hotel dos personas de la policía de Río Negro y dos de Gendarmería”, ingresaron al departamento que él y su familia habitaban y buscaron libros, fotos y un bibliorato en el que guardaba correspondencia familiar que secuestraron, además de detener al hombre.

Coppolecchia contó que antes del golpe cívico militar del ´76, el hotel era lugar de reunión para jugar ajedrez, eventos de los que participaba el coronel Néstor Castelli. A partir del 24 de marzo de ese mismo año, el hombre les pidió que no asistan más, y ese es el principal motivo al que le atribuye su detención, sumado a que tenía un retrato  del general Juan Perón que le habían ordenado sacar. Más adelante, el hombre agregó que supone que “necesitarían tener víctimas que tuvieran militancia gremial”.

Desde el 21 de julio del ´76 hasta el día 28 del mismo mes permaneció en la comisaría de Bariloche, donde no recibió ningún tipo de explicación sobre la situación. Esa jornada fue retirado del lugar por un hombre vestido de civil que lo llevó al aeropuerto para trasladarlo en avión a Neuquén. Ya en esta localidad, ingresó en la Unidad de detención N°9, donde pasó los primeros diez días aislado hasta que lo trasladaron a un pabellón en el que le permitían recreos y aseo personal. Luego lo llevaron a enfermería, donde fue revisado, y se lo llevaron en la parte trasera de un auto, con la cabeza cubierta, a “diez o quince minutos” de la cárcel en la que se encontraba. Un lugar que “nunca pude identificar, porque nunca más vi nada”, e indicó que estuvo vendado, en una cucheta y con las manos atrás.

Un día “me levantaron de la cama, atravesé el aire libre y entré a otro lugar”, luego lo sentaron en una cama metálica y alguien dijo “te equivocaste, este no era”, motivo por el cual lo regresaron a donde estaba. “A la noche siguiente sí me hicieron un interrogatorio”, explicó Coppolecchia, en el cual le preguntaron por gente de Bariloche y le dijeron que tenía una denuncia de que alojaba en el hotel a personas exiliadas de la dictadura chilena.

El día posterior al interrogatorio, en el que expresó no haber sido golpeado, lo devolvieron a la U9, desde donde pudo regresar a Bariloche.

Mientras estuvo secuestrado en el centro clandestino “La Escuelita”, Coppolecchia advirtió la presencia de otras personas cautivas y dijo haber escuchado gritos.

Defensor Hernán Patricio Corigliano – Foto 8300web (Emiliano Ortiz)

El defensor Hernán Corigliano le preguntó si había sido torturado, a lo que el hombre respondió que “depende qué se entienda por tortura”, pero que para él “una persona que es arrancada de su lugar en las circunstancias que relaté, es tortura”. El mismo abogado lo indagó sobre el motivo de su declaración, a lo que Coppolecchia le explicó que había sido visitado por Noemí Labrune, respuesta que evidentemente satisfizo al letrado pero no contentó al presidente del Tribunal, quien profundizó en cómo se sintió la víctima al recibir esta visita. “Fue sorpresivo, y agradecido de mi parte, porque me permite retomar un tema que había dejado en el olvido y colaborar en una causa que quiero, cerrar un ciclo”, dijo el hombre, a lo que agregó haber sentido “total libertad” para decidir si participar o no. La defensora Maria Laura Olea quiso saber por qué no había declarado antes y el hombre le respondió: “aquel episodio me había marcado mucho, decidí borrarlo”.

Graciela Arroyo es la pareja de Roberto Mario Coppolechia. Se encontraba en Buenos Aires con dos de sus hijos cuando secuestraron a su marido. “Estaba esperando un llamado de él; como no lo recibo consigo un teléfono y me comunico con el hotel y me comunican esto”, reconstruyó la mujer, a quien le costó mucho expresarse por su estado emocional al rememorar esta historia. Cuando esto sucedió, Arroyo se comunicó con el Sindicato del Seguro, cuyos integrantes la acompañaron en su viaje de regreso a Bariloche. “No sabíamos qué estaba pasando”, expresó la mujer.

Los miembros del Sindicato quisieron verlo en la comisaría, pero no les fue permitido, motivo por el cual fue Arroyo a intentarlo y le posibilitaron compartir un rato con su compañero, en el que lo encontró “deprimido y triste”.

Orlando Coscia, presidente del TOF – Foto 8300web (Emiliano Ortiz)

Luego de esto, la mujer asistió a una entrevista en el Batallón de Bariloche, donde la explicación que le dieron fue que “estábamos en guerra” y que “esto lo hacían por las futuras generaciones”. “Le dije que mis hijos eran futuras generaciones y que les íbamos a decir lo que estaban haciendo ahí”.

