Lunes 4 oct, 2010
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El despoblamiento rural del norte del Neuquén, una política de estado

crianceroLa precariedad jurídica en la que vive desde hace más de un siglo la población campesina del norte neuquino, la concentración de territorio en pocas manos, el silencioso plan de radicación de mega emprendimientos mineros, las políticas entreguistas que permiten el saqueo de los recursos no renovables, el cierre de escuelas rurales, la débil presencia del sistema de salud en zonas periféricas, el aumento de barrios con población cada vez más pobre en los centros urbanos, el asenso de los indicadores de desempleo y la falta de tierras en los ejidos municipales; la represión a las comunidades originarias que reclaman por sus tierras, son solo algunos datos que nos sirven para por lo menos tratar de entender el injusto reparto de la riqueza en nuestra provincia.

por Ceferino Vazquez*

Una población sumisa y paciente, acostumbrada a ver pasar los camiones que llevan el gas a Chile, padece los males que han provocado las políticas llevadas adelante por los sucesivos gobiernos provinciales, producto de una economía basada en las regalías de la renta petrolera y gasifera, el abandono al sector de los pequeños productores caprineros y el intento de transformación de toda una cultura ganadera y trashumante por una dependiente de las estructuras estatales. Las consecuencias de todas estas políticas resultan hoy cada vez más palpables y sencillas de entender, un pueblo que no tiene autonomía en el plano económico no puede nunca, llevar adelante el protagonismo en la construcción de su porvenir, la inacción en la entrega de la propiedad de la tierra a los campesinos, no son más que el botón de muestra de una situación que se repite desde hace décadas. Los jóvenes van migrando desde el campo hacia los centros poblados en busca de supuestas “nuevas oportunidades”, en las zonas rurales va quedando la población más vieja y con menos capacidad de trabajo, los campos paulatinamente van despoblándose hasta quedar abandonados y luego ocupados y alambrados por algún terrateniente, que nunca nadie sabe explicar cuando ni como obtuvo el título de propiedad, a su vez el descenso de la densidad poblacional y el achicamiento de la base piramidal, de las zonas rurales, repercute en la justificación del paulatino retroceso del estado en lo que hace a cumplir con sus obligaciones, la salud, la educación y la justicia. Los mismos que han administrado el estado neuquino por casi medio siglo son los que deciden el cierre de escuelas rurales y a la terciarización de servicios que debiera prestar el hospital público, a su vez los jóvenes que llegan con un numero importante de necesidades a insertarse en sistema público de enseñanza, cargan consigo una realidad harto pesada, en su mayoría carentes de una alimentación adecuada, habitando viviendas con condiciones de habitabilidad que van desde insuficientes a sumamente precarias, hijos de padres desocupados, sin oportunidad de acceso a capacitación ni a absorción del llamado mercado laboral. Apenas un peldaño más arriba quienes pueden acceder y culminar sus estudios secundarios optan por solución más inmediata, para insertarse al mundo del trabajo, por la vía estatal hacia la búsqueda de algún puesto administrativo, el ingreso a la fuerza policial y la seducción que provocan las empresas petroleras. Todo lejos del origen ancestral de la tierra, de la innegable deuda que el Estado Neuquino pretende no reconocer, con un sector que habita el territorio desde antes que el propio estado existiera, y favoreciendo mediante el viejo artilugio de la prebenda política partidaria a quienes se subordinan a servir al poder. Estos puntos deberían ser analizados desde cada una de las organizaciones que componen el abanico del campo popular, gremios, asociaciones civiles, organizaciones campesinas, y de pueblos originarios. Los partidos políticos que no han gobernado la provincia deberían comenzar a pronunciarse en tal sentido, si en realidad creemos que los cambios políticos deben venir a saldar los supuestos errores del partido hegemónico provincial. Desde una visión meramente personal pero basada en los hechos transcurridos sobre todo en estas ultimas dos décadas y en datos estadísticos, considero que cada uno de estos males los cuales padece el pueblo neuquino no son errores, sino los resultados mal que nos pese, de las exitosas políticas de estado plasmadas desde un tiempo a esta parte por el partido gobernante. A medida que el campesinado debió ir abandonando sus tierras, migrando hacia las ciudades más pobladas éstas tierras se han ido concentrando en pocos dueños, mientras esto ha ido sucediendo, los recursos no renovables que se encuentran en el subsuelo, son extraídos por empresas multinacionales que negocian a puertas cerradas y en soledad absoluta con el gobernador de la provincia, cuanto y como va recibir el estado neuquino en concepto de regalías. Cuando un oleoducto o gasoducto se construye sobre tierras fiscales, la renta por servidumbre de paso se las lleva el estado, esto pocas veces sucede ya que en la mayoría de los casos estos atraviesan campos privados que pertenecen casi siempre a amigos del gobierno. Por su puesto en ninguno de los dos ejemplos anteriores los campesinos crianceros se benefician directamente con la creación de estas obras, generadas por la extracción de los recursos. Sencillamente a los campesinos se les niega el acceso a la propiedad de la tierra cómo si el derecho a poseer una parcela para producir fuera algo a lo que sólo tienen acceso los ricos y los amigos del gobierno. Mientras tanto las magras regalías que percibe el estado neuquino son y han sido distribuidas en forma inequitativa, de la porción que les corresponde a los trabajadores del estado nunca resulta suficiente como para evitar el latente estado de conflictividad social. De esta manera los gremios que representan a estos sectores siempre terminan discutiendo el reparto de la torta mientras el modelo se mantiene indiscutible y hegemónico, lo que genera un alejamiento del sector a la problemática del ciudadano más desprotegido, beneficiando de esta manera el discurso reaccionario y fragmentario del oficialismo, la creciente problemática social merecería ser incluida en la discusión interna en los sindicatos que representan a los distintos sectores de trabajadores del estado. El vaciamiento del sistema de salud, la delicada situación de la escuela pública, el déficit de viviendas, la falta de fuentes generadoras de empleo, la precariedad en las comunicaciones en las que se encuentran distintas comunidades de la región, la dependencia energética de solo una línea de alta tensión, la amenaza que representa el avance de las políticas en materia de la expansión por parte de la explotación minera a cielo abierto y el desastroso impacto que generan en el medioambiente, producto del envenenamiento de millones de litros de agua dulce, por día, la contaminación de la tierra y el aire no hacen más que plantear un panorama sombrío en el futuro de la zona norte del Neuquén. Es necesario tener en cuenta que lo que sucede políticamente en la zona no sería una realidad si la sociedad no lo permitiera, por lo que asistimos a un momento de la historia en el cual quienes no estamos en la vereda del partido provincial ni de sus aliados necesarios, debemos plantearnos hasta donde estamos dispuesto a dar la batalla que concluye definitivamente en la disputa política por el poder, en esta construcción compleja pero necesaria resulta central dar la discusión del modelo económico, pero lo que es más profundo aún la discusión de un modelo político, que se encuentra en su fase final.

*Ceferino Vazquez.
Coordinador General.
Movimiento Para la Unidad de los Neuquinos.
Chos Malal – Septiembre de 2010

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