Paradigma FaSinPat

POPURRI, Sin Bondi a Destino

A diez años de la ocupación de Zanon por sus obreras y obreros, la Fábrica Sin Patrones es y será el paradigma de la lucha obrera en nuestra región.

Por Soledad Arrieta

Neuquén tiene un aire híbrido. Se chocan las camionetas recién importadas de los petroleros con las lapiceras recién usadas para firmar algún negociado del MPN y los asentamientos por doquier, ya que las casas del Estado se ocupan con gente que gana miles de pesos al mes y las subalquila o las revende. Se cruzan funcionarias y funcionarios corruptos con gente que marcha porque sus derechos sean visibilizados por alguien que, por casualidad, se interese en su causa. Se mezcla el río con el aire viciado por el malhumor y el aceleramiento propiciado por el tránsito y la adrenalina de tener algo más que ayer.

Son pocas las cosas que hacen que un individuo o una individua que no tiene entongues con la política manchada, el petróleo o la ambición se sienta orgulloso u orgullosa de haber nacido o sobrevivir aquí. Una de esas pocas cosas tiene forma de lucha, y se llama FaSinPat.

Fábrica Sin Patrones. Sin explotación. Sin sumisión. Sin mafia. Con vocación. Diez años de pasos firmes, de banderas en alza, de manos y manos trabajando en simultáneo por un proyecto mucho más íntimo que el arrebatado. Desde acá hasta el mundo. Desde acá hasta cada persona que puede sensibilizarse con quienes no se rinden. Una lucha conmovedora en la mejor de las acepciones del término. Una historia que merece ser contada a cada una de las generaciones venideras, que merece estar presente en el inmenso libro de la caminata proletaria que no se rinde ni baja los brazos, más allá de los látigos y la corrupción.

Un ejemplo —el mejor— de que es posible jugar al truco con el sistema, con la burguesía empresaria, con la burocracia judicial y ganarles al final con un vale cuatro todos los puntos del partido. Porque el ancho de espada, cuando fue carteado, no sirve más que para asustar. Y las y los obreros de FaSinPat nunca le tuvieron miedo. La partida se fue repitiendo como un eco en una cueva vacía, gigante y solitaria frente a la inmensidad del planeta. Zanon es sinónimo, en cualquier lugar de la Tierra, de hacerle frente a la patronal, de sobreponerse, de no dar el brazo a torcer más allá de la dificultad.

Esos hombres y esas mujeres que hoy están ahí, que siguen haciendo cerámicos pero también hacen política, en donde ninguna ni ninguno sobresalen por encima del otro porque caminan con los brazos entrelazados demostrando que nadie los traspasará, se merecen nuestro orgullo. No que las ni los miremos hacia arriba, porque les disgustaría. Simplemente que los miremos. Que asumamos con alegría que a partir de ellas y de ellos nada será igual. Que sepamos que no todo está perdido, que si se pelea en conjunto y con la única pero poderosa arma de la dignidad, la recompensa llegará.

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