“Después, vinieron a decirme que lo habían visto en el aeropuerto, que se lo llevaban”, contó Arroyo, quien viajó de inmediato con su padre a Neuquén en búsqueda de respuestas. “Acá consigo con alguien del comando y me reciben en el primer piso. Le pregunto por mi marido y me dicen que lo tienen acá, que lo tenían ellos”.  Pese a que le dijeron que iba a poder verlo, no fue así. “Le traje algunas cosas y me volví a Bariloche, tratando de seguir la vida con los tres chicos, sin saber qué pasaba ni qué hacer”.

El 17 de agosto, cuando Coppolechia regresó “era otra persona. Muy flaco, muy triste”, señaló Arroyo. “Es terrible porque eso nos marcó a toda la familia. Volvió no siendo el mismo él y no siendo los mismos nosotros. Mi suegra, cuando él la vio se dio cuenta de que tenía veinte años más. Mi hijo menor, de cuatro años, veía un soldado y temblaba”, relató la mujer en referencia a las consecuencias de lo sucedido. “Nos tuvimos que ir de Bariloche. Fue otra familia, con miedos”.

“O estaba muy dormida o estaba muerta”

Héctor Negrete, testigo – Foto 8300web (Jorge Ariza)

El primero de los testigos del día de hoy fue Héctor Miguel Negrete, un hombre retirado del ejército de 60 años de edad. Era vecino de Ernesto Joubert, una de las víctimas del terrorismo de estado en Junín de los Andes. Negrete supo que Joubert había estado detenido “por comentarios de él, que había sido maltratado y esas cosas, que había quedado muy dolido” y explicó que eso le preocupó porque “cuando uno tiene la conciencia limpia y tranquila debe preocuparse, porque nadie tiene derecho a tocar a nadie”. Dijo que la víctima le había solicitado datos de algunas personas que él había conocido, entre los que mencionó a Raúl Antonio Domínguez y a Emilio Jorge Sacchitella.

Sobre Domínguez, dijo que tenía “actitudes bastante irritantes, despropósitos hacia soldados más que nada”, pero luego se le leyó una nota que le entregó a Joubert sobre él en el que lo describía, entre otras cosas, como un ser “sanguinario, maldadoso, torturaba hasta que podía”. “Tal vez no sea lo correcto lo que está escrito, pero es lo que aparenta esta persona”, expresó al respecto. Al ser consultado sobre qué opinión de veracidad le merecieron en su momento las palabras de Joubert, el hombre dijo: “yo vi que todas las cosas las decía con mucha firmeza”.

Jorge Amare también declaró por el caso de Joubert, aunque dijo no conocerlo. Es ex integrante del Ejército Argentino. Narró que se desempeñaban en “compañías” y que él integraba la “compañía A” de construcción. Sin recordar si sucedió en el ´76 o en el ´77, el hombre contó que el batallón llevó “una sección de la compañía A a Cipolletti, a la comisiaría de la calle Roca” y que a cargo de esa sección estaba el Teniente Primero Gustavo Vitón. Él iba dos o tres veces a la semana a limpiar y mantener las armas. Las órdenes las recibía de Raúl García, jefe de la compañía actualmente fallecido.

Marcial Troncoso, testigo – Foto 8300web (Jorge Ariza)

Amare sostuvo que “al fondo del batallón existió siempre un edificio entre el Polo Club y el Batallón. Había un edificio blanco, lleno de yuyos” y que “después prohibieron pasar por ahí con alambrados y carteles”, refiriéndose a principios del año 1976. “Nadie hablaba nada y éramos cumplidores de órdenes”, manifestó el hombre ante la pregunta de si no se conversaba qué era lo que sucedía ahí dentro, y  agregó no tener conocimiento sobre personas cautivas; luego expresó que tampoco le causaba intriga. Sin embargo, sí recordó que ingresaba personal de civil y en una declaración anterior había dicho que “cuando se manejan así, es porque es inteligencia”.

Marcial Troncoso, declaró por el caso de Carlos De Filippis y José Luis Albanesi por no haber podido hacerlo el día en que estaba citado. Prestó funciones en la Unidad de Detención N°9 de esta capital, pero su memoria o sus ganas de contar la verdad fallaron mientras duró su testimonio. El hombre se refirió a un episodio en el que estaba en la guardia y apareció “una persona que estaba tapada. No sé cómo llegó ahí, sí sé que esa persona no era de los  nuestros”, luego agregó que “la habían llevado esa noche” y “no puedo aseverar si estaba viva o muerta”. El broche de oro fue la duda entre “o estaba muy dormida o estaba muerta”.

One thought on “Escuelita II: Última jornada de la primera parte del juicio a represores

  • Sole, Terrible y doloroso para vos tener que escuchar estos relatos y para nosotros, los lectores, leerlos. Te felicito por tu trabajo y por el del equipo de 8300, al cual perteneces.
    Un abrazo!!

